28 mayo 2022

Sarmiento y los olvidos voluntarios

Por Héctor José Iaconis
Faltan pocos días para que se cumpla un nuevo aniversario del fallecimiento y es de temer que, nuevamente, se produzcan los olvidos voluntarios con respecto a la memoria del prócer. En febrero del año pasado, cuando se cumplió el Bicentenario de su nacimiento, a diferencia de lo que era de esperarse, su recordación pasó casi inadvertida. Hay quienes argumentaron que la fecha se conmemoraba en un día del receso estival, con los establecimientos escolares sin clase, lo cual generaba cierta imposibilidad para celebrar la fecha. En cierto modo los actos programados, de manera oficial, fueron tibios y de escasa difusión.
Pareciera que, para algunos, la figura de Sarmiento mereciera caer en el olvido, achacándosele características poco felices sobre su persona, muchas veces infundadas o carentes de rigor histórico; recordando solamente los errores que pudo haber cometido, y desconociendo sus muchos aciertos.

UNA VIDA INTENSA
A pesar de lo ampliamente intensa que había sido su existencia, y las múltiples facetas que lo había distinguido, Sarmiento murió casi en la misma austeridad material con la que había nacido. Reconocido como un gran educador y promotor de la enseñanza, le había brindado a su patria importantes servicios como militar; legislador (diputado y senador); ministro de gobierno de Buenos Aires; diplomático (ministro pleniponteciario y enviado extraordinario de Argentina ante Estados Unidos); director general de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires y superintendente de Escuelas del Consejo Nacional de Educación. Como gobernador de San Juan –su provincia natal-, desde 1862 hasta 1864, había realizado una acción fructuosa, fundando poblaciones agrícolas, abriendo caminos rurales y concretando obras públicas. Entre 1868 y 1874, le cupo desempeñar la primera magistratura de la Nación, oportunidad en la que promovió la prolongación de las líneas férreas y telegráficas, ordenó la ejecución del primer censo nacional de población, fomentó la creación de ochocientas escuelas, colegios nacionales, la Escuela Naval y el Colegio Militar de la Nación, entre otras gestiones de gobierno.
Su obra literaria no fue menos prolífica. De ello no sólo dan cuenta los cincuenta y tres volúmenes que comprende la edición de sus obras completas, sino mejor aún, de manera más contundente, sus novelas o ensayos, entre los que pueden citarse: “Civilización y barbarie” (Facundo) (1845), “Viajes” (1849), “Educación Popular” (1849), “Recuerdos de Provincia” (1850), “Argirópolis” (1850) y “Conflictos y armonías” (1883).

“ODIADO, AMADO Y COMBATIDO”
La prolongada vida de Sarmiento estuvo, asimismo, matizada por un sinnúmero de controversias y polémicas, mantenidas con personalidades de reconocida trayectoria (Juan Bautista Alberdi, Bartolomé Mitre, monseñor León Aneiros, el escritor venezolano Andrés Bello y el chileno José Vallejos, entre otros). Su temperamento vehemente y, muchas veces, de fácil irritabilidad, le arrastraron a no pocos conflictos en los vínculos interpersonales.
Tal vez, como lo describía Paul Groussac, Sarmiento parecía, en muchas ocasiones, un «ser extraño».
Jorge Luis Borges fue, sin dudas, uno de sus más conspicuos admiradores. En cierta ocasión le dedicó un bello poema; fragmentos del cual dicen:
“[…] Es alguien / Que sigue odiando, amando y combatiendo./ Sé que en aquellas albas de setiembre / Que nadie olvidará y que nadie puede / Contar, lo hemos sentido. Su obstinado / Amor quiere salvarnos. Noche y día / Camina entre los hombres, que le pagan / (Porque no ha muerto) su jornal de injurias / O de veneraciones. Abstraído / En su larga visión como en un mágico / Cristal que a un tiempo encierra las tres caras / Del tiempo que es después, antes, ahora, / Sarmiento el soñador sigue soñándonos”.
Sarmiento falleció el 11 de septiembre de 1888, a las 2:15 horas, en Paraguay, a los 77 años de edad.
¿Este 11 de septiembre la recordación de Sarmiento volverá a contener la frialdad de esos actos que se realizan por el hecho de cumplimentar una obligación no deseable?; ¿solamente el recuerdo del Gran Maestro, quedará reservada al ámbito escolar?.
La construcción de la idea de país no debe efectuarse solamente desde una única tendencia historiográfica; desde los parámetros culturales que parecen hoy imponerse como los únicos que debe admitirse.

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