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Nueve de Julio
martes, julio 23, 2024

Virginia Crespo. Una religiosa, que derramó amor a manos llenas

* Nacida en Bolivia, fue educada en Buenos Aires.
* Religiosa del Instituto de Siervas de Jesús Sacramentado, fue enviada a Uruguay, donde vivió durante 27 años.
* Fue fundadora de dos congregaciones: una, de religiosas, que creó, sin salir de su congregación, con el carisma orientado hacia los niños discapacitados y, otra, de consagración secular, que poseen votos de castidad, pobreza y obediencia, con la denominación de Siervas Seculares Sacramentinas, las cuales viven su consagración de su vida de hogar.
* Arribó a 9 de Julio en 2004, realizando una importante actividad educativa.
* En 2014 fue galardonada con la distinción “Divino Maestro”.
* Habiendo transcurrido algunos años desde su fallecimiento, se la recuerda con afecto en nuestra comunidad.

Hace veinte años atrás, en junio de 2004, arribaba a nuestra ciudad la hermana Virginia Crespo, quien venía para integrar la comunidad religiosa de 9 de Julio, de la congregación de Siervas de Jesús Sacramentado. Su arribo fue silencioso como el trayecto de su vida que, madurada a la luz del Santísimo Sacramento, abrazó una vocación que influyó en la vida de la Iglesia.
La hermana Virginia Crespo había nacido en Bolivia, pero fue educada en Buenos Aires y durante veintisiete años vivió como religiosa en Uruguay, donde realizó una importante actividad pastoral y educativa.
Había obtenido la licenciatura en Psicología en la Universidad Católica Argentina. De sólida formación humanística y con experiencia en la formación de las vocaciones religiosas, la hermana Virginia desempeñó diferentes encargos de sus superiores en las comunidades de la obra.
Fue directora del Instituto Casa de Jesús y, en los años en que estuvo en 9 de Julio fue una religiosa muy estimada, tanto por sus hermanas de congregación como de la comunidad educativa del Colegio.
Diariamente se la veía caminar en derredor de la Plaza “General Belgrano” rezando el Rosario.

Hermana Virginia Crespo.

FUNDADORA DE LA FAMILIA SACRAMENTINA
Quizá la obra más importante en la vida de la hermana Virginia Crespo sea la fundación de la denominada “Familia Sacramentina”, una de las nuevas formas de Vida Consagrada existentes actualmente en la Iglesia. La misma surgió en Uruguay como rama secular del Instituto Siervas de Jesús Sacramentado y de Derecho Diocesano.
La hermana Virginia, una enamorada de Jesús Sacramentado, viendo la necesidad de tantos laicos que deseaban consagrarse a Dios en pleno mundo, fundó esta familia en Uruguay, extendiéndose más tarde a Argentina, España y otros lugares.
La Familia Sacramentina está integrada por laicos que viven dos formas diferentes de consagración: Las Siervas o Siervos Seculares Sacramentinos (SSS) y las Lámparas Vivas. Los Siervos Seculares son hombres o mujeres solos (viudos, solteros, separados) que se consagran con votos de castidad, pobreza y obediencia, viviendo los consejos evangélicos en pleno mundo, y las Lámparas Vivas, que son personas solteras o casadas que se consagran con promesas anuales de entrega generosa a Jesús Eucaristía y con el compromiso de vivir el espíritu de los votos de sus hermanos.
Su principal apostolado es la adoración al Santísimo Sacramento, de la cual sacan el impulso necesario para ser apóstoles en la propia familia, en la profesión y en los servicios parroquiales, colaborando fielmente con los sacerdotes y comprometiéndose a rezar por las vocaciones sacerdotales, y las vocaciones de especial consagración.

RECUERDOS DE UNA ENTREVISTA CON “EL 9 DE JULIO”
A poco de haber arribado a 9 de Julio, el 26 de julio de 2004, la hermana Virginia concedió una entrevista a EL 9 DE JULIO. En ese momento, quien tuvo la oportunidad de entrevistarla, tal como lo plasmó en la nota publicada entonces, puedo advertir el impulso de la religiosa por educar con el amor y la ternura.
“Mi tarea –comentaba la hermana Virginia- en este momento es la de ayudar a los niños, adolescentes y jóvenes, a que expresen sus sentimientos. Porque, muchas veces, suelen ser niños y adolescentes a los cuales no se les escucha, y mi tareas es apuntalar sus sentimientos para estos vayan paralelos con la conducta”.
“Son los maestros –agregaba- y los profesores quienes me envía a aquellos alumnos que suponen necesitan una ayuda de esa clase. También hablo con los padres, les advierto a los padres el caudal de alegría que sería para el niños que les brinden su tiempo para escucharlos”.
La hermana Virginia era contundente al determinar uno de los problemas: “El drama es que muchos padres no escuchan a sus hijos. Se preocupan mucho de darles cosas, pero darles su tiempo es lo que más les cuesta, es la carencia tan grande que tienen, se emocionan tanto que lloran”.
“Los niños quieren volver a las entrevistas. Los chicos no están acostumbrados a llorar, por lo tanto no traen ese instrumento que todos necesitamos, el pañuelo, y con la bufandita se secan las lágrimas. A cabo de la entrevista me dicen: ‘hermana la quiero mucho, vuélvame a llamar’”, explicaba en aquel momento.

La Hermana Virginia Crespo recibiendo, en 2014, la Distinción «Divino Maestro».

PALABRAS FINALES
En 2014 el Consejo Superior de Educación Católica (Consudec) le entregó la distinción “Divino Maestro”. La tradicional estatuilla le fue otorgada como reconocimiento a su encomiable labor educativa.
La hermana Virginia falleció el 29 de noviembre de 2020. En su paso por la vida fue un importante testimonio para la vida consagrada, en el servicio a sus hermanos y en la constante ayuda.

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