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miércoles, febrero 28, 2024

Julio Calviño Prada. Poeta, romántico y gran luchador

Tuvo, tal como lo señala el epígrafe de esta nota, mucho de poeta, de romántico y de luchador. Así fue don Julio Calviño Prada, un español que se radicó siendo joven en 9 de Julio y que adoptó este terruño como propio.
Nacido en Orense, al sureste de Galicia, en el hogar de Manuel y María Dolores, transcurrieron en la tierra natal su infancia y primera juventud. Se hallaba cursando sus estudios de abogacía cuando una tragedia precipitó su viaje a América.
En efecto, había iniciado una relación amorosa con una joven. Un amor que se había iniciado en un baile o almuerzo organizado tras la “malla”, como era costumbre realizar en los pueblos de la península tras la faena de almacenar las pacas de paja.
Ambos se enamoraron, pero la muerte prematura de la joven truncó la relación.
Tal como lo recuerda Betty Calviño, en su emotivo libro “9 de Julio Bs. As. Lejos en el tiempo, cerca de mi corazón”, su padre le había confesado que “nunca le perdonó a la familia de ella, que no le hubieran dicho que padecía una enfermedad incurable”.
“Hizo su valija y se fue de España para siempre”, completa Betty.

Julio Calviño Prada.

EN ARGENTINA
Apenas llegó a la Argentina, Julio Calviño Prada, se afincó en La Plata. La estancia en aquella ciudad le permitió obtener un empleo estable y, al mismo tiempo, proseguir sus estudios universitarios.
En Junín vivía un tío suyo, lo que en buena medida debió favorecer su arribo.

EN 9 DE JULIO
Julio se radicó en 9 de Julio tras conocer a quien sería su esposa y compañera por el resto de su vida: Rosa Dominga Citro, hija de dos inmigrantes que fueron tronco de una antigua y apreciada familia de esta comunidad: Antonia y Benedetto Citro.
Rosa y Julio mantuvieron un largo vínculo epistolar hasta verse por primera vez. Se casaron y fruto de esa unión nacieron dos hijas, muy estimadas entre los nuevejulienses: Mary Rosa y Betty Calviño Citro.
“Con el tiempo –explica su hija, en la obra citada- comprendí que papá había dejado todo por ella… El empezó otra vez una nueva etapa. Supongo que con la ayuda del abuelo, inició una tarea desconocida: sería dueño de un almacén, trabajo que continuó largo tiempo, hasta que un día decidió abandonar. Ya era considerado uno más del pueblo”.
Tras dedicarse al comercio, fue productor de seguros y realizó tareas de cobranza para diferentes instituciones o firmas de la plaza local.

EN LAS INSTITUCIONES. EN LA LUCHA POR EL BIEN DE LA COMUNIDAD
Julio Calviño Prada fue un poeta, notable escritor y ardoroso orador. Más de una tribuna lo encontró, con sus discursos vibrantes en defensa de los intereses comunitarios.
Cuando en la década de 1950 se pretendía extender el pavimento de la ciudad a un elevado costo, lo que causaba preocupación del vecindario, que debía sufragar la obra, alzó su voz a través de las propaladoras publicitarias por red que existía en la ciudad. Fueron memorables sus intervenciones, no solamente por su elocuencia, sino también por la recurrente cita de la obra teatral “Los intereses creados” de Jacinto Benavente, que Calviño conocía acabadamente.
Participó, asimismo, de manera activa en dos instituciones: el Centro de Empleados de Comercio y la Asociación de Bomberos Voluntarios. En la primera, tanta veces se le veía recoger las entradas en las veladas danzantes y en la segunda, por largos años, colaborando eficazmente en cada emprendiendo.
“Papá –afirma su hija Betty- era un hombre muy especial. No renunció a su ciudadanía, no fue político, no le importó. Julio luchaba por sus ideales en sus acciones. Nos enseñó a mi hermana y a mí que debíamos vivir más allá de nuestra casa, que teníamos que escuchar las voces de la calle, de no ser indiferentes a las necesidades del otro, acercándonos a los olvidados”.

Su esposa, Rosa Citro.

EL RETORNO A SU PATRIA
Entre junio y septiembre de 1965, Julio Calviño visitó su tierra natal. Retornaba a España tras treinta y nueve años de ausencia y puedo reencontrarse con su padre y sus hermanos María, Alfonso, Rosa, Laura y Claudio; con sus cuñados, sobrinos y otros miembros de su familia.
Además, tuvo oportunidad de entrevistarse con los bomberos de Orense a quienes entregó un obsequio de parte de la Asociación de Bomberos Voluntarios local.
Fruto de esa travesía que, desde luego, fue para él gravitante en su vida y particularmente emotiva, es un interesante diario de viaje que aún se conserva.

PALABRAS FINALES
Julio Calviño Padra falleció en 9 de Julio en 1970. Una nota periodística publicada tras su muerte lo evoca como “un ejemplo de hidalguía y moralidad”.
“Sus amplios conocimientos –añade el texto de prensa- y su afán por la escritura, lo llevaron muchas veces a ocupar columnas en diarios locales y de la Capital Federal, imponiendo en cada una de ellas su veracidad y sinceridad, para empuñar la pluma y defender uno u otro concepto”.
Si bien han transcurrido muchos años desde su muerte, aún son varios los nuevejulienses que le recuerdan. Lo ven imaginariamente, en la bruma del recuerdo, en su caminar sereno por las calles de 9 de Julio; con su portafolio de cobranzas, saludando y conversando holgadamente con quien se dispusiera a detener el paso, en esas jornadas donde la prisa aún no marcaba el ritmo de la ciudad.

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