19 mayo 2021

Una vocación de servicio

* Siendo adolescente ingresó en Casa «Margasin Hogar» donde se desempeñó en el área de vendas, para luego pasar a la firma «Industrias 9 de Julio».
* Durante más de dos décadas integró la Asociación Cooperadora de la Escuela Normal Superior de esta ciudad, de la cual fue presidente por espacio de quince años.
* Con humildad y generosidad trabajó denodadamente por este establecimiento, siendo el principal gestor de la obra de construcción del salón de usos múltiples.
* Integrante del Club de Leones de 9 de Julio, ejerció la presidencia del mismo en dos períodos.
* El salón de usos múltiples del Escuela Normal Superior lleva su nombre.

El pasado lunes, en el marco de la celebración por el 69º aniversario de la Escuela Normal Superior, en un emotivo acto, se le impuso el nombre «Rubén Omar Avila» al salón de usos múltiples (SUM) del establecimiento. Se trató, en efecto, de un reconocimiento, por demás merecido, hacia quien durante quince años dirigió los destinos de la Asociación Cooperadora de esa Escuela, constituyéndose en el principal gestor de la obra del SUM.
A partir de esta breve semblanza, queremos recorrer algunos aspectos de la trayectoria de Rubén en esta institución, como así también su vocación de servicio en beneficio de sus semejantes.
Nacido en la localidad de Dudignac, el 29 de abril de 1949, pero siendo niño se radicó en la ciudad de 9 de Julio. Sus estudios primarios los cursó en la Escuela Nº 24 y los secundarios en Escuela Nacional Normal Superior. De este establecimiento educativo fue alumno en la época en que se encontraba ubicado en la esquina de San Martín y Libertad.

SU ACTIVIDAD PROFESIONAL
Rubén Avila contaba quince años cuando comenzó a desempeñarse laboralmente en la sección de ventas de Casa «Margasín», un comercio de artículos para el hogar, que se encontraba ubicado en la esquina de la avenida Vedia y La Rioja. Más tarde, cuando fue fundada «Industrias 9 de Julio», una de las empresas líderes en Argentina en la fabricación de la línea más completa de unidades habitacionales transportables para las industrias petrolera, minera, de la construcción y para uso agrícola, pasó a esta firma, donde actualmente trabaja.

EN LA COOPERADORA DE LA E.N.S.
Hace más de dos décadas atrás, Rubén comenzó a formar parte de la Asociación Cooperadora de la Escuela Normal Superior.
«Un día -recuerda, en diálogo con EL 9 DE JULIO- existió una convocatoria de la Cooperadora, porque existía un inconveniente y le iban a cortar la luz a la Escuela. Mis hijos, en ese momento, eran alumnos de la Escuela. En aquel tiempo todavía no era provincial, sino que pertenecía a la Nación, junto con Escuela Técnica».
«En esa oportunidad, asistí a la reunión, que se realizó en el patio de la Escuela. En ese momento se encontraba como presidente Aldo Ferreira. Me invitaron para que integre y, en adelante, comencé a participar de las reuniones», comentó.
Rubén primero comenzó, en la Asociación Cooperadora, como colaborador. Aquí comenzó a plasmar su vocación de servicio, a partir de un trabajo realizado con una verdadera entrega.
En cuanto se renovó la comisión directiva ingresó a la misma, luego fue tesorero, por espacio de cuatro o cinco períodos; hasta que fue elegido presidente, por espacio de quince años.
Desde el cargo de presidente de la Asociación Cooperadora dio impulso a importantes obras, que redundaron en beneficio de la labor institucional de ese establecimiento.
En ese entonces se realizaban rifas, bono contribución, espectáculos, para recaudar fondos y realizar las obras de mantenimiento que necesitaba el edificio, en los pisos, aberturas, paredes y sanitarios, entre otros. Asimismo, correspondió a la Cooperadora realizar la automatización del servicio de calefacción del edificio escolar, determinando así que la caldera se encienda y se apague de una manera programada.
En ese tiempo, la Asociación Cooperadora, presidida por Avila, se encargó de la adecuación de las nuevas instalaciones para la biblioteca del establecimiento, en la planta baja, con acceso directo desde la calle. Al mismo tiempo, fueron instaladas computadoras con el servicio de Internet, para que ellos alumnos que no contaran con este medio en sus hogares, pudieran utilizarlo.
«En la Escuela -explica- había un grave problema, los pisos. Por ello, la Cooperadora reemplazó completamente por granito los pisos de cerámica de la planta baja y del primer piso, realizando una inversión económica muy importante en cada una de las etapas».

EL SALON DE USOS MULTIPLES
Si bien fueron varias las obras que se cometieron durante la gestión de Rubén Avila, la de mayor envergadura, sin dudas, fue la construcción del salón de usos múltiples que hoy lleva su nombre.
Cuando, en la década de 1970, se habían confeccionado los planos para la construcción del edificio de la Escuela Normal Superior, había sido ideado un salón de usos múltiples, que debía ser construido en forma paralela. Se trataba de una obra casi faraónica, de imposible materialización, teniendo en cuenta los recursos que podrían disponerse.
Después de haber mantenido muchas reuniones en el Ministerio de Educación de la Nación, y sin haber recibido una respuesta favorable para la construcción del salón que estaba proyectado, por iniciativa de Rubén Avila, la Asociación Cooperadora comenzó a planificar una obra que fuera más realizable y que pudiera ser efectuada con recursos propios.
«En aquel momento -refiere- contábamos con la asesoría técnica, en la parte de construcción, del arquitecto Rodari. Con él elaboramos un proyecto, fue realizada una licitación para la primera etapa, es decir, la estructura parabólica».
Según Rubén, «al principio costó mucho, porque en el terreno donde se encuentra la Escuela no hay una base firme a corta distancia; por ello, las bases del SUM, debieron ser ubicadas a tres metros de profundidad».
«Una vez construida la estructura y el piso, comenzaron a levantarse las paredes y el posterior cerramiento, que fue realizado con policarbonato. Por último, fueron construidos los sanitarios para poder comenzar a utilizar. Además, quedó en proyecto la realización de un auditorio pequeño, con capacidad para doscientas personas, sobre calle San Juan».

EN EL CLUB DE LEONES
Rubén Avila y su esposa Silvia Cavalli, ingresaron en el Club de Leones de 9 de Julio en 1994. Sus padrinos de incorporación fueron Bernardo y Cima Margasin.
Habiendo abrazado los ideales del leonísmo, ha desempeñado distintos cargos en la comisión directiva del Club, ocupando la presidencia en dos períodos.
Melvin Jones, fundador de los Clubes de Leones, escribió cierta vez que «una verdad dominante que se expone en el primer postulado del Código de Ética de los Leones, es que debemos trabajar en nuestra vocación, y hacerlo con industriosa aplicación».
«Aquello -decía Jones- en que trabajamos, es digno de nuestros mejores servicios. A propósito, nuestro Código nos da un concepto revelador e inspirador del propósito con que debemos trabajar. Nuestro trabajo debe tener por mira el esfuerzo desinteresado, una calidad de esfuerzo tan alta, que nos haga dignos de una buena reputación».
Precisamente, Rubén Avila, no solamente ha cumplido ese postulado dentro de la vida leonística, sino también afuera y, sobre todo, en la Asociación Cooperadora de la Escuela Normal Superior.
La vocación de servicio asumida con autenticidad trasciende los espacios y el tiempo.

SU FAMILIA
Casado con Silvia Cavalli, es padre de cuatro hijos y tiene, además, dos nietos. «El agradecimiento hacia mi familia es eterno; porque ellos me han bancado a lo largo de todos estos años de pertenencia a la Cooperadora», subraya.

PALABRAS FINALES
El homenaje fuera objeto, el lunes, Rubén Avila revela el aprecio que la gran familia de la Escuela Normal Superior le prodiga. Todos conocen la laboriosidad y el esfuerzo con que se dedicó para llevar adelante obras importantes en esa institución educativa.
Mientras ejerció la presidencia de la Cooperadora, antes de ir a su trabajo, muy temprano, pasaba todos los días por la Escuela, para verificar que todo estuviera en orden, para consultar si se necesitaba algo. Ese es otro gesto que revela su compromiso con el rol asumido.
La placa de bronce que hoy se encuentra en el salón de usos múltiples es un testimonio, un ejemplo para las presentes y futuras generaciones. Rubén Avila ha demostrado, como cooperador, que es posible ofrendar un tiempo de la vida al servicio de los otros, con nobleza y generosidad.

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