Por Héctor José Iaconis.

– Primera nota: una semblanza biográfica –
* Ejerció el sacerdocio en 9 de Julio durante más de tres decenios.
* Influyó, merced a su acción pastoral, en el florecimiento de numerosas vocaciones sacerdotales, entre las cuales cabe mencionar la del Beato Cardenal Pironio.
* Su carácter resuelto y su talante en la conducción le granjearon respeto, mas también oposición.
Fue figura cardinal en la vida religiosa de la parroquia de Santo Domingo de 9 de Julio, hoy Iglesia Catedral. Su ministerio, que se extendió por espacio de más de tres décadas, caracterizóse por la conjunción de una sólida formación teológica y canónica con una dinámica labor pastoral y social.
Formado en la Ciudad Eterna y dotado de una personalidad recia y no exenta de controversia, el padre Domingo Güida dejó honda huella en la grey nuevejuliense mediante su labor eclesial, la fundación de obras de beneficencia y su participación en la organización de la Diócesis de 9 de Julio.
En esta primera nota ofreceremos una breve semblanza del sacerdote para luego, en una segunda nota que se publicará la semana venidera, rescatar los rasgos del presbítero Domingo Güida a partir de la oración fúnebre que le dedicó el Beato Eduardo Francisco Pironio con ocasión de su fallecimiento.
Francisco Domingo Güida, tal era su nombre completo, había nacido en la ciudad de Chivilcoy el 18 de agosto de 1887. Desde temprana edad mostró inclinación hacia la vida religiosa, ingresando al Seminario Conciliar de Buenos Aires el 1° de marzo de 1901. Allí cursó su formación en filosofía y la preliminar en teología, destacándose por su disciplina y motivación académicas. Posteriormente fue enviado a Roma, donde completó sus estudios teológicos, obteniendo el Doctorado en Teología y una especialización en Derecho Canónico. Esta formación de grado dotóle de una sólida base intelectual y de una visión de la Iglesia que habría de marcar su ejercicio pastoral.

PRIMEROS DESTINOS PASTORALES
Hallándose próximo a su retorno a la patria, la muerte de su madre laceró su espíritu. Tanto así que, según el recuerdo que conservaba un miembro de su familia, su cabellera había encanecido casi por completo enseguida después de pasar por aquel duro trance.
En 1912, tras su regreso de Roma, el joven sacerdote comenzó su labor pastoral en la Diócesis de La Plata. Ese mismo año fue designado Teniente Cura en la parroquia de Salto. En junio de 1915, su obispo lo nombró capellán de la iglesia de Temperley y poco después párroco de Salto.
En 1921 desempeñóse interinamente como cura vicario en la ciudad de Dolores, demostrando nuevamente su aptitud para asumir responsabilidades de conducción parroquial en contextos diversos.
EN 9 DE JULIO
El 10 de diciembre de 1921, el padre Domingo Güida fue designado cura párroco de la parroquia de Santo Domingo en 9 de Julio. Este nombramiento marcaría el inicio de una etapa dilatada y decisiva de su vida, pues permaneció en el cargo durante treinta y seis años. A lo largo de ese período, Güida impulsó la organización interna de la parroquia, la formación de asociaciones religiosas y la construcción de infraestructuras menester para el desarrollo pastoral. Su acción se extendió más allá del ámbito estrictamente eclesiástico, participando activamente en proyectos educativos y sociales de alcance local.
Entre las obras más señaladas impulsadas por el padre Güida figura la creación del Hogar Municipal de Ancianos «Santo Domingo de Guzmán». El proyecto fue aprobado por el Concejo Deliberante el 11 de septiembre de 1933. Merced a sus gestiones obtúvose la cesión de un edificio en las calles Levalle y San Luis, donde comenzó a funcionar el asilo. Con el transcurso del tiempo, la institución amplió sus servicios, abriendo sus puertas también a mujeres y consolidándose como una de las principales obras de caridad del partido. La intervención de Güida en la fundación de la institución revela su sensibilidad social y su compromiso para con los sectores más menesterosos de su tiempo.




LA CREACIÓN DE LA DIÓCESIS DE 9 DE JULIO
Merced a su formación en Derecho Canónico y Teología, el padre Domingo Güida fue convocado a desempeñar diversas funciones en la estructura diocesana. En la organización eclesiástica que siguió a la creación de la Diócesis de 9 de Julio, acontecida en 1957, fue designado Fiscal Eclesiástico y Defensor del Vínculo, además de integrar el cuerpo de Consultores Diocesanos. Estas responsabilidades reflejaron el prestigio de que gozaba entre el clero de las parroquias que conformaban la nueva Diócesis y, en buena medida, su capacidad para hermanar la acción pastoral con la administración eclesiástica. Si bien su voz era escuchada en las deliberaciones diocesanas, así como su criterio jurídico en materias de derecho particular diocesano, no fue armoniosa su relación con el primer obispo de la Diócesis, monseñor Agustín Adolfo Herrera. Apenas arribado éste a su nueva sede episcopal, las diferencias de criterio pastoral y de gobierno entre el párroco de la Catedral y el prelado pronto hiciéronse evidentes.

CARÁCTER, LIDERAZGO Y CONTROVERSIAS
Algunos testimonios coinciden en describir al padre Domingo Güida como un sacerdote enérgico, de recio carácter y profundas convicciones. Su talante resuelto, su erudición y su estilo de conducción granjeáronle respeto, mas también oposición. Algunos le acusaban de autoritario, otros considerábanlo ejemplo de firmeza moral. En el plano político, sus simpatías y vínculos con determinados sectores generáronle tanto adhesiones como críticas. Cuando, en la década de 1920, adhirió abiertamente al sector «fauzonista» del radicalismo local, el sector «gougynista» atacóle con diatribas, incluso publicando panfletos calumniosos.
Cuando, durante el gobierno del general Perón, manifestó su antagonismo a ese régimen, fue detenido junto a otros sacerdotes y vecinos opositores.
El 13 de enero de 1958, el padre Domingo Güida presentó su renuncia al cargo de párroco de la Catedral, la cual fue aceptada. Un mes después, el 28 de febrero del mismo año, fue incardinado a la Arquidiócesis de La Plata.
Su excardinación diocesana marcó el fin de una etapa prolongada de ministerio pastoral en la comunidad nuevejuliense. Aunque fuera del territorio de la Diócesis de 9 de Julio, continuó manteniendo fluida comunicación con varios miembros del clero.
Falleció el 3 de noviembre de 1961. Sus restos descansan en el cementerio de su ciudad natal, Chivilcoy, en el mausoleo familiar.
Diversos sectores de la comunidad de 9 de Julio impulsaron, sin fruto, el traslado de sus restos a esta ciudad. Su legado espiritual y social, empero, continúa presente en la memoria colectiva, especialmente en las generaciones mayores de la ciudad.

PALABRAS FINALES
Podría afirmarse que el padre Domingo Güida encarna el modelo de sacerdote ilustrado y activo que caracterizó a una generación del clero argentino de comienzos del siglo XX. Su vida aunó la erudición teológica con la acción concreta en pro de la comunidad.
Su figura, a la par venerada y discutida, refleja las tensiones propias de un contexto harto complejo, en que la Iglesia debía relacionarse con un entorno político vernáculo a veces hostil y con una sociedad que fluctuaba entre la tradición y las primicias de una modernidad vertiginosa.


