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Nueve de Julio
viernes, mayo 24, 2024

Dennehy. Un lugar sin tiempo y el llamado de la tierra

Merced a la gentileza de Marta y “Paito” Lizarralde, hemos podido acceder a muy interesantes referencia acerca de la rica historia y no menos importante presente de la comunidad de Dennehy.
A poco más de 20 kilómetros de 9 de Julio se encuentra la localidad de Dennehy -nombre que se le asignó a la estación ferroviaria- y que denomina también al poblado de Marcelino Ugarte. Según la historia, debe su nombre a quien fuera el donante de las tierras (200 hectáreas): Don William Dennehy. Familia de origen irlandés a quien el gobierno le solicitó ese espacio para la radicación del ferrocarril y el delineamiento del pueblo.

«Paito» y Marta en la capilla de Dennehy.

Su entrada principal, con el típico cartel con el nombre, se encuentra en el Kilómetro 240 de la Ruta Nacional N° 5. El acceso es de tierra. Y, en efecto, es que la tierra es lo que define al lugar, tanto por el trabajo, como por el arraigo de quienes aún hoy lo habitan (cerca de un centenar de habitantes) o de los que allí crecieron y vuelven para cada fiesta a visitar y a acompañar a los amigos. Muchos ex residentes retornan para asistir a cada misa o procesión en honor a su Patrona, la Virgen del Carmen. Tres y hasta cuatro generaciones transmitiendo de padres a hijos los afectos y tradiciones, como un ritual.
Recorriendo sus calles y su armonioso trazado, descubrimos una cuidada plaza, su centenaria Escuela N° 10 y su romántica y diminuta capilla.
Adentrándonos un poco más, aparece el Club y Centro Recreativo “25 de Mayo”, espacio de encuentros, festejos, asados y en el que las comisiones se renuevan. Siempre se destaca la misma aspiración: organizar y proyectar lo mejor para la comunidad.
Añosas arboledas, edificaciones y viviendas desperdigadas aquí y allá, testigos mudos de otros tiempos… Y es que medio siglo después de su fundación (1883), Dennehy llegó a contar con casi 3000 habitantes: un centenar de familias que tejieron vínculos desde su niñez. Una época idílica, de casas a puertas abiertas, sin timbres ni prisas, en que la visita se anunciaba con un golpe de palmas. Los chicos crecían jugando con amigos y familiares en los espaciosos terrenos arbolados que abundaban a un lado y otro de sus calles.
Eran tiempos de la “gauchada”, asociada a la vida apacible y en confianza de la comunidad era la regla y no la excepción. Aquellos domingos de ayer, en Dennehy, cuando jugaba su equipo de local en la cancha del pueblo, se vivía una verdadera fiesta… Y ni qué decir cuando el Dennehy FC obtuvo el campeonato de la Liga Nuevejuliense de Fútbol, allá por 1974. Una explosión de alegría expansiva que movilizó al pueblo entero. Un recuerdo imborrable que quedó en la memoria de grandes y chicos.

Los hermanos Dennehy junto al entonces intendente municipal Jesús Blanco en ocasión de la visita para celebrar el centenario de la escuela de la localidad.
Alumnos y ex alumnos de la Escuela N° 10.

Finalmente, y a modo de anécdota, cabe mecionar que la familia Dennehy, descendientes de Don William Dennehy (donante de las tierras) se mantienen en contacto con algunos integrantes de la localidad. Dos de los nietos de William, se hicieron presentes en la celebración del centenario de la escuela. Según palabras de “Kika” (esposa de Walter), los descendientes de la familia Dennehy, poseen un sentimiento de pertenencia hacia el lugar. Cuenta que, de paso por la Ruta 5, paran a tomarse fotos en el cartel de acceso. Asimismo, manifiesta el deseo de los más jóvenes de visitar y conocer la actual población.
Dennehy es en síntesis, una localidad laboriosa en lo rural, futbolera, religiosa, amigable. En la actualidad, atraviesa un proceso de transformación, gracias al trabajo de un puñado de hombres y mujeres, curiosos e inquietos, que intentan imprimirle un nuevo carácter a través de las huertas. A ello se suma el esfuerzo por renovar su club de fútbol, la música y los encuentros en su ya mítica Casa de Té.
Soplan vientos de cambio en este paraje rural. Deseamos traigan reencuentros de brazos y corazones abiertos, además de muchos y reparadores regresos… ahí donde ayer sólo hubo partidas…
Porque las raíces, el “pago chico”, la tierra… siempre llama; y algunos saben escuchar la convocatoria.

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