27 noviembre 2020

Pautas actitudinales ante las demandas informativas

Por Marta Bettoli – nuevejuliense radicada en la ciudad de Mar del Plata- Profesora en Ciencias Biológicas (U. N. L. P) – Orientadora en Educación Sexual (C. E. T. I. S)
(1a.parte)
Algunos hechos que el educador debiera tener presente:
Es preciso estar en disposición de responder. Si creemos que no estamos preparados, que no lo vamos a hacer bien, si nos molestan este tipo de preguntas, es preciso admitirlo, pensar nuestra actitud de un modo sereno, comunicándoselo al niño/a, sugiriéndole otras vías de aprendizaje (libros, hermanos, etc…), aunque lo deseable sería sugerir un aprendizaje en común: Mirá, yo de esto no sé mucho, me da vergüenza hablar, porque nunca he hablado con naturalidad, pero me gustaría hacerlo… por ello te sugiero que aprendamos juntos, podría ser una respuesta excelente que permitiría al niño/a comprender y aceptar más los aspectos humanos y menos tener en cuenta, la veneración de la autoridad e infalibidad paternas y de educadores. Nuestra actitud puede ser tan importante como la respuesta que le demos.
La respuesta que se dé debe estar adaptada al niño. No adelantaremos nada al elaborar un soberano discurso, tipo clase magistral, acerca de la fisiología de la reproducción, por ejemplo, cuando, en realidad, la pregunta tiene un alcance preciso e inmediato.
Es decir, nuestra respuesta debe dejar satisfecho al niño/a, sin dudas ni ambigüedades, asegurándonos de que ha comprendido lo dicho.
La respuesta debe adaptarse al momento concreto. El saber enciclopédico, (los sermones), están de más cuando hay una respuesta afectuosa.
Debe ser completa y, si no hay indicaciones del receptor, puede limitarse a lo que se pregunta, aunque insistimos en la posibilidad de cerciorarse de tal sentido.
Debe responderse en el preciso momento en que se formula, siempre y cuando ello no interfiera con el desarrollo normal de la clase, si ésta no estaba dedicada específicamente a ese fin. En su defecto se pospone advirtiendo tal circunstancia.
Es muy importante responder. Que el niño/a sepa que tiene alguien a quien preguntar y que se interesa por él.
La respuesta debe darse con toda naturalidad, sin malicias, risas ni sarcasmos. Tampoco sobredimensionar tal hecho, excepto la lógica satisfacción de los padres y de los educadores ante la inquietud y el deseo de saber del niño/a.
Conviene pues, utilizar el mismo tono para otras preguntas. Los niños/as, en general, no distinguen en un primer momento entre uno u otro área de interés. Para él, todo tiene interés, todo es apasionante, susceptible de preguntar e interrogar. Obviamente también lo sexual. La distinción es producto del adulto.
La “curiosidad malsana” es un problema exclusivamente de los adultos. Al contrario de lo que algunos piensan, la curiosidad infantil es sana y deseable. Debiera ser motivo de alegría para los padres.
Además, no debemos ocultar nada, como bien señala J. M. Werebe, “no existen escolares completamente ingenuos. Sólo existen niños/as mal iniciados”
No es adecuado utilizar similitudes o analogías con animales, salvo que el contexto, por ejemplo, clase de ciencias naturales (biología), lo requiera. Los datos provenientes de la conducta animal, distan tener una mínima relación con la sexualidad humana.
Cuando respondemos no sólo damos información verbal, sino también otra información no verbal que incluye todo aquello que expresamos a través de nuestro cuerpo y de nuestros sentidos sin que adopte la forma de un de un discurso verbal: es el lenguaje gestual de nuestro cuerpo.(Amenazúa “ el gesto nunca es neutro” en Sexo, amor y ternura. Madrid, 1979).
Conviene tener presente – esto afecta también a la verbalización – que el modo de reaccionar puede comenzar a establecer conductas. Por ejemplo, un niño/a puede darse cuenta y aprender que sus preguntas y demandas alteran a los adultos, pudiendo ser utilizado en determinados momentos tal aprendizaje, de un modo sutil y a veces para vengarse de algo o simplemente, divertirse con la reacción. En el peor de los casos, este desafortunado aprendizaje puede servir de base a conductas ulteriores.
Cuando se responde satisfactoriamente, el interés desaparece, volviendo a formular otras preguntas más complejas cuando surjan. La actitud negativa de no responder en sus múltiples formas o de responder mal, no hace sino amplificar el interés, distorsionándolo y rodeándole de un halo misterioso, haciendo por tanto, más atractiva la transgresión o, en su caso, la búsqueda en el exterior.
El silencio y lo oculto, va a provocar innecesariamente intrigas y frustración, no exenta de morbosidad en los pequeños/as.
Es fundamental que, ante el lenguaje en la respuesta, el educador se sienta cómodo. Es necesario destabuizar el lenguaje sexual, siendo éste un objetivo prioritario de la educación sexual.
Conviene dejar la puerta abierta a otras preguntas. Aparte de satisfacer su demanda,

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