Hay edificaciones que, sin proponérselo, terminan convertidas un símbolo urbano para la ciudad. La antigua torre tanque de Aguas Corrientes de 9 de Julio, silueta inconfundible que asoma hoy entre las edificaciones del predio de ABSA, en la manzana que delimitan las avenidas Cardenal Pironio y Tomás Cosentino y las calles Tucumán y Edison, es una de esas construcciones.
Su volumen cilíndrico, coronado por el ensanche del depósito y por el pequeño mirador con pararrayos que lo remata, cumple más de un siglo custodiando la memoria de un servicio que cambió para siempre la vida cotidiana de la comunidad.
UN PROYECTO POSTERGADO
La historia de la torre no comienza con su primera piedra, sino con una necesidad reclamada durante años. Ya hacia finales del siglo XIX el intendente municipal Francisco Rocca había proyectado la instalación de un servicio de Aguas Corrientes para el pueblo. El propósito, sin embargo, tardaría más de una década en concretarse. En 1900 fue el intendente Benigno Martínez quien elevó al Concejo Deliberante un mensaje solicitando autorización para iniciar las diligencias necesarias a los efectos de instalar dicho servicio.
Recién en febrero de 1904, bajo la intendencia de Rafael Prieto y con la anuencia del cuerpo deliberativo, se ordenó la realización de las primeras perforaciones destinadas a someter las aguas subterráneas del lugar a un análisis químico. Un mes más tarde, en marzo de ese mismo año, la Oficina Química de la Provincia de Buenos Aires, tras examinar las muestras extraídas, confirmó la potabilidad de las mismas, despejando así el camino para que la obra pudiera finalmente iniciarse.
LA OBRA Y SUS CONSTRUCTORES
Resuelta la viabilidad del proyecto, las obras fueron sacadas a licitación. La tarea de construir la torre tanque, la usina de Aguas Corrientes y el tendido de cañerías fue encomendada a la firma Vicente Macchi y Compañía, de la ciudad de Buenos Aires. La construcción del tanque propiamente dicho, metálico y roblonado, alojado en la coronación de la torre, quedó en manos de la firma Domingo Nocetti y Compañía, también porteña, que por entonces gozaba de sólido prestigio en la ingeniería mecánica.
Para emplazar el conjunto se eligió la manzana comprendida entre las avenidas Río Uruguay, hoy Tomás Cosentino, y Río Negro, hoy Cardenal Pironio, y las calles Jujuy, hoy Edison, y Tucumán. Allí, desde 1896, venía funcionando una plaza pública que en sus comienzos fue llamada “Plaza de la Cruz” y más tarde “Plaza Italia”. Una fotografía postal de la primera década del siglo XX, que publicamos en esta página, permite reconstruir la fisonomía original de aquel predio: junto a la torre, ya entonces imponente sobre el horizonte llano del pueblo, se erguía la alta chimenea de la usina de Aguas Corrientes, hoy desaparecida, testimonio de una infraestructura industrial que acompañó a la torre en sus primeros años de funcionamiento.
LA INAUGURACIÓN DE 1905
El 3 de septiembre de 1905, en una ceremonia que apadrinaron Nicolás L. Robbio y Felipa Gache de Prieto, quedó formalmente inaugurado el servicio de Aguas Corrientes en 9 de Julio y, por consiguiente, la torre tanque que le daba sustento material. La ordenanza que un siglo después declararía el edificio Monumento Histórico Municipal no dudaría en calificar a la torre como símbolo categórico que distingue la implementación de ese servicio, reconociendo en su masa de ladrillo y en su remate octogonal un hito que trascendía la mera función hidráulica para instalarse en la memoria colectiva del pueblo.

DE OBRAS SANITARIAS A ABSA
El inmueble, que originalmente había sido propiedad de la Municipalidad de 9 de Julio, fue transferido en 1949 a la Dirección de Obras Sanitarias del Ministerio de Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires, organismo que continuó la administración del servicio de agua potable en la región. Con el correr de las décadas, y a través de sucesivas reestructuraciones del sector sanitario provincial, el predio y la torre pasaron a integrar el espacio de Aguas Bonaerenses S.A., ABSA, que hoy tiene allí su base operativa local. Pese al paso del tiempo, al deterioro que viene sufriendo y a las leves reformas practicadas en distintas épocas, la edificación conserva, en lo sustancial, el diseño que le fuera conferido en sus orígenes.
UN MONUMENTO HISTÓRICO MUNICIPAL
El 26 de agosto de 2005, en sesión del Concejo Deliberante, quedó sancionada la Ordenanza N.º 4377, registrada bajo el Expediente H.C.D. N.º 187/05, que declaró “Monumento Histórico” a la antigua torre tanque de Aguas Corrientes. El texto legal, además de reconocer en el edificio un “bien cultural para el patrimonio arquitectónico e histórico de la comunidad de 9 de Julio”, dispuso en su artículo primero la protección formal de la torre, ubicada catastralmente en Circunscripción I, Sección «A», Manzana 8, Parcela 1, y estableció en su artículo segundo la obligación de efectuar “todos los diligenciamientos necesarios para evitar, en tiempo futuro, que su estructura se modifique de forma tal que sea mutado su estilo originalmente”.
UNA PIEZA DE PATRIMONIO INDUSTRIAL
Más allá de su reconocimiento como monumento histórico municipal, la torre tanque de 9 de Julio merece leerse también desde la categoría específica del patrimonio industrial, entendida como el conjunto de bienes vinculados a los procesos de producción, distribución y prestación de servicios que caracterizaron la modernización de las ciudades entre fines del siglo XIX y comienzos del XX.
La torre no fue concebida como un monumento, sino como una pieza de ingeniería hidráulica al servicio de una necesidad sanitaria concreta, y es precisamente ese origen funcional el que le confiere su valor documental más singular. Su estructura, resuelta en mampostería de ladrillo con un depósito elevado que aprovechaba la fuerza de gravedad para la distribución del agua, y su vínculo original con la desaparecida chimenea de la usina de Aguas Corrientes, la inscriben en la misma familia de bienes que integran los antiguos molinos, usinas eléctricas, estaciones ferroviarias y depósitos fabriles que hoy se estudian bajo esa denominación en buena parte del mundo.
A diferencia de otros ejemplos de arquitectura industrial local que perdieron su función original y fueron reconvertidos en espacios culturales, la torre tanque de 9 de Julio conserva, dentro del predio de ABSA, una cercanía simbólica con la actividad para la cual fue erigida, lo que refuerza su valor como testimonio directo de la historia técnica y sanitaria de la ciudad, y no solamente de su historia institucional.
PALABRAS FINALES
Más de un siglo después de aquella jornada de septiembre de 1905, la torre tanque sigue de pie sobre el mismo predio, con su viejo mirador o linterna. Fue, en su tiempo, la respuesta concreta a una necesidad postergada. Es, hoy, un monumento histórico que la ordenanza de 2005 quiso preservar intacto para el futuro, y un testimonio, además, de aquella primera modernización industrial y sanitaria que transformó el paisaje del pueblo.
Basta levantar la vista sobre los techos del barrio para comprobar que, más allá del cambio de manos institucionales y del paso de las décadas, la torre continúa cumpliendo la función de recordar, en metal, en ladrillo y en altura, el día en que el agua corriente llegó a 9 de Julio.


