25 octubre 2020

Con motivo del inicio de la catequesis: El obispo diocesano dio a conocer un mensaje

Al iniciarse la formación en la catequesis en parroquias y colegios de la Diócesis de 9 de Julio, el obispo diocesano monseñor Martín de Elizalde dio a conocer el siguiente mensaje:

Queridos amigos catequistas, queridos hermanos y hermanas:
Con el comienzo del año civil se inician en nuestras parroquias, capillas y colegios las actividades pastorales, y entre ellas la catequesis reviste una importancia particular. En primer lugar, se trata de un ámbito privilegiado para la transmisión de la fe y su afirmación. En la catequesis se conjuga la intención de los padres y responsables de los niños y jóvenes de instruirlos cristianamente para que reciban la gracia divina, participen en la Iglesia de los sacramentos y se comprometan en la práctica del Evangelio, la misión y la caridad, con la orientación y el acompañamiento de los mismos catecúmenos por sus catequistas, siempre dedicados y generosos en la enseñanza de los contenidos de la fe y en el testimonio de su vida. En segundo lugar, la catequesis une felizmente la teoría y la práctica, los principios y su aplicación, la espiritualidad y la acción, y es una oportunidad que tenemos que saber aprovechar, ya que en ella alcancemos a la gran mayoría de los niños y jóvenes de nuestras comunidades. La catequesis de iniciación cristiana tiene un alcance muy grande entre nosotros, y nos debe preocupar hacerla bien, dejando establecido el vínculo con la comunidad parroquial y la continuidad de la formación y praxis cristiana y ejercitando a sus destinatarios en los distintos medios de la acción evangelizadora, recurriendo a los métodos y movimientos que ayuden a su perseverancia. El número más grande de colaboradores pastorales en las parroquias lo constituyen los catequistas, así como los que reciben la catequesis en nuestros salones son también la porción más joven y dinámica de la familia parroquial.
En el presente año, del 24 al 27 de mayo de 2012, tendrá lugar en Morón el 3º Congreso Catequístico Nacional bajo el lema: “Anticipar la aurora, construir la esperanza”, y que se propone profundizar la cuestión importantísima de la Iniciación cristiana. Esperamos sinceramente que los frutos de este encuentro, el estudio y las experiencias que han de provocar, ayuden a progresar en la propuesta evangelizadora y a afianzar la continuidad del compromiso cristiano, desde la catequesis hasta la colaboración convencida y eficaz en la acción. Por este motivo nos encontramos en un momento que tenemos que aprovechar, y hacer nuestros aportes, ya sea para el análisis de la situación, con sus riesgos y dificultades, así como las ventajas relativas con que contamos.
Al respecto cabe insistir, en el campo de la catequesis de Iniciación, en el esfuerzo creativo que tenemos que realizar para llegar a los padres y a las familias de los niños y jóvenes, invitándolos a que se unan a la transmisión de la fe y los acompañen con su testimonio. La catequesis abarca necesariamente la evangelización de las familias, del ambiente social, de las costumbres y la cultura, pues sin ello la hermosa tarea que se realiza con los niños se vería seriamente amenazada, tal como lo experimentamos constantemente. Es importante también repetir que la formación catequística debe acompañar cada paso –en la doctrina y en la práctica– con la correspondiente aplicación en las celebraciones litúrgicas, y no meramente didácticas, con las iniciativas misioneras y caritativas, con la propuesta testimonial. La entrada en la vida cristiana no puede ser cognoscitiva solamente. La formación permanente de los catequistas necesita que los Curas Párrocos se involucren personalmente, con mucha responsabilidad, para ayudarlos y procurarles los medios necesarios.
De una manera adecuada a la edad y a las condiciones de quienes reciben la catequesis hay que preparar el espíritu y la inteligencia de sus destinatarios para los desarrollos que deberán venir inevitablemente, con el crecimiento mental y físico, las nuevas situaciones familiares, el progreso social y científico y también, porqué no decirlo claramente, con el proceso de secularización y el alejamiento tan acelerado que se está produciendo de las características cristianas y de los valores en nuestras comunidades y la influencia de un proyecto educativo que no tiene en cuenta la ley natural ni los componentes evangélicos en nuestra cultura. Es ya difícil para nuestros fieles adultos encontrar las respuestas y contar con los argumentos para sostener su fe y su práctica en la vida personal, familiar y social, frente al avance de propuestas realmente disolventes, que se presentan con la recomendación de su aceptación generalizada y el aval legislativo. Ello se debe a que muchas veces el único bagaje doctrinal con que cuentan los cristianos es la ya lejana catequesis recibida, que se debería actualizar y consolidar constantemente en el seno de las comunidades parroquiales, en las familias cristianas y en las instituciones educativas, especialmente.
El Santo Padre Benito XVI nos ha propuesto un Año de la Vida, que estamos transitando actualmente. Es una ocasión muy oportuna para afirmar los conceptos básicos, no solo del respeto a la vida naciente, sino también de las condiciones necesarias para el cumplimiento de la vocación de todo hijo de Dios. Necesitamos difundir una visión del hombre, una antropología cristiana, que nos garantice el conocimiento y la comprensión de los fines que Dios Creador nos propone que alcancemos.
También, con motivo del 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II el 11 de octubre de 1962, el Santo Padre nos ha dirigido una Carta apostólica, que comienza con las palabras “Porta fidei”, La Puerta de la fe, para convocar a la celebración de un Año de la fe. Comenzará el 11 de octubre de 2012 y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013. El propósito es “intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, … Tendremos la oportunidad de confesar la fe en el Señor Resucitado …, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y trasmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre” (n. 8). Retomar la identidad cristiana por la confesión y la proclamación de nuestra fe, para no conformarnos con una pertenencia puramente sociocultural, es un gran desafío, y la catequesis resulta el ámbito apropiado para que comencemos la renovación profunda a la que estamos invitados. El primer párrafo de la Carta apostólica señala esta responsabilidad de una manera clarísima cuando dice:
“La puerta de la fe (cf Hech, 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza este umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esta puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cf Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él (cf Jn 17, 22). Profesar la fe en la Trinidad – Padre, Hijo y Espíritu Santo – equivale a creer en un solo Dios que es amor (cf 1 Jn 4, 8): el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en al espera del retorno glorioso del Señor” (n. 1).
¿No reconocemos acaso en este vigoroso párrafo el fin de la catequesis, su proceso y método, su cumplimiento en la plenitud de la vida cristiana? Nada falta, desde la iniciación por la fe de la Iglesia y los sacramentos, la orientación definitiva hacia la vida eterna, la confesión trinitaria, el compromiso evangelizador que es fruto de la caridad. Con este propósito nos disponemos entonces a retomar las actividades en el corriente año, y los animo a incorporarse con entusiasmo y generosidad a la invitación que nos dirige el Papa, para renovar desde su interior por la formación y el testimonio su gran aporte evangelizador que es la catequesis.
Cuentan con la gratitud de la Iglesia y el aprecio de sus pastores, con nuestra oración ferviente por ustedes y por todos aquellos que les están confiados. Al iniciar las actividades del año les envío mi afectuosa bendición, con grandísimo afecto, en el Señor.

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