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miércoles, febrero 21, 2024

El ex combatiente que volvió a las Islas Malvinas

A más de 30 años de la Guerra de Malvinas, el ex combatiente nuevejuliense Sergio Brangeri (integrante de una conocida familia de la localidad de La Niña) pudo cumplir con el sueño de volver a las Islas, en tiempos de paz.

«Fue una forma de darle un cierre a esta historia, 30 años después» señaló Brangeri quien actualmente tiene 50 años de edad. Es que se había quedado con aquella imagen durante la guerra, desde las húmedas trincheras cuando observaba humear a lo lejos las chimeneas de Puerto Argentino.

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Durante aproximadamente quince años Sergio Brangeri comenzó a darle forma a su sueño de regresar a las Islas. Una vez que sus compañeros de trabajo de la Sucursal Banco Provincia lo ayudaron, contando con el apoyo de empresas locales se puso en campaña.

LA GUERRA
Sergio Brangeri cumplió con el Servicio Militar (obligatorio en aquel entonces) en la ciudad de Junín desde marzo a diciembre del año 1981. Salió de baja y fue reincorporado, cuando Argentina toma Malvinas, con un armamento de artillería con un cañón llamado SOCMA de 105 mm y con alcance de 20 km.
Se desató la Guerra con el Reino Unido. «En aquel entonces eran 18 cañones para ir al Sur y teníamos que ir hasta el sur para esperar las órdenes de pasar a las islas. El viaje en tren fue hasta San Antonio Oeste, dónde terminan las vías», recordó.
«No pudieron pasar más de dos cañones, con 12 soldados y 10 sirvientes de piezas para atender el cañon. Fuimos 26. El 13 de mayo de 1982 llegué yo, con el primer vuelo en un Avión Hércules y el camión Unimog en horas de la tarde. El otro vuelo tuvo más problemas porque los radares te detectaban»
«En ese momento era difícil cuando llegamos. Yo tenía 19 años. En las Islas estuvimos en tres posiciones distintas, siempre alrededor de Puerto Argentino (Port Stanley, para Inglaterra). Teníamos los dos cañones en el cerro Sapper Hill».
Recordó que en la primera posición en la guerra de Malvinas estuvimos en Puerto Argentino. Deseaba conocer aquel lugar que veía de lejos cuando el soldado observaba las chimeneas humeando desde las trincheras húmedas.

TRES DECADAS DESPUES
Hasta que en febrero de 2013  la familia Brangeri partió en un crucero con el objetivo de llegar hasta las Islas Malvinas. Lamentablemente, el clima adverso en esa región con fuertes vientos impidió que los turistas pudieran acceder.
El barco no puede arribar al muelle y llega hasta 2.000 metros. Sólo pudieron tomar fotografías a lo lejos, cuando el viento soplaba a una velocidad superior a los 100 kilómetros por hora. «Era un día de Malvinas», señaló.
El crucero continuó rumbo a Chile. Cuando llegó a Punta Arenas comenzó la misión de intentar una alternativa. Su hija Antonella lo ayudó a concretar el viaje. En este caso, Sergio tuvo que ir solo a Malvinas.
El sábado 16, después del mediodía, partió el vuelo desde Punta Arenas a Malvinas para concretar el viaje tan soñado. Llegó a las 15 horas a Puerto Argentina, en medio de una emoción y alegría.
«Me impactó la base militar, es muy grande y no creo que haya alguna igual en Sudamérica. Está cerca del Aeropuerto. En el vuelo además de turistas viajaba mucha gente que trabaja en la actividad pesquera», comentó Brangeri.
Se hospedó en un hotel propiedad de una persona de nacionalidad chilena. «Ví mucha seguridad».
«Había tenido las primeras sensaciones en el barco cuando ví las Malvinas, pero quería pisar. Una vez que llegué me ubiqué dónde estaba Sapper Hill (el lugar en el que había estado hace 30 años).
En su regreso a las Malvinas, a Brangeri le pasaron «mil cosas por la cabeza» copn recuerdos de su familia, de sus compañeros soldados, del pueblo de La Niña. En suelo isleño, «caminé muchísimo por las trincheras y el cerro».
«Uno vuelve pensando que va a econtrar lo mismo que en aquel momento, pero el lugar ha cambiado aunque el camino (de ripio) está igual). Lo que noté es que hay muchas estancias y hay parte privada para pesca, lo han mejorado mucho, cuidan el lugar», comentó.
También pudo acceder al cementario un lugar dónde «se arruga el corazón», en uno de los momentos más sensibles. Otro de los lugares que recuerdan la guerra son dos museos: con muchos objetos que recuerdan la contienda.
Brangeri estuvo una semana en Malvinas. «Al cuarto o quinto día estaba más tranquilo, para regresar el sábado 23». Brangeri se trajo de recuerdo el sombrero de una capa de agua, en el cerro de Sapper Hill y sospecha que pudo haber pertenecido a «algún regimiento de La Plata».
El verano el clima fue muy malo, muy parecido a lo que vivimos en 1982 con lluvia viento y granizo». Aclara que Malvinas no es un lugar turístico para disfrutar por el clima. Para él, el valor histórico fue decisivo para emprender un viaje del que «no me voy a olvidar más».
«No sé si será la última vez que voy, pero ahora tengo mucha tranquilidad», señaló Sergio Brangeri a «EL 9 DE JULIO» muy emocionado luciendo el trofeo del sombrero de la capa de agua.

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