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Nueve de Julio
domingo, marzo 22, 2026

La amistad como categoría moral y práctica en la vida del general Julio de Vedia

1826 – 2026: Bicentenario del nacimiento del fundador de 9 de Julio

– Parte I –

Por Héctor José Iaconis.
La historiografía argentina ha consagrado al general Julio de Vedia, nacido el 26 de enero de 1826 y fallecido el 26 de agosto de 1892, como figura gravitante tanto en el Ejército como en otros ámbitos donde le cupo desempeñarse: fundador de la ciudad de 9 de Julio, combatiente en las batallas de Cepeda y Pavón, protagonista de la guerra de frontera contra el aborigen, jefe de artillería en la Guerra de la Triple Alianza, ministro plenipotenciario en el Paraguay, primer gobernador del Territorio del Chaco por decreto del presidente Domingo Faustino Sarmiento del 31 de enero de 1872 y director, en dos ocasiones, de Colegio Militar de la Nación, entre otros. En 2026, al cumplirse el bicentenario de su nacimiento, resulta particularmente oportuno volver sobre su figura con una mirada que no se limite a celebrar sus méritos castrenses sino que explore las dimensiones menos visibles de su personalidad: la de un hombre que concibió la amistad como una de las formas más elevadas del deber moral y como un sostén insustituible de la vida pública y privada.

LA AMISTAD COMO CÓDIGO DE CONDUCTA
Para comprender el sentido que la amistad tenía para Julio de Vedia, es necesario situarlo en el universo de valores que su familia le transmitió. El linaje de los de Vedia, reconstruido con precisión genealógica a partir del trabajo del doctor Jorge Durañona y Vedia, combinaba el servicio militar con una cultura de los vínculos personales en la que la lealtad y la palabra dada eran moneda de curso legal. Su padre, el general Nicolás de Vedia, había forjado amistades que atravesaban décadas y fronteras. Su hermana Delfina, casada con Bartolomé Mitre, habitaba en el cruce exacto entre la intimidad doméstica y la vida pública, y representaba para Julio el modelo de una relación en que la afección y la confianza eran indisociables.
En ese contexto, la amistad no era una práctica espontánea sino una forma de estar en el mundo que se aprendía y se ejercía con deliberación. Las cartas del general Julio muestran a un hombre que cuida sus amistades con la misma atención estratégica que cuida sus flancos militares: informa, pregunta, agradece, reclama con humor, cumple lo prometido y recuerda lo que otros prometieron. No hay en su correspondencia la descuidada efusión del hombre sentimental, sino la administración cuidadosa de un capital relacional que él valoraba con exacta conciencia.

BARTOLOMÉ MITRE. LA AMISTAD EN LOS PLIEGUES DEL PODER Y LA FAMILIA
El vínculo que unió a Julio de Vedia con Bartolomé Mitre es, tal vez, entre todos los documentados en las fuentes disponibles, el más complejo y el más iluminador. Mitre era simultáneamente su cuñado, casado desde 1842 con su hermana Delfina María Luisa de Vedia, su superior jerárquico en distintos momentos de la carrera militar, su gobernador y su presidente, y, de manera sostenida durante décadas, el destinatario de cartas que conjugaban el tono familiar con el militar y el político sin que ninguno de esos registros anulara a los otros.

Emilio Mitre, Bartolomé Mitre y Julio de Vedia. El fundador de 9 de Julio mantuvo amistad y lazos de familia con los dos primeros. Gentileza: Joaquín de Vedia.

La relación se remontaba a los años del sitio de Montevideo, cuando el joven Julio sirvió en el escuadrón de artillería ligera que comandaba el entonces capitán Bartolomé Mitre.
Desde el campamento de Azul, el 14 de junio de 1856, Julio de Vedia escribía a su hermana Delfina pidiéndole que pusiera una carta suya «bajo tu cubierta» para entregarla a Mitre, entonces ministro de Guerra. La intermediación familiar en los asuntos profesionales era, en ese universo relacional, perfectamente natural. Testimonio de esa amistad de doble registro es la misiva del 16 de abril de 1862, dirigida desde Bragado a Mitre, a quien él llama “Querido hermano», ya como gobernador. En un mismo texto, Julio informaba sobre la situación de la frontera, solicitaba caballos para la defensa, describía el estado de las haciendas del partido de Bragado, celebraba la confianza general en el nuevo gobierno y, al cierre, recordaba con elegante ironía los libros que Mitre le había prometido y aún no enviado: «Lo ofrecido es una deuda». El tono es el de quien se sabe en una relación de suficiente confianza como para reclamar con humor lo que le pertenece.
Fue a Mitre a quien Julio dirigió, el 1º de noviembre de 1863, la célebre carta, escrita desde el recién fundado campamento de 9 de Julio. En ella describía los primeros días de la fundación con una sencillez magistral que combinaba detalles prácticos con consideraciones sobre el deber patriótico.
La memoria de esa amistad se prolongó más allá de la muerte. Cuando Julio de Vedia falleció el 26 de agosto de 1892, fue Mitre quien comunicó la noticia en “La Nación”, calificándolo como «una de las glorias más puras» del Ejército Argentino.

LA AMISTAD CON VASCHETTI
Si la amistad con Mitre tenía el espesor de la sangre y del poder, la que unió a Julio de Vedia con el agrimensor Miguel Vaschetti representa un tipo distinto y igualmente revelador: la amistad que nace del trabajo compartido y se transforma, con el tiempo, en un vínculo de confianza personal irreductible a sus orígenes profesionales.
Vaschetti había sido propuesto por el propio Julio de Vedia al gobierno provincial en septiembre de 1862 para medir y amojonar su estancia en las Tres Lagunas, el paraje que luego sería 9 de Julio; también, tuvo a su cargo el delineamiento del nuevo pueblo. La correspondencia entre ambos, muestra cómo aquella colaboración profesional se transformó en afecto genuino. El 2 de abril de 1865, desde 9 de Julio, Vedia le escribía transmitiendo la gratitud por la fe del amigo en su obra que le significaba un bien tan apreciable como la fe misma.
Desde los campamentos del Paraguay, la correspondencia con Vaschetti adquirió una densidad particular. Julio le escribía cartas largas, detalladas, en que narraba los movimientos de la guerra con una mezcla de análisis estratégico y confidencia personal que solo se prodiga ante quien se sabe en terreno seguro.

Posiblemente, la expresión más alta de esa amistad llegó el 2 de enero de 1867, cuando Julio invitó a Vaschetti a ser padrino de bautismo de su hijo Enrique, nacido el 6 de ese mes. La carta en que lo invitaba es una evidencia acerca de la naturaleza de esa amistad:
«Mucho tiempo -dice Vedia- ha que teníamos, mi Lasthenia y yo, la intención de hacer a Ud. padrino de uno de nuestros hijos. Ignoro por qué no se lo habíamos comunicado a Ud.; pero siempre creíamos que Ud. aceptaría con gusto esa pequeña demostración de nuestra amistad y aprecio. Amistad y aprecio que empezó con nuestras relaciones, que nada ha alterado y que, estoy seguro de ello, el tiempo consolidará aún más el lazo que va a estrecharlas».

Continuará la próxima semana.

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