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miércoles, febrero 28, 2024

Roberto Murillo. Vida y legado de un gran artista

Por Héctor José Iaconis.
Tuve el privilegio de conocer a Roberto Murillo a través de un común amigo, Roberto B. Tarantino. La primera vez que dialogué con él fue en la casa del segundo, en el piso superior, donde se encontraba un gran cuadro con la recreación de una vista del Parque “General San Martín”. Con el tiempo supe que, ese paisaje, pertenecía al pincel de Murillo.
Desde entonces le traté en diferentes momentos. Me acompañó, hace una veintena de años, con generoso y respetuoso consejo durante mi paso por la dirección del Museo y juntos diagramamos y realizamos dos muestras de obras de dos artistas que él había conocido de cerca: Baamonde y Bustos Fernández.
Así le recuerdo ahora al redactar estas líneas, breve semblanza acerca de su rica biografía. Lo evoco en su personalidad introvertida pero profunda, en su pensamiento esclarecido y agudo, en su sabiduría tan absoluta y también en su silencio. Como a través del cristal opaco de una lente, con la que se intenta observar el pasado, le veo entre los anaqueles de su inmensa biblioteca o en la reunión amistosa del Club “ALAs”, donde primaba tanta camaradería.
Nacido en 9 de Julio el 15 de septiembre de 1924, en un hogar conformado por otros tres hermanos (Rogelio y Enrique), era hijo de Esteban Valentín Murillo y María Laura Bellesi. Su padre, español aunque accidentalmente nacido en Cuba, donde su abuelo se desempeñaba como comandante de administración en el ejército de ocupación, vivió en Baños de Río Tobía, cerca de Logroño.
Tras emigrar a la Argentina, su padre dedicado al comercio, se estableció en 9 de Julio como socio de la firma “Murillo Hermanos y Fernández” que poseía la Zapatería “El Nuevo Siglo”, cuya sucursal tuvo sede en la esquina de Bartolomé Mitre y Robbio. Aquí conoció a su madre.
En la proyección bucólica de 9 de Julio, hacia finales del veinte y comienzos de los años treinta, transcurrió la infancia de Roberto y tempranamente vivió el despertar de una vocación que le acompañó a lo largo de toda su vida. Con apenas diez años comenzó su interés por el dibujo.
Tal vez de su padre había recibido el influjo de un mismo amor hacia las artes plásticas. Excelente dibujante, don Esteban, fue el autor del logotipo o cabecera empleada por el periódico “La Fe” en su primera plana y del diploma de acciones entregado a sus socios por la Usina Eléctrica Popular.
En su propia ciudad, en el paisaje arcádico de sus lugares, encontró un campo fértil donde recoger temas para sus pinturas.
“Solía -recordaba, en un diálogo mantenido con Diario EL 9 DE JULIO en 2009- agarrar la bicicleta y la caja de colores los fines de semana e ir por las orillas a sacar temas que aunque parezca mentira, a pesar del ambiente ‘chato’ en el que estamos, siempre se encuentran cosas y lugares que llaman la atención”.
Roberto tomó clases particulares primero con la profesora Celia Mondelli de Merico, en los cursos que se dictaban en horario vespertino en el edificio de la Escuela Nº 1. También fue alumno de otros dos eximios maestros: Jado Quiroz y Félix Aranguren, con quienes cultivó también una cordial amistad. El último, famoso por sus máscaras, algunas de las cuales aún se conservan en esta ciudad, le abrió el camino en el uso del pastel.
“Le dieron –refiere en la entrevista de 2009- la ‘catedra’ a Jado Quiroz, que dibujaba y pintaba con tinta de colores. En esa época, las fotografías, si uno las quería en color, había que colorearlas. Y se dedicaba a eso y pintaba con un tipo de acuarela, que eran tintas en realidad. En esa época, la Velox era patrocinada por la compañía Kodak, y este hombre conocía los secretos para hacer que la tinta de colores tuviera efecto”.

Roberto Esteban Murillo.

LA ENSEÑANZA
La conocida generosidad de Roberto Murillo se manifestó en su paso no tan fugaz por la enseñanza. Dio clases de dibujo en el antiguo edificio de la Sociedad Española, que también ocupó en su momento el Club y Biblioteca “Agustín Alvarez”, en la esquina de Libertad y avenida San Martín, donde actualmente se yergue el edificio de la filial del Banco Credicoop.
“Me facilitaron –rememoraba en 2009- un salón para enseñar a dibujar con carbonilla. Se juntaban 10 o 12 personas alrededor de un modelo, y yo miraba de vez en cuando para ver qué correcciones había que hacer. El uso de la carbonilla se difundió en esa época, y no precisamente la que venden hoy en las librerías, sino una europea, más sólida, que permitía trazos más interesantes”.
También contó con alumnos en casa particular.
En todos los casos, como auténtico maestro, se brindó con amplitud, permitiendo que no pocas personas descubran las facetas y dimensiones múltiples del hecho artístico.

EN LAS INSTITUCIONES
Siendo muy joven participó de la Federación Cultural Nuevejuliense, fundada en junio de 1942 y desaparecida en 1966. También lo hizo como integrante de la comisión directiva de la Biblioteca Popular «José Ingenieros». Allí ocupó los cargos de vocal (1956-1957, 1957-1958, 1967-1968 y 1975-1977), tesorero (1958-1959 y 1961-1962), vicepresidente (1960-1961) y presidente (1959-1960)
El 3 de octubre de 1994, su amigo Roberto Tarantino fundó en 9 de Julio la revista cultural “Alas”. A instancias de esta publicación surgió, un par de años después, el 24 de mayo de 1996, el Club “Autores Libres Agrupados”, entidad que pudo reunir un núcleo de autores, artistas y diletantes en el arte. Roberto Murillo no solamente participó en su gestación, sino que también fue un miembro gravitante del Club “ALAs” y colaborador frecuente de su revista con enjundiosos artículos vinculados con su especialidad.

Roberto Murillo (sentado a la izquierda), junto a su esposa, Olga Raquel Canusso, el doctor Oscar Ormaechea y Oscar Legnoverde. De pié, Héctor Iaconis autor de esta nota y Néstor Contarini. La fotografía fue tomada en 1996 durante una reunión del Club «ALAs».

TRADUCCIONES Y TRABAJOS SOBRE TEORIA
En su monumental biblioteca halló las fuentes necesarias para sus escritos técnicos. Roberto Murillo fue un estudioso de la teoría pictórica y de la técnica, de las artes en general y de los grandes maestros de la pintura.
Algunos de sus artículos muestran erudición y permiten advertir su apego magnánimo hacia las diferentes manifestaciones del arte. Asimismo, estudió y tradujo del francés y del italiano, textos vinculados con las temáticas de aquellas disciplinas artísticas que más le atraídan. También anotó y tradujo algunos autores clásicos provenientes de otras lenguas.
Uno de sus trabajos de traducción más encomiables fue la que realizó sobre el volumen de Charles Bouleau, «Charpentes. La géométrie secrète des peintres», editado por Seuil .También promovió una impresión facsimilar de la versión española de “La Ciencia de la Pintura” de Jehan Georges Vibert, a partir de la edición de Paul Ollendorff de 1908.

SUS OBRAS
Roberto Murillo, como artista plástico, exploró muy variadas técnicas, diferentes materiales y soportes. Sus cuadros reflejan la formación que alcanzó a lo largo de tantos años.
Una de sus obras, quizá la más importante, es el mural que refiere a la Adoración de los Magos al Niño Dios que se encuentra en el mausoleo familiar de Santiago Baztarrica, en el cementerio de 9 de Julio. Merced a su amistad con el arquitecto Edgardo Baztarrica, quien lo diseñó, aquel mural fue concebido y desarrollado con gran maestría; sin dudas, no sin el influjo creativo que había emanado de la presencia de Juan Manuel Sánchez y Ricardo Carpani en 9 de Julio por esos años.

SU AMISTAD CON ALDO BAAMONDE
Roberto Murillo mantuvo una relación de amistad muy sincera con Aldo Baamonde, dibujante y pintor, autor del escudo oficial del Partido de 9 de Julio. Solían compartir animadas pláticas sobre temas comunes, especialmente vinculados con la pintura.
Tras la muerte de Baamonde, al ser oficializado el escudo creado por aquel, fue Roberto Murillo quien pintó el ejemplar que se encuentra enmarcado en el Salón Blanco de la Municipalidad de 9 de Julio.
En 2003, por iniciativa del intendente municipal, doctor Oscar B. Ormaechea, prestó su espléndida contribución al diseño e instalación de la escultura en homenaje a su amigo, ubicada en el Parque «General San Martín».

PALABRAS FINALES
Si bien la labor que nos invita a evocar a Roberto Murillo se relaciona con su delectación artística y su obra como pintor y dibujante, corresponde recordar que, en una buena parte de su vida se desempeñó como empleado bancario. Había ingresado al Banco de la Provincia de Buenos Aires como auxiliar. Con el devenir de los años, a partir de sucesivos ascensos, alcanzó el cargo de Contador, empleo con el cual se acogió a los beneficios de la jubilación.
Casado con Olga Raquel Canusso (fallecida), de esa unión nacieron dos hijos: Liliana (también fallecida) y Omar Esteban. Además, preservan su legado familiar, sus ocho nietos y sus bisnietos
Roberto Murillo falleció en esta ciudad el 16 de junio de 2015.
Persona de sólidos principios, se mantuvo inalterable en sus ideales de vida. Fue una figura destacada en el desarrollo cultural de 9 de Julio en un momento clave. Cabal y honrado, íntegro y probo, fue un gran artista y, ante todo, un hombre de bien.

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