30 noviembre 2020

En el inicio del ciclo de conferencias: Interesante charla técnica en la Sociedad Rural

[13 de marzo de 2010] En la noche del miércoles, organizada por la Agencia INTA local y la Sociedad Rural de 9 de Julio fue realizada una interesante charla técnica titulada “Cosecha de maíz y soja. ¿Cómo mejorar su eficiencia”. La misma estuvo a cargo del Néstor Camilo González (foto), ingeniero agrónomo egresado de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y Master of Sicence (Agronomy),   Farm Machinery for conservation tillage por la University of Florida; especialista en manejo de cultivos y en maquinaria agrícola, es miembro de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Pergamino.

Antes de comenzar su conferencia, González explicó que «hay varios aspectos a tener en cuenta al momento de la cosecha” y, con relación a ello “el coordinador del proyecto de cosechas, días pasados, mandó una publicación teniendo en cuenta que éste es un año distinto respecto de los dos anteriores».

El disertante destacó que «se trata de un año de lluvias, donde se puede, probablemente, interrumpir la cosecha por las lluvias o por algún temporal, y para lo cual, entonces, se tendría que tomar mayores recaudos”.

“En primer lugar –añadió- la idea es que el cultivo se esté madurando y se estén las cosechadoras esperando el cultivo esté maduro; y no que sea al revés, que un cultivo madure y se pase y recién venga la cosechadoras».

Según el experto, «en estos últimos años hubo una reposición de maquinarias y especialmente de cosechadoras, con lo cual el parque de unidades en la Argentina está medianamente actualizado; pero, obviamente, hay muchas cosechadoras que deben ser actualizadas; aún así puede decirse que ya se parte de una buena base».

«En lo que respecta –prosiguió- a la pérdida de soja, el proyecto hizo un diagnóstico, como cada año, y en promedio se está en alrededor de 140 kilos de pérdidas en soja; y si son discriminadas en las pérdidas que ya ocurrieron antes de que venga la máquina, hay que hablar de unos 20 kilos de pérdida de pre cosecha y de unos 120 kilos de pérdidas atribuibles a la cosechado».

EN LA COSECHADORA

Al ser consultado acerca de dónde se pierden, al llegar a la cosechadora, esos granos, el especialista informó que «en los granos gruesos, en maíz, girasol y soja, las pérdidas en promedio están principalmente en el cabezal, en el sojero, el girasoleo o el maicero, alrededor del 70%, ese es el lugar que se debe tener en cuenta; la cosechadoras modernas están equipadas con monitores de pérdida de siembra, ubicados en la cola, y solamente contabilizan los granos que entran a la máquina, no así las pérdidas en los cabezales ni tampoco la pérdida de pre cosecha».

«Hay que bajarse de la máquina o tener alguna persona que controle la cosecha», recomendó.

RESPONSABILIDADES COMPARTIDAS

De acuerdo con los estudios realizados, para ingeniero González el factor principal de la falta de eficiencia en la cosecha depende tanto del factor humano como del equipamiento, con responsabilidades repartidas en partes iguales. «Nosotros -dijo- hemos encontrado máquinas nuevas, recién salidas de la fábrica, estaban perdiendo granos porque el operador no estaba capacitado; también encontramos máquinas más viejas, muy bien atendidas, con operadores con mucha experiencia, que estaban realizando un muy buen trabajo. En términos generales, las máquinas más modernas tienen ventajas, pues realizan un mejor trabajo dejando menores pérdidas, con una mejor calidad del grano».

LOS CABEZALES DE LONA

González refirió a los cabezales de lona para las cosechadoras como parte de “un desarrollo tecnológico importante”-

“La última novedad –ilustró- son los cabezales de lona que son caros, aunque muy interesantes, especialmente para los contratistas o para las personas que manejan muchas hectáreas; porque uno de los cuellos de botella en la soja se encuentra a la mañana o la tarde cuando la soja está húmeda, pues con los sinfines la soja termina haciéndose como una soga y no fluye fácilmente generando que se atore la plataforma. En cambio, con esto cabezales modernos de lona, en realidad ya se conocían desde hace tiempo, pueden trabajar un par de horas más por día, en un momento crítico, antes de iniciar la cosecha a la mañana y después a la tarde, cuando el material no grano están húmedos.

«Los cabezales tienen un muy buen comportamiento. Días pasados en Expo Agro presentaron en la dinámica uno de los cabezales, de fabricación argentina, con una excelente prestación. No solamente funcionaba bien, con la velocidad adecuada de la máquina, sino que las pérdidas de granos eran muy bajas», señaló González.

LA VELOCIDAD

El ingeniero Néstor González hizo hincapié en la importancia de la velocidad en la máquina y su incidencia en las pérdidas respectivas. En este sentido puntualizó que «para todos los cultivos la velocidad es trágica, tanto para la cosecha como para la siembra; porque, por ejemplo en la siembra, la velocidad mejor para maíz está en alrededor de 5 kilómetros, pero a veces por una cuestión de apuro una tiene que sembrar más rápido».

«En la cosecha –agregó- pasa lo mismo y los cabezales tienen una limitación en la velocidad de las cuchillas, mientras no exista otro sistema. Para cosechar soja la velocidad es de alrededor de 7 kilómetros por hora, como así también para el trigo, mientras que para el girasol puede ser un poco menos, y el maíz no tiene una limitación tan severa en cuanto a la velocidad”.

En el caso del maíz se trata de un sistema totalmente distinto, no existe un problema de cuchillas, pues aquí trabajan los rolos, las cadenas, y si todo está bien sincronizados se puede aumentar la velocidad hasta más de 10 kilómetros por hora. Esta velocidad, por supuesto, no es recomendable para soja, porque cuando supera los 7 kilómetros, las cuchillas comienzan a pechar las plantas generando que la corte no sea neto, sacudiendo parte de las plantas, causando pérdidas por granos sueltos y de plantas caídas adelante del cabezal.

González recordó que «en la cosechadoras modernas existe un sistema que censa el rendimiento, la cantidad de material que está ingresando a la máquina; es decir, es un sistema por medio del cual, las máquinas, van a adecuar la velocidad al rendimiento de esa zona del lote”.

“Esto es muy interesante, especialmente en los lotes con lomas y bajos, donde hay mayores y menores rendimientos. De otra manera hay que operar la palanca de la velocidad, y el maquinista a veces no realiza un trabajo tan eficiente, como en el caso de un sistema automático», subrayó.

De acuerdo con las referencias brindadas por el ingeniero González, «en el girasol existe un problema serio, vinculado al pechado de las plantas con las bandejas».

«Las bandejas anchas –precisó- , que existieron en algún momento, son muy buenas desde el punto de vista de las pérdidas, pero trabajan bien solamente cuando el cultivo se encuentra parado y las hileras coordenadas. Cuando el girasol se pone de costado, tienen ventaja los girasoleros con más bandejas; porque, al contar con más bandejas donde toma la planta, no la mueven ni las acuden, como pasa cuando hay una sola bandeja. Al sacudirla, si está un poco atacado de esclerotinia o verticillium la cabeza puede caer del cabezal originando una pérdida importante».

Para este año, se estima que las pérdidas de girasol pueden estar en alrededor de 130 kilos de promedio para todo el país.

VALORAR EL TRABAJO MUTUO

El ingeniero González reconoció que «a veces existen conflictos entre los contratistas, que quien trabajara mayor velocidad y hacer más hectáreas, y el productor que quiere que trabaje más despacio, reduciendo las pérdidas y obteniendo una mejor calidad», y sobre este aspecto entendió que «una parte pasa por el lado de la tarifa, porque si uno quiere tener una muy buena calidad en la cosecha debe pagar por la calidad del trabajo; en cambio si uno escatima en el pago de la cosechadora, seguramente el contratista escatimará en la calidad del trabajo».

A la hora de los números, González describió una cuenta clara: «Desde el punto de vista de la rentabilidad del cultivo, si uno considera las pérdidas del orden de 100 o de 150 kilos respecto de 3000 kilos que rinde del cultivo, no parece mucho pero, en realidad, la cuenta se debe hacer respecto de lo que queda neto de cultivo. Es decir, en un cultivo de 3000 o 4000 kilos de soja, me quedan entre 600 y 1000 kilos; si se pierden 200 kilos sobre 600, se está perdiendo una tercera parte de la ganancia. En consecuencia, al referirse a la ganancia neta de cultivo, es muy importante reducir las pérdidas».

Por todo ello, el entrevistado insistió  en que «el contratista y el productor deben llegar a un acuerdo, valorando el trabajo mutuo”.

“Desde otro punto de vista, en el control de las pérdidas y de la calidad del grano, nosotros contamos con un método de medición de pérdidas muy rápido, con el cual el productor y el contratista pueden medir juntos, evitando cualquier discusión. Se trata de un método, el de los aros, que no es tan preciso como el que se usaba antes con una piola en todo el ancho la cosechadora, pero es un método rápido que lo usa mucha gente», concluyó González.

PERDIDAS PARA 9 DE JULIO

En una parte de la rueda de prensa, Aldo Esteban, presidente de la Sociedad Rural de 9 de Julio, comentó que «en este distrito se cosecharán 170,000 hectáreas de soja de primera y 20,000 de soja de segunda; y en un cálculo primario puede saberse que son 190,000 hectáreas y si se pierden 140 kilos por hectáreas, las pérdidas significarán un número importante».

«Es imposible no tener pérdidas, pero ajustar a no ordenarlas es muy importante», concluyó Esteban.

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