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26 enero 2022

Campanas de la Iglesia Catedral: patrimonio histórico y cultural de nuestra comunidad

Por Héctor José Iaconis.

Inconmensurable, vastísimo y, desde luego, encantador es el mundo de las campanas y de su historia. La simplicidad aparente de este instrumento sonoro, tan ligado a la vida de las comunidades humanas, esconde un complejo campo de estudio.
Campanas de uso civil y religioso, por distinguirlas en una primera agrupación, están presentes en el itinerario histórico de la comunidad de 9 de Julio, como así también en los pueblos y ciudades de la provincia de Buenos Aires: en los templos y conventos, en las escuelas, en las estaciones ferroviarias; en ocasiones en los hospitales y, eventualmente, en algunos edificios particulares.
Ahora, muchas de ellas silenciadas con el transito inapelable hacia la modernidad, siguen evocando múltiples imágenes, representaciones diversas de realidades distintas: la evocación del barrio, de calles desiguales, cuyo silencio era interrumpido por el sonido del campanario, o del aciago y severo toque de difuntos; el llamado a las aulas y al recreo en las escuelas (reemplazado por el retumbo del timbre eléctrico) o el tañido seco, si es dable esta sinestesia, de la campana cerca del andén anunciando la partida de un tren (silenciado al dejar de circular los trenes). Incluso la emblemática campana que existía en el Hospital de la Sociedad Protectora de los Pobres (hoy Hospital Provincial “Julio de Vedia”), empleada con asiduidad para anunciar el arribo de un médico al nosocomio.
Resulta difícil abordar en una nota periodística la totalidad de la historia de las campanas más emblemáticas de la ciudad, pues superan el centenar; pues ello conllevaría analizar sus características técnicas y singularidades de su construcción; su epigrafía; el lenguaje sonoro del toque y del repique manual y la significación de su sonido como patrimonio inmaterial. Por ello, comenzamos hoy por ofrecer una reseña acerca de la historia de las campanas de la Iglesia Catedral “Santo Domingo de Guzmán”; al menos, aquellas noticias que han llegado hasta nosotros.

Primera capilla erigida en 9 de Julio, según un boceto realizado por Buenaventura N. Vita.

EN LA PRIMERA CAPILLA
La primera capilla que existió en la ciudad de 9 de Julio, bendecida en agosto de 1868, poseyó una pequeña campana. Su uso no estuvo reservado de manera exclusiva para llamar a los fieles al culto; también fue un medio para convocar al pueblo, anunciar el posible ataque de un malón indígena, la proximidad de una fuerte tormenta, el comienzo de una jornada festiva o la necesidad de sofocar el incendio de una vivienda.
Precisamente, muchos años después, las campanas de la iglesia llamaron a los vecinos para ayudar a sofocar el gran incendio del Bar y cinema “San Martín” y, el 13 de agosto de 1932, ante el voraz foco ígneo que destruyó el “Richmond Hotel”.
Según un inventario levantado por el primer cura párroco de Santo Domingo, presbítero Antonio D’Elía, en 1873, existían dos campanas, una sana y otra rota.

Antiguo campanario de la Iglesia Catedral. Este aspecto lució entre 1896 y 1935.

CUATRO CAMPANAS
El 4 de agosto de 1896 fue bendecido el templo parroquial de Santo Domingo de 9 de Julio. En la torre del mismo fueron colocadas cuatro campanas: dos de ellas, fundidas por Juan Guglielmini a partir de dos viejas campanas existentes que le fueron entregadas en 1895; una donada por Juan Maguirre, realizada en Buenos Aires; y otra donada por Nicolás L. Robbio, mandada traer de Génova.
La última había arribado al país en el vapor “Auriga” el 4 de agosto de 1894.
La donada por Maguirre, tempranamente ocasionó algunos inconvenientes. Al parecer tenía importantes fallas en la fundición y una rotura considerable que ponía en riesgo su estabilidad. El cura párroco, Domingo Brandaríz, preocupado por los riesgos que ocasionaría subirla al campanario, cuando aún se hallaba el templo en construcción se apuró a convocar a algunos de los mecánicos más prestigiosos del pueblo: Atilio Ferragutti, Virginio Vanina, José Volta, Juan Maitán, Antonio Tarrella y Antonio Ganzinelli, junto al constructor Santiago Luchini. Los reunió el 19 de marzo de 1894 y, en efecto, el dictamen acerca del estado de la campana fue desalentador.
En diciembre de 1913 fue fundida una nueva campana para la parroquia de Santo Domingo de Guzmán. Se trata de la que está dedicada a San José y fue realizada en los talleres de José Hurtado, por entonces ubicados en el barrio de Floresta, en la ciudad de Buenos Aires. El 5 de enero de 1914, el Obispo de la Diócesis de La Plata, monseñor Juan Nepomuceno Terrero, a cuya jurisdicción pertenecía la parroquia de 9 de Julio, autorizó al cura párroco José María Arguelles, para impartir la bendición de la flamante campana.

Dos de las campanas que existen en la torre de la Iglesia Catedral.

LAS DE 1926
Dos de las campanas que, en la actualidad, siguen emitiendo su majestuosa sonoridad, fueron bendecidas el 9 de julio de 1926. Fueron fundidas ese año en el Arsenal de Guerra “Esteban de Luca, ubicado en Buenos Aires en el viejo edificio de Garay y Combate de los Pozos, hoy demolido.

BIEN CULTURAL
La campanas de nuestra Iglesia Catedral constituyen un preciado bien cultural e histórico de la comunidad. Su lenguaje sonoro es parte de la vida de los vecinos; lo fue antes y lo sigue siendo hoy, cada tarde, cuando suenan y recuerdan el llamado a la liturgia.
Con su tañido melodioso evocan, asimismo, un tiempo pasado; el de nuestros abuelos. Ellos también, al alba, al ángelus o al caer la tarde, las escuchaban, en el contexto de una ciudad más silenciosa, en donde la vida transcurría más lentamente.

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