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4 diciembre 2022
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Arturo Pérez. El silencio y el servicio

* Fue religioso, docente y administrador.
* Vivió en 9 de Julio entre 1993 y 2010, donde cosechó afectos.
* Recibió la distinción “Cid Campeador”, otorgada por el Centro Burgalés de Buenos Aires.
* Se caracterizó sencillez, modestia, discreción, cordialidad, humildad y bondad.

Fue un hombre sencillo y pacífico, siempre atento a las necesidades de los demás. Esencialmente, un hombre profundamente religioso, fiel a los compromisos cotidianos. Quizá no hablaba de grandes teologías, pero jamás descuidaba su formación personal.
Así fue Arturo Pérez, quien vivió durante diecisiete años en 9 de Julio, sirviendo en el Colegio Marianista “San Agustín”.

Arturo Pérez (izquierda) junto a su amigo Vidal Ochoa (derecha), fallecido recientemente.

Arturo había nacido el 1 de setiembre de 1932 en Tobar, un pueblo situado en la provincia de Burgos, Castilla la Vieja, en la comunidad autónoma de Castilla y León (España), comarca de Odra-Pisuerga. Era hijo de Constantino Perez y Julia Cidad.
Siendo adolescente, a los 13 años en el Postulantado marianista de Escoriaza. Al terminar su noviciado en Elorrio hizo su primera profesión el 12 de septiembre de 1951. El Escolasticado, que comenzó en Carabanchel (España), lo continuó en la casa de formación de Coronel Brandsen en Argentina, donde muchos hermanos que vinieron de España hicieran esta etapa de formación. Terminado el Escolasticado fue destinado a Linares en Chile, donde permaneció hasta 1961.
Fueron sus primeros años de vida activa y de maestro. Con un intervalo de dos años (1962-1964) en Buenos Aires volvió a Chile, pero a la obra educativa de Santiago.

EN ARGENTINA. LOS DIECISIETE AÑOS EN 9 DE JULIO
En 1966 regresó definitivamente a la Argentina, y tras un breve paso por 9 de julio, continuó su misión en el Colegio Marianista de Buenos Aires, dedicándose ya plenamente a tareas administrativas. En 1978 realizó un año de renovación en España y, a la vuelta, tuvo una larga estancia en las obras educativas marianistas del oeste bonaerense, siempre como Administrador.
Entre 1979 y 1992 tuvo un gran desempeño en el Colegio Marianista de Junín. En 1993 llegó a 9 de Julio, donde permaneció por más de tres lustros, en tareas administrativas, hasta 2010.
Los de 9 de Julio fueron años de trabajo intenso y responsable, con situaciones económicas que superar y obras que terminar. Arturo siempre discreto y sencillo, siempre trabajando y con la confianza de los hermanos que sabían que su entrega y trabajo cotidiano eran fundamentales para sostener esa misión.
En varias ocasiones, aprovechando la visita de su familia a España, realizó los cursos que en Madrid ofrece el Instituto de Vida Religiosa.

VOCACION DE SERVICIO
En los últimos años se su vida más activa expresando su cansancio y su necesidad de un cambio. Si bien tenía un equipo que le acompañaba en la administración, sentía que finalmente la responsabilidad caía sobre él y eso a veces le abrumaba. A veces le jugaba una mala pasada su sentimiento de que “no era una persona de mucho valor” y expresaba que no era para él estar en ámbitos de decisión, a pesar de que la realidad contradecía sus sentimientos.
Su presencia en los Consejos Directivos de Junín, de 9 de Julio y de Caballito los últimos años, fue altamente valorada por su palabra justa y sabia fruto de su experiencia.

BUENOS AIRES, SU ULTIMO DESTINO
A partir de 2011 dejó 9 de Julio para pasar a formar parte de la Comunidad del Colegio Marianista de Buenos Aires en Caballito, donde además de acompañar con su presencia en el Consejo Directivo, estaba siempre disponible para asistir a los hermanos que necesitaban alguna ayuda, realizar trámites y contribuir a sostener la vida fraterna en la comunidad.
En la última década, además, aceptó formar parte de la Comisión Directiva del Instituto Cultural Marianista y del Consejo Regional, aportando su experiencia y fraternidad.
En 2019 el Centro Burgalés de Buenos Aires le confirió la distinción “Cid Campeador”.

SU FALLECIMIENTO
Un par de años antes de su muerte venía cursando un proceso oncológico y aunque se le notaba con menos fuerzas, seguía todavía su vida cotidiana con normalidad. Esperaba poder compartir con los hermanos de la Región, como todos los años, los días de descanso en la Colonia Marianista de Casa Grande (Córdoba) y celebrar allí la Fiesta del fundador de su Congregación, el 22 de enero. Empero, un inesperado infarto se lo llevó apenas comenzado el día 8 de enero de 2020.

PALABRAS FINALES
Arturo fue un religioso marianista que encarnó profundamente aquellas virtudes características que enumeraban nuestras antiguas Constituciones. Su sencillez, modestia, discreción, cordialidad, humildad, bondad, servicialidad, delicadeza han ganado el corazón de muchas personas que compartieron su vida y su misión. Arturo dejó mucha huella en muchas personas. No fue a través de grandes proyectos o bellas disertaciones, sino a través de su testimonio cotidiano, de su cercanía discreta y afectiva, de sus detalles generosos y desinteresados.

Fuente: Necrologio de la Compañia de María. Via Latina 22, 00179 Roma

 

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