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Nueve de Julio
jueves, octubre 15, 2026

Jorge Cardinal, emotivas palabras en su despedida

 


El sábado 10 de octubre de 2026, falleció en esta ciudad, a los 88 años, Jorge Cardinal distinguido vecino, perteneciente a las antiguas familias nuevejulienses Cardinal – Mugarza.
Había cursado sus estudios primarios en la Escuela N° 1 “B. Rivadavia” y completó el nivel medio en la ex Escuela Nacional de Comercio y Anexos. Posteriormente prosiguió los estudios universitarios graduándose de Escribano Público.
Al regresar a su terruño, fue titular por muchos años de una Escribanía, que adquirió prestigio por su corrección y seriedad en sus tareas inherentes a la función notarial.
En su juventud, había practicado el tenis en las instalaciones del Club Atlético 9 de Julio, llegando a ocupar la presidencia de la subcomisión de dicho deporte.
Fue profesor de la Escuela de Educación Técnica 2 “Mercedes V. de Labbé”. Destacado miembro y ex presidente del Rotary Club de 9 de Julio. Fue presidente de la Delegación 9 de Julio del Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires.
Como asimismo, desarrolló labores agropecuarias en un campo familiar en las cercanías de la Localidad de El Tejar.
El Escribano Jorge Cardinal en su transitar diario fue una persona de suma corrección y afable ganándose el afecto de quienes lo conocieron y trataron.
Su fallecimiento ha provocado profunda consternación en el círculo de sus familiares y amistades.
Había forma su hogar con María Irene Pinciroli, era padre de dos hijas y tenía nietos.
Sus restos fueron velados hasta las 13 horas, del día 10 de octubre de 2026, previa ceremonia en la sala velatoria.
Tras su partida, amigos e instituciones que tuvieron la oportunidad de conocer a Jorge Cardinal compartieron emotivas palabras, destacando aspectos de su personalidad, su aporte.

 

ADHESIONES DE INSTITUCIONES Y VECINOS

Recordando al profesor Jorge Cardinal
Lo conocí como profesor cuando llegué a 9 de Julio para integrar el equipo directivo de la EET 2 en 1983. Destaco que no sólo fue un excelente profesional, sino también un gran ser humano.
Sin desmerecer a nadie, en 42 años de estar al frente de instituciones escolares, en 9 de Julio y en mi ciudad natal, San Andres de Giles, no conocí a persona igual.
Se diferenció por sus valores como persona, su empatía, generosidad y desprendimiento hacia sus pares, su trato amable y respetuoso, el compromiso con su labor y para con la institución.
Todos quienes lo conocimos recordaremos su alegría, su calidez humana y su don de ser.
Mi respeto y condolencias a su familia y el orgullo de haber conocido a un profesional y excelente persona como Jorge Cardinal. Su vida debería ser un ejemplo para todos nosotros.
Vicente Héctor Francione

 

El Rotary Club de 9 de Julio, compartió su pesar por el fallecimiento del Escribano Jorge Cardinal, quien fue un destacado integrante de nuestro Club, que a su trayectoria profesional, sumo el servicio “ dar de si sin pensar en si”. Expresando sus condolencias a su esposa e hijas, como a familiares y amigos.

La Delegación 9 de Julio del Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires participó del fallecimiento de su colega y ex presidente, y acompaña a su familia en este doloroso momento. «Su recuerdo perdurará entre quienes tuvimos el privilegio de compartir nuestra labor profesional e institucional con él».

El Colegio de Escribanos de la Provincia de Buenos Aires y su Caja de Seguridad Social participan con profundo pesar el fallecimiento de quien fuera Secretario de Asuntos Previsionales, Consejero, integrante de la Junta Electoral, Presidente de la Delegación Nueve de Julio en distintos períodos, y miembro del Instituto Nacional de Estudios de la
Seguridad Social (INESS). Las autoridades de esta institución acompañan
a sus familiares y amigos en estos días de especial dolor.

 

Con el mundo en el bolsillo
A la memoria de Jorge Cardinal
Falleció Jorge, me dice Lucía, mi hija, el sábado por la mañana apenas recibió la noticia por Whatsapp mientras yo preparaba el desayuno en su departamento en Buenos Aires.
Jorge Cardinal, un amigo de años que también fue amigo de mi madre en su adolescencia.
Sentimientos contradictorios me atraviesan, y también pensamientos.
Recuerdos, imágenes fugaces de diferentes momentos de mi vida y de nuestra amistad.
Charlas distendidas contemplando la inabarcable vastedad de la llanura pampeana desde su casa de campo, o en algún lugar de su Europa amada.
También Buenos Aires era otro de sus lugares preferidos.
Su deseo irresistible por viajar lo incitaba a pensar y programar viajes con una pasión y una perseverancia dignas de admirar.
Pertenecía a esa estirpe de hombres que por alguna extraña razón de la especie mantienen bien arraigado el gen migratorio, la necesidad incontrolable de trasladarse de un lugar a otro. Impulso ancestral.
Más allá de las cualidades personales y profesionales de Jorge Cardinal que fueron muchas y variadas, voy a detenerme en esa faceta de su personalidad, la de viajero incansable y amante del mundo.
En las conversaciones largas y distendidas que le gustaba mantener los viajes eran uno de sus temas preferidos, además de la música, el teatro y la política, como también cuestiones simples y banales de la vida cotidiana, quitándole solemnidad y gravedad a los temas y recurriendo al sentido del humor.
Tomando la metáfora de Borges sobre la relación entre los nombres y las cosas, el apellido de Jorge lo representaba cabalmente, o tal vez él se propuso hacer honor a ese apellido. “Cardinal”: las cuatro direcciones principales que permiten orientarse en la Tierra.
Me viene en este momento a la memoria un recuerdo.
Estamos sentados en una de las plazas principales de Estambul, una noche de verano, el día previo al retorno de un apasionante viaje por Turquía promovido y organizado por él, como no podía ser de otra forma.
La plaza y las calles adyacentes colmadas de una multitud de turistas y de habitantes de la ciudad. Después de observarlos y de comentar las excentricidades, me dijo:
“El mundo es chico aunque parezca inmenso”.
“Como la vida”, le dije yo.
“Así es”, me respondió, “por eso hay que disfrutar a fondo cada momento”.
Ya estaba pensando en un nuevo viaje.
En otra oportunidad, una tarde, caminando por su campo fuimos hasta la parte baja, la que solía inundarse en épocas de lluvias abundantes, y me explicó que aunque parezca lo contrario, para el campo, la sequía es peor que la inundación, porque la sequía es la muerte inevitable de los animales y de la siembra, en cambio la inundación es abundancia de agua, y el agua es vida.
Nos detuvimos en un pequeño canal que permitía que el agua escurriera.
“Cuando me muera me gustaría que tiraran mis cenizas en este canal”,
me dijo.
“Claro, así te quedás en el campo”, le respondí.
Hizo una pausa muy corta y completó su idea:
“No. Porque este canal va a dar al Mercante, que a su vez va a dar al Río Salado para desembocar en el Río de la Plata. Y de ahí al océano Atlántico”.
Me quedé mirándolo sin entender a dónde quería llegar.
Y continuó:
“A lo mejor tengo suerte y termino en Europa. Sabés qué bueno, todo el tiempo del mundo para andar por donde quiera”.
Festejamos con una carcajada la ocurrencia.
Para los que somos incrédulos respecto de cuál es el destino del hombre después de la muerte nos resulta difícil afrontar el sinsentido de la muerte de un ser querido. Nuestra incredulidad sucumbe y tambalea e imaginamos razones y motivos que, de alguna manera, ocupen el lugar de la fe que no tenemos.
En mi caso una de las pocas certezas que tengo sobre ese destino es pensar que después de la muerte pasamos a ocupar un sitio en los recuerdos de quienes siguen viviendo hasta que, como canta Serrat, “después, inflexible, el olvido/ irá carcomiendo la historia;/ y aquellos que nos han querido/ restaurarán nuestra memoria/ a su gusto y a su medida/ con recuerdos/ de sus vidas”.
Jorge Cardinal me enseñó que el mundo es tan pequeño que cabe en un bolsillo, que está al alcance de la mano y que vale la pena aprovechar al máximo el tiempo que tenemos en esta vida para salir a recorrerlo.
¡Buen viaje, amigo!
Alejandro Casas

 

 

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