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miércoles, febrero 28, 2024

«Angelita, la gomera». Evocación de una mujer emprendedora

* La suya fue una historia singular para su tiempo, cuando no era frecuente que una mujer tuviese espacio en rubros netamente reservados a los hombres.
* En su edad otoñar, a raíz de una enfermedad irreversible de su esposo, debió asumir el oficio ejercido por aquel: la atención de una gomería.
* Su vida fue un auténtico testimonio de constancia y entrega al trabajo.
* Fue catequista y durante muchos años cooperó en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima (hoy Santuario Diocesano) y en la Capilla del Sagrado Corazón, cercana a su casa.

En el Diccionario de la Real Academia Española, la segunda acepción de la palabra “Gomera” define, en género femenino, a la “persona que se dedica a la reparación y a la venta de neumáticos de automóviles. Quizá aún hoy, para muchos lectores, resulta inusual no leerla en género masculino, pues hay quienes asociación recurrentemente este oficio a los hombres.
Lo cierto es que, el rubro de la gomería, hoy es explorado con muy buen éxito por mujeres emprendedoras que hacen honor a una actividad surgida a la luz del desarrollo de la industria automotriz, que reemplazó la tarea del herrero que moldeaba y reparaba los aros y los ejes de las ruedas de los carros.
Hace medio siglo atrás era menos frecuente aún que una mujer ejerza el oficio de gomería, en la reparación de neumáticos de vehículos. Por ese entonces fue que, Angela Baluzzo de Femández, acometió la labor.
Nacida en 9 de Julio el 26 de septiembre de 1916, en una humilde vivienda ubicada en la calle Jujuy (hoy Edison), entre Avellaneda y Alsina, barrida por el progreso hace una veintena de años.
Fue la quinta de siete hermanos, hijos del matrimonio de inmigrantes, Antonio Baluzzo Chiaruzzo y Maria Dominga Battagli, llegados a la Argentina cerca de principios del siglo XX. Su padre, electricista de profesión, había trabajado junto a Eugenio Richer, en la primera usina de Núñez Monasterio, ubicada en la actual avenida San Martín, luego pasó a la usina de la calle Edison y Río Negro (hoy Cardenal Pironio) hasta su retiro.
En los primeros años de su juventud, “Angelita”, tal como le apodaban, ayudó en los quehaceres a sus padres. Además, realizó trabajos en costura, tejido y corte.
El 20 de marzo de 1948, contrajo matrimonio con José Joaquín Fernández (“Pepe”), quien fue el compañero de toda su vida. A pesar de las horas difíciles, “Angelita” y “Pepe” mantuvieron una unión muy fuerte por más de cuatro décadas, hasta la muerte del último, en diciembre de 1996. Ella habría de sobrevivirle poco menos de un decenio.

LA GOMERIA
En 1951, su esposo instaló, junto a Horacio Castaño, una gomería en las inmediaciones de Tucumán y Vedia. Fernández tenía experiencia en el ramo. Desde 1943 había trabajado junto a “Tito” Gorostidi en el local de Mitre y Corrientes.
Más tarde, en 1968, “Pepe” Fernández trasladó su gomería a la esquina de Río Negro y Entre Ríos (hoy Cardenal Pironio y Arturo Frondizi). Fue allí donde, en 1974, al ser afectado su esposo una enfermedad irreversible que lo limitó en su movilidad, “Angelita” debió ponerse al frente del negocio, junto con otros tres empleados. Aprendió los por menores del oficio, y con una nutrida clientela, pudo constituirse en auténtica gomera.
Más de una vez se le vio cambiar neumáticos de automóviles de diferentes portes. Con su inconfundible guardapolvo de color azul, comenzaba la jornada temprano y cerrabas las puertas a altas horas.

“EJEMPLO DE LABORIOSIDAD”
El 6 de mayo de 1976, en las páginas de Diario EL 9 DE JULIO, su director Antonio Aita le dedicó una interesante nota, donde la definió como un “ejemplo de laboriosidad”.
“Que haya mujeres laboriosas –escribía Antonio-, no es ninguna novedad… Hay tantas que nos asombran con su guapeza y con su sacrificio. Pero que hayan asumido la responsabilidad de una gomería y se pueda ver sacando y poniendo ruedas a automóviles y camionetas, ya eso no es caso frecuente, ni mucho menos…”.
“Nos referimos a doña Angela Baluzzo de Fernández quien […] ha asumido a pleno la tarea de la conocida gomería, en la que trabaja con alegría y con ponderable eficiencia. Con su físico menudo y su envidiable dinamismo, muestra que la mujer tiene para su actividad campos como el mencionado para incursionar”, expresaba.

LA CATEQUESIS Y SU APOSTOLADO SEGLAR
Siendo párroco el presbitero Ignacio Rivas, durante largos años, Angela Baluzzo colaboró en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima (hoy Santuario Diocesano). Fue delegada para la pastoral con los enfermos, misionera de manzana y catequista.
Como catequista inició a muchos niños en la fe católica. Les dictaba los encuentros en su propio hogar, sirviéndoles chocolate y prodigándoles un maternal cariño.
Junto a “Pepe”, su esposo, fue pionera entre quienes trabajaron para la edificación de la capilla Sagrado Corazón de Jesús. Entre noviembre de 1966 y junio de 1969, trabajó en la construcción del templo, junto a otros vecinos de aquella numerosa barriada.
En 1971, gracias a sus gestiones la capilla contó con un importante número de ornamentos y objetos de culto, todos ellos donados por monseñor Agustín Herrera.
Los Fernández fueron dilectos amigos del primer obispo de 9 de Julio, amistad que se mantuvo a través de un rico intercambio epistolar, casi hasta la muerte del prelado. En efecto, gozaron de la estimación de monseñor Herrera, desde 1957, acompañándolo como flamante obispo de esta Diócesis. Como amigo de la familia, estuvo junto a ellos en horas difíciles. Incluso, tuvo la atención de obsequiar, a la madre de Angela, con una bella de imagen de la virgen, que se conservó por años y hoy su destino es incierto.

PALABRAS FINALES
“Angelita” Baluzzo, “la gomera”, como le llamaban quienes apreciaban la gran dedicación que brindaba a su oficio, falleció en 9 de Julio, en 2005.
Ciertamente grande y variada puede ser la tarea que alguien debe emprender por sobre las adversidades, teniendo como motor esencial al amor. Aun frente al dolor, la angustia, la desolación, puede el alma humana elevarse, hasta lo más profundo, y trascender hacia lo más pleno
Muchas veces, a los seres, en su carrera vital, les cabe enfrentarse con grandes escollos, incluso sortear los obstáculos más complejos. Pero, cuan feliz de aquel que ha de soportar las pruebas más duras, más audaces e intrincadas, por amor, tan solo por amor. He aquí, parte de la tarea trascendental y suprema de la misma existencia: amar, vivir, y dar la vida, solo por amor…
Mucho de lo que antecede, puede encontrarse en la vida de una mujer que, sin dudas, fue ejemplo de entrega, constancia y trabajo. No fue una persona de amistad simple, quizá muchos no le comprendieron la manera a veces severa con que hacia frente a las circunstancias infaustas. No obstante sabía derramar un caudal de afecto y empatía.

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