
Octubre nos recuerda que el cáncer de mama, descubierto en sus etapas iniciales, ofrece las mejores posibilidades de tratamiento y recuperación. Conocer los estudios disponibles y el momento oportuno para hacerlos es la forma más sensata de cuidarse.
Cada octubre, el color rosa se vuelve inconfundible. Moños en las solapas, edificios iluminados, campañas que recorren las redes. Detrás del símbolo hay un propósito más hondo, el de recordarnos que cada cifra encierra a una mujer, a una familia y a una decisión que a veces se posterga por temor, por falta de tiempo o por la convicción de que la enfermedad siempre le ocurre a otras.
Una enfermedad frecuente y una oportunidad concreta
En la Argentina se diagnostican más de 21.000 casos nuevos por año. La mortalidad por esta causa descendió de manera sostenida entre 2002 y 2020, y el ritmo de esa caída se aceleró desde 2017. La comunidad médica vincula ese avance con diagnósticos más tempranos y tratamientos más eficaces.
Entre un tumor de pocos milímetros y uno avanzado suele mediar una diferencia de años de vida y de complejidad terapéutica.
Lo que se puede prevenir y lo que no
Es importante destacar que no existe medida alguna que garantice que la enfermedad no aparecerá. Hay factores que no dependen de la paciente, como la edad (más del 70% de los cánceres de mama se presentan después de los 50 años), la menarca temprana, un primer embarazo tardío o la ausencia de embarazos, la radioterapia previa sobre el tórax y las mutaciones hereditarias. Otros factores sí admiten corrección: mantener un peso saludable, hacer actividad física regular, moderar el consumo de alcohol, evitar el tabaco y analizar con el médico la conveniencia de terapias hormonales prolongadas.
Hay además un dato que desarma una creencia muy extendida. Más del 70% de las mujeres con cáncer de mama no tienen antecedentes familiares de la enfermedad.
La ausencia de casos en la familia no exime de los controles. Por eso la detección precoz es la estrategia que alcanza a todas.
La mamografía, piedra angular del diagnóstico
Es el estudio de referencia. Se trata de una radiografía de baja dosis que puede revelar lesiones antes de que se puedan palpar, entre ellas las microcalcificaciones agrupadas, que a veces constituyen la primera señal de un tumor en etapa muy inicial.
La mamografía permite obtener imágenes nítidas con la menor radiación posible. Reconstruye la glándula en finas capas y reduce el efecto de superposición de los tejidos, un aporte valioso en mamas densas.
Los estudios que la complementan
La ecografía no emplea radiación y distingue con precisión un quiste de una lesión sólida. Es de gran ayuda en mujeres jóvenes, en mamas densas y para caracterizar un hallazgo, aunque no sustituye a la mamografía como método de rastreo.
La tomografía computadas o la resonancia magnética, de altísima sensibilidad, pueden ser pertinentes para mujeres de riesgo elevado, como las portadoras de mutaciones en los genes BRCA o las que recibieron radioterapia torácica a edad temprana, y para definir la extensión de una lesión ya conocida.
El examen clínico a cargo de un profesional completa el cuadro.
La autoexploración, por su parte, vale como forma de conocer el propio cuerpo y notar cambios, pero no reemplaza a ningún estudio por imágenes.
Del hallazgo al diagnóstico
Todo informe radiológico se resume en una categoría BI-RADS, una escala internacional que va de 0 a 6 y orienta la conducta a seguir.
Un hallazgo dudoso no equivale a un diagnóstico. Ser convocada para estudios adicionales es frecuente y, en la gran mayoría de los casos, el resultado final es benigno. Cuando la sospecha persiste, la confirmación llega con la biopsia, un procedimiento guiado por ecografía o por mamografía. La anatomía patológica no solo confirma la presencia de células malignas, sino que describe sus características (receptores hormonales, HER2), que determinan el tratamiento más adecuado.
¿A partir de cuándo?
Se recomienda un control mamográfico anual entre los 50 y los 69 años a las mujeres sin síntomas ni antecedentes que modifiquen esa indicación, mientras que las menores de 50 y las mayores de 69 deben consultar a su médico sobre la conveniencia de realizarlo. Cuando existen antecedentes familiares o factores de riesgo, el inicio se adelanta.
Algunas sociedades científicas internacionales aconsejan comenzar a los 40 años. Esa coexistencia de criterios es la mejor razón para conversar con el ginecólogo, el médico clínico o el mastólogo y definir una pauta personalizada.
Señales que no admiten espera
Un nódulo nuevo, la retracción del pezón, cambios en la piel (enrojecimiento, hundimientos o aspecto de cáscara de naranja), una secreción espontánea, sobre todo si es sanguinolenta, o ganglios aumentados en la axila justifican una consulta inmediata, sin aguardar el control programado y a cualquier edad.
Conviene recordarlo también para los varones, en quienes la enfermedad se presenta en alrededor del 1% de los casos.
Un gesto pequeño, un efecto enorme
Pedir un turno parece poca cosa frente a la magnitud de la enfermedad. Sin embargo, es el gesto que permite que todo lo demás (la imagen oportuna, la biopsia a tiempo, el tratamiento menos agresivo) llegue a tiempo. Este octubre, desde el Servicio de Diagnóstico por Imágenes de nuestra institución, la invitación es simple: consulte, pregunte, no postergue.
Clínica Independencia S.A. cuenta con un servicio integral de Diagnóstico por Imágenes que pone a disposición de toda la comunidad.


