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sábado, noviembre 7, 2026

Prevenir el ACV: lo que podemos hacer hoy para cuidar el cerebro de mañana

 


Días pasados se conmemoró el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular (ACV), una fecha que busca recordarnos algo esencial: se trata de una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo y, sin embargo, en una gran proporción de los casos puede prevenirse.
El ACV, también llamado ictus o, popularmente, derrame o ataque cerebral, ocurre cuando la sangre deja de llegar a una zona del cerebro porque una arteria se tapa, o cuando una arteria se rompe y produce una hemorragia. En ambos casos las neuronas, que no toleran la falta de oxígeno, empiezan a morir en minutos. Por eso decimos que cada minuto cuenta.
TIPOS DE ACV
Existen dos grandes tipos de accidente cerebrovascular, y distinguirlos es fundamental porque el tratamiento de uno puede ser perjudicial para el otro.
El primero es el ACV isquémico, el más frecuente. Representa alrededor de ocho de cada diez casos. Ocurre cuando una arteria que lleva sangre al cerebro se obstruye. La obstrucción puede deberse a un coágulo que se formó en el propio vaso, generalmente sobre una placa de colesterol acumulada durante años, o a un coágulo que se originó en otra parte del cuerpo, habitualmente el corazón, y viajó hasta el cerebro. Cuando el vaso afectado es muy pequeño, hablamos de infartos lacunares, vinculados sobre todo con la hipertensión y la diabetes de larga data.
El segundo es el ACV hemorrágico, menos frecuente pero con mayor gravedad inicial. Se produce cuando una arteria se rompe y la sangre invade el tejido cerebral, lo que se denomina hemorragia intracerebral, o se derrama en el espacio que rodea al cerebro, lo que se conoce como hemorragia subaracnoidea. Esta última suele manifestarse con un dolor de cabeza súbito, intensísimo, descripto muchas veces como el peor de la vida. La hipertensión mal controlada es la causa principal de las hemorragias intracerebrales, mientras que la subaracnoidea suele deberse a la rotura de un aneurisma, una dilatación anormal de la pared de una arteria.
A estos dos tipos se suma una situación que merece atención especial. El ataque isquémico transitorio. Es una obstrucción pasajera, cuyos síntomas desaparecen en minutos u horas sin dejar secuelas visibles, pero que funciona como una advertencia seria de que un ACV mayor puede ocurrir en los días siguientes.
Desde afuera es imposible saber qué tipo de ACV está sufriendo una persona. Solo un estudio por imágenes, como la tomografía o la resonancia, lo determina con certeza. Por eso, ante cualquier sospecha, la conducta correcta es siempre la misma: llamar de inmediato a emergencias y trasladar al paciente a un centro con capacidad de atención (Clínica u Hospital).


LOS ENEMIGOS PRINCIPALES
El factor de riesgo más importante es la hipertensión arterial. Muchas personas la padecen sin saberlo, porque no da síntomas.
Le siguen la diabetes, el colesterol elevado, el tabaquismo, el sobrepeso, el sedentarismo, el consumo excesivo de alcohol y ciertas alteraciones del ritmo cardíaco, en especial la fibrilación auricular, que favorece la formación de coágulos que viajan al cerebro.
La edad y los antecedentes familiares también influyen, pero no pueden modificarse. Todo lo demás, sí.
HÁBITOS QUE PROTEGEN
Controlar la presión arterial es la medida más eficaz. Conviene medirla con regularidad, aun sin síntomas, y acordar con el médico cuál es la meta adecuada para cada persona. Una alimentación basada en verduras, frutas, legumbres, pescado, cereales integrales y aceite de oliva, con poca sal, pocos ultraprocesados y pocos azúcares agregados, protege las arterias. La actividad física regular, alrededor de treinta minutos casi todos los días, reduce la presión, mejora el azúcar en sangre y ayuda a bajar de peso.
Dejar de fumar es quizás el mayor regalo que puede hacerse a su cerebro, y los beneficios comienzan a los pocos meses. El alcohol, si se consume, debe ser moderado. Dormir bien también importa: los ronquidos intensos con pausas respiratorias pueden indicar apnea del sueño, una condición que eleva el riesgo y merece consulta.
CONTROLES MÉDICOS QUE SALVAN VIDAS
A partir de los cuarenta años, y antes si hay antecedentes, es aconsejable un chequeo anual que incluya presión arterial, glucemia, colesterol y electrocardiograma. Si el médico detecta un pulso irregular o una fibrilación auricular, existen tratamientos anticoagulantes muy efectivos para prevenir el ACV. Quienes ya tienen diagnóstico de hipertensión, diabetes o colesterol alto deben sostener el tratamiento indicado, incluso cuando se sienten bien.
LAS SEÑALES DE ALARMA
Reconocer un ACV a tiempo cambia el pronóstico. Hay que sospechar ante la aparición brusca de alguno de estos signos: desviación de la boca o caída de un lado de la cara, debilidad o torpeza en un brazo o una pierna, dificultad para hablar o para entender lo que se dice, pérdida repentina de la visión de un ojo o de la mitad del campo visual, pérdida del equilibrio con vértigo intenso, o un dolor de cabeza súbito y fortísimo, distinto a cualquier otro.
Hay un detalle importante: a veces estos síntomas duran unos minutos y desaparecen solos. Es el llamado ataque isquémico transitorio, o mini ACV. No debe tranquilizarnos, sino alarmarnos, porque es una advertencia de que un ACV mayor puede estar cerca. Requiere consulta urgente.
QUÉ HACER ANTE LA SOSPECHA
Llame de inmediato al servicio de emergencias de la ciudad. No espere a ver si mejora, no maneje usted mismo hasta la Clínica o el Hospital y no administre aspirina ni otros medicamentos por su cuenta, porque si se trata de una hemorragia podría empeorar el cuadro.
Los tratamientos que destapan la arteria o extraen el coágulo tienen una ventana de tiempo limitada, de pocas horas, y cuanto antes se aplican, mayor es la posibilidad de recuperación sin secuelas.
UN MENSAJE FINAL
El ACV no es una fatalidad inevitable. Es, en buena medida, el resultado de factores que podemos detectar y corregir. Cuidar la presión, el corazón, la alimentación y el movimiento, y consultar sin demora ante un síntoma, son decisiones sencillas que protegen lo más valioso que tenemos.
Que la conmemoración de esta semana no sea solo una fecha en el calendario, sino el comienzo de un cambio de hábitos.

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