29 mayo 2022

La visita de Pastor S. Obligado a 9 de Julio y la primera escuela estatal del pueblo

Por Héctor José Iaconis

Escritor, abogado, terrateniente y militar, Pastor Servando Obligado, fue una figura destacada de las letras argentinas. Nacido en 1841, pertenecía a una familia patricia porteña. Su abuelo había sido regidor del Cabildo en 1810 y su padre fue el primer gobernador constitucional de la provincia.
Su nombre está ligado a la literatura argentina, como representante de toda una corriente literaria hispanoamericana. “Testigo de escenas rurales y de los veloces cambios que vivía la ‘gran aldea’”, sus “Tradiciones”, obras más conocidas, “reúnen gran cantidad de anécdotas y pequeños relatos que recogen las costumbres y detalles de la vida cotidiana de la época; signadas por la exaltación de valores patrióticos y próceres nacionales, estas tradiciones forman parte de una tarea mucho más amplia orientada a la fundación misma de la Nación, a la creación de un sentido de pertenencia, de una identidad argentina” (1).

EN EL DEPARTAMENTO DE ESCUELAS DE LA PROVINCIA
Poco después de graduarse como doctor en Jurisprudencia en la Universidad de Buenos Aires, en 1864, fue designado secretario del Departamento General de Escuelas de la provincia de Buenos Aires. En ese carácter le cupo convertirse en el primer inspector escolar que visitó 9 de Julio, en los albores de su fundación, para conocer la situación de la modesta escuela que había abierto sus puertas en el pueblo de frontera.
Tal como lo define Vicente Cutolo, Pastor S. Obligado, desde su cargo en el Departamento General de Escuelas, fue “un propagandista entusiasta en fomentar la educación común”.
“Trabajó –añade-por el establecimiento de escuelas en los cuarteles, o bien, tratando de llevar los beneficios de la instrucción a lugares apartados y aún peligrosos, convencido de la necesidad de difundir las enseñanzas indispensables entre la población”(2).
No descuidó tampoco la fundación de escuelas en las tribus indígenas.
Su juventud y la formación con que contaba le permitió observar con mejor criterio.

Retrato de Pastor S. Obligado en su juventud, en la época en que visitó
9 de Julio.
(Colección Carlos Gabriel Vertanessian)
Pastor S. Obligado en la ancianidad, junto a su nieta. (Fototeca del Archivo General de la Nación)

EN 9 DE JULIO. UN INFORME DESFAVORABLE
En abril de 1867, Pastor S. Obligado visitó el pueblo de 9 de Julio con la finalidad de inspeccionar la Escuela estatal que funcionaba en el pueblo desde hacía poco menos de un año. Lo hizo en el marco de una recorrida más amplia por los pueblos y fortines de frontera que contaban con escuelas. Allí debió ser recibido por el jefe de la Frontera Oeste, cuya comandancia aún tenía asiendo en el pueblo, el coronel Nicolás Granada y por el primer preceptor de la Escuela, Santiago O’Donnel.
Su informe, que fechó el 20 de mayo del mismo y que se encuentra inserto en la Memoria del Ministerio de Gobierno de la Provincia correspondiente a 1866-1867, fue lapidario:

Nunca había sido visita esta escuela, la que no hace un año que funciona. De ella deberé decir que, si la Escuela material, respecto al edificio del pueblo anterior (Bragado), la he encontrado casi en ruinas, al menos amena-zantes por las rajaduras de las paredes, la Escuela respecto a los niños del Nueve de Julio se halla en completa ruina.
Concurren solo doce niños, cuya asistencia nunca aumenta a pesar de registrarse treinta y siete, y no han sabido contestar a una sola de las preguntas más sencillas que expuse.
La autoridad local recomienda la contratación de este Preceptor. El señor coronel Granada, de cuya formalidad no puedo dudar, dice que le consta que el mismo Preceptor va en persona a los mataderos, un día a la semana, a recoger alumnos para la escuela; y de aquel lugar donde se reúnen los niños en busca de alimentos para el cuerpo, logra algunas veces transportarlos a donde se les brinda el alimento para el espíritu.
El mayor Barbará informa que él ha presencia el Viernes Santo próximo pasado, una escena que prueba la no dejadez del Preceptor, conduciendo a sus alumnos a la Cruz del Cementerio, único símbolo de religión que hay hasta hoy en aquellas fronteras, explicándoles allí la ceremonia que en esos días celebra la Iglesia Católica.
Tal vez la única palabra que puedo exponer a favor de un Preceptor que en seis meses ha reunido a doce niños, debiendo agregar que 9 de Julio más que un pueblo es un campamento militar, casi desierto hoy, que tanto los jefes y oficiales que lo edificaron, se hallan a novecientas millas, en un país extranjero, defendiendo la patria (3).

Las consecuencias de la relación presentada por Obligado no tardaron en sobrevenir. Según Buenaventura N. Vita, «los conceptos expresados en ese informe debieron ser dolorosos y mortificantes para el preceptor O’Donnel, el que al enterarse del mismo, elevó su renuncia al Departamento General de Escuelas, la que le fue aceptada inmediatamente»(4).
Más allá del infausto corolario que tuvo la visita de Obligado a 9 de Julio, se trató de la primera inspección técnica realizada a un establecimiento educativo oficial. El informe es, sin dudas, un documento que revela rica información, permitiendo conocer aspectos de la población nuevejuliense, apenas tres años después de instalada la comandancia en Tres Lagunas.

NOTAS
(1) Nicolás del Zotto y Ana Guerra, Descripción general del Fondo Pastor Servando Obligado (AR-BNMM-ARCH-PSO), Departamento de Archivos, Biblioteca Nacional Mariano Moreno (edición digital), pág. 2.
(2) Vicente Osvaldo Cutolo, Nuevo Diccionario Biográfico Argentino (1750-1930), Buenos Aires, Editorial Elche, 1978, tomo V, pág. 90.
(3) Buenaventura N. Vita, Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1870. La Plata, Publicaciones del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 1938, pág. 52s.
(4) Ibidem, pág. 53.

 

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