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Nueve de Julio
miércoles, febrero 28, 2024

Un “nuevejuliense” en Camino a los Altares

La beatificación de Monseñor Eduardo Pironio.


La beatificación de Monseñor Eduardo Pironio, además de su valor eclesial, constituye una gran satisfacción para la comunidad católica que siempre vio en él un gran hombre al servicio de la fe. Pero los nuevejulienses tenemos en perspectiva la figura de alguien que nació entre nosotros, que lo vimos, que lo tratamos y eso conlleva un orgullo inmenso que debemos valorar. De ese religioso que siempre visitó y recordó a su lugar natal con orgullo y sentimientos de pertenencia.
Lo recuerdo, siendo yo adolescente de pantalones cortos, cuando pasaba por la vereda de enfrente de mi casa con paso ligero con destino a la entonces Iglesia Santo Domingo de Guzmán y se decía “allí va el Padre Pironio”, era joven y muy delgado
Quienes pudimos tratarlo supimos lo que era recibir, siempre, un mensaje de paz y confort espiritual desde sus gestos siempre amables y cordiales.
En mi caso pude tratarlo varias veces, especialmente en Roma, y me permito señalar las características de algunos de esos encuentros, con la sola intención de agregar algo personal al cúmulo de anécdotas que adornar su santa vida. Impulsado por mi condición de católico y de nuevejuliense.
En 1969 con un grupo de amigos tuvimos en La Plata una larga entrevista con él para que nos ilustrara en la etapa postconcilio y sobre los dramas sociales que se registraban en Latinoamérica.
En 1971 bautizó en Pascuas a mi hijo varón en una iglesia de La Plata, cuando era Arzobispo auxiliar de esa Diócesis. Recordamos siempre sus palabras parangonando al bautizado con el hombre nuevo de la fiesta pascual.
En 1984 le dio la primera comunión a una de mis hijas en la capilla particular de su casa en el Vaticano y al escucharse el canto permanente de un canario aludió a que se trataba de un ejemplar traído de 9 de Julio y que esperaba que lo sobreviviera.
En 1986 tuve otro encuentro en Roma y me expresó su alegría `por saber que en la Catedral de 9 de Julio había rescatado y repuesto la imagen de la Virgen de Luján a la cual le rezaba su madre y que responde a la conocida anécdota de que le permitió tener 22 hijos de los cuales Eduardo era el menor. Estaba muy contento con ese hecho.
En años posteriores lo vi alguna otra vez y tuvimos algunos intercambios telefónicos por una cuestión de su interés que traté de satisfacer.
La foto que me permito agregar es significativa. Estamos por cenar en Roma para celebrar la consagración como Cardenal de Monseñor Antonio Quarracino y de, mi querido primo, Monseñor Carlos Galán como Arzobispo de La Plata. Estamos con el Cardenal Pironio y el Cardenal Primatesta. Con su habitual humor Monseñor Pironio lo bromeaba a Primatesta diciéndole que en esa mesa era el único que no tenía nada que ver con 9 de Julio.
Lo vi un tiempo después en Buenos Aires, ya muy desmejorado. Entre otras cosas padecía de una permanente cefalea.
Por último, estuve en su funeral en Buenos Aires donde pude ver una vez más el dolor de Monseñor Quarracino por la muerte de su gran amigo de siempre. Lo vi llorar como vi hacerlo a los dos cuando Monseñor Quarracino recibió la Diócesis de Avellaneda de manos de su amigo
Como ya expresé, he querido manifestar por este medio, y compartir, el orgullo nuevejuliense por quien va “en camino hacia los altares”.
Luis Antonio Barry

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