15 agosto 2022

El sepelio de los tres amigos

Por Héctor José Iaconis.

El 20 de enero de 1952 ocurría una de las más grandes tragedias aéreas acontecidas en 9 de Julio. Tres conocidos vecinos de la comunidad, Juan Fernando Lisazo, Lorenzo Carlos Bonfiglio y Aníbal Francisco Yarza, perdían la vida al estrellarse cerca de Bacacay un avión triplaza en el cual viajaban.
El acontecimiento, por su magnitud, causó conmoción en la sociedad nuevejuliense de entonces.
Hace pocos días atrás, Cecilia y Bernardita Lisazo Orbea, nietas de Juan Fernando, nos permitieron conocer un conjunto documental de inestimable valor histórico: seis imágenes fotográficas que registran el sepelio de las víctimas y una reproducción facsimilar de la carta que la Escuela Oficial de Pilotaje del Aero Club de 9 de Julio dirigió a don Adolfo M. Luna en agradecimiento por haber donado los gastos de los servicios fúnebres. Las fotografías se han conservado montadas sobre un soporte rígido (que formaba parte de una colección más amplia, de seis paneles expositivos) diseñado por Alberto y Luis Morea, el prestigioso ingeniero y su eximio sobrino arquitecto, y formó parte del desaparecido Museo “Remigio Brescia” de Casa Luna, erigido en esta ciudad por Ricardo Luna.
A través de esas imágenes evocaremos aquel hecho histórico y, para ello, también recurriremos al testimonio que, en esos días, recogió EL 9 DE JULIO en sus páginas.

Las tres carrozas fúnebres alineadas, una escena que hasta entonces no había sido vista en la comunidad (*).
El cortejo fúnebre parte de una de las viviendas, llevando el féretro «a pulso» (*).
La salida de la iglesia parroquial, hoy Catedral, luego de las exequias (*).

LA MAGNITUD DE LAS EXEQUIAS
Las fotografías muestras la magnitud que alcanzó el sepelio de Juan Lisazo, Lorenzo Bonfiglio y Aníbal Yarza, el primero, presidente de la Escuela Oficial de Pilotaje del Aero Club y los otros, miembros de la Asociación de Bomberos Voluntarios.

La tragedia –refiere la nota periodística- que tronchó a tres vidas jóvenes y arrebataba a tres muchachos buenos, puso una nota de intenso dolor a todos los conocidos. Lisazo tenía 38 años, dejó a su joven esposa con tres hijos; Yarza, hacía poco más de un año contrajo enlace y tenía 27 años de edad y Bonfiglio, que tenía contraída promesa matrimonial, cumplió 30 años el día de su desaparición.
Los velatorios realizados durante el día y la noche del domingo en los domicilios de los familiares de las víctimas fueron un continuo desfile de vecinos. En la mañana del lunes, los tres ataúdes fueron llevados al Palacio Municipal donde se velaron durante algunas horas”.
Antes de ser retirados los ataúdes para ser llevados a la iglesia parroquial donde se efectuó una emotiva ceremonia religiosa, una verdadera multitud se había dado cita espontánea para acompañar los despojos mortales. Una carroza cargada de flores y tres carrozas fúnebres encabezaron el cortejo. Los ataúdes eran llevados a pulso. El que contenía los restos de Lisazo por familiares y miembros del Aero Club, los de Yarza y Bonfiglio, por Bomberos Voluntarios.
Más de cinco mil personas marchaban silenciosas y apesadumbrada, dando la eterna despedida. Frente al Cuartel de los Bomberos Voluntarios, fueron colocados los ataúdes en las carrozas. En el cementerio, despidieron los restos de los extintos con palabras emocionadas, el Dr. Juan A. Maldonado, por el Aero Club; el Sr. Carlos Tacchi, por los Bomberos Voluntarios y el Sr. Angel Rodríguez, por el personal civil de la provincia. (1)

Aquel día, “la totalidad del comercio y las industrias no abrieron las puertas durante el mediodía, iniciando recién sus actividades por la tarde”.

EL GESTO DE ADOLFO M. LUNA
El gesto de Adolfo M. Luna, propietario de la empresa de servicios de sepelios, de no cobrar los gastos de las exequias de los infortunados vecinos fue muy valorado por el vecindario. No era la primera vez que Luna realizaba una acción solidaria de estas características y así lo reconoció el Aero Club de 9 de Julio cuando, el 27 de enero de 1952, efectuó una reunión extraordinaria con motivo del luctuoso accidente aéreo ocurrido días antes.

EL VALOR TESTIMONIAL DE LA IMAGEN
Sin dudas muchos vecinos recuerdan aquel acontecimiento que sacudió a la sociedad de 9 de Julio. No obstante, las imágenes fotográficas relevan a las nuevas generaciones todo cuanto sucedió, la afectación que embargó a un vecindario consternado ante la muerte de tres jóvenes. Una vez más, la fotografía se convierte en el testimonio ineludible, una fuente primaria de rigor para la comprensión del pasado.

NOTAS

(1) Archivo de Publicaciones Periodísticas de Diario EL 9 DE JULIO: EL 9 DE JULIO, edición del 23 de enero de 1952, año XLIII, n° 4728.
(*) Imágenes: Gentileza de Cecilia y Bernardita Lisazo Orbea/Museo, Archivo Histórico y Centro Cultural «Julio de Vedia».

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