22 octubre 2021

Actividad física: la mejor medicina contra la obesidad infantil

Un gran porcentaje de la población infantil mundial sufre sobrepeso u obesidad, y la mayoría de ellos seguirán padeciéndolo de adultos. A la atracción que niños y adolescentes sienten por el azúcar y los alimentos ultraprocesados, se une otro condicionante que empaña aún más su bienestar: solo un 30 % de ellos alcanza la hora mínima diaria de actividad física que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La actividad física no es un fármaco, pero se puede decir que es medicina. La ciencia confirma que practicarlo incrementa de forma considerable las posibilidades de que los pequeños no sufran enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes o diferentes tipos de cáncer en su edad adulta. Además, la actividad física también ayuda a socializar, favorece la autoestima y mejora el rendimiento académico.
Es cierto que practicarlo no es tan sencillo, pero moverse tampoco requiere de mucho esfuerzo, o al menos eso parece si nos regimos de los argumentos que nos da la biología: estar activo es algo para lo que los seres humanos estamos naturalmente diseñados y no hacerlo deteriora poco a poco nuestro organismo. Justo, lo que está ocurriendo.
Moverse no es sinónimo de hacer deporte, sino de saltar, trotar, escalar, bailar, correr. Lo que es importante es la actividad física. Hay que fomentarla desde que los niños son lactantes, ya que es entonces cuando los pequeños aprenden a moverse y adquieren todas esas habilidades que les van a permitir desplazarse con más destreza y, por lo tanto, disfrutar mientras se mueven.
Es más fácil adquirir los hábitos en la infancia. Ocurre con la alimentación. Es complicado y poco realista cambiar el patrón alimenticio de forma drástica en la edad adulta. Y aunque se puede conseguir, es mucho mas dificil. Con el ejercicio pasa lo mismo.Este sedentarismo, unido a una dieta poco o nada saludable, forma algo totalmente nocivo y capaz de provocar una menor esperanza de vida para esta generación de niños.Esto sería consecuencia de la aparición prematura en los jóvenes de enfermedades que hasta ahora habían sido típicas de adultos. Patologías físicas provocadas por el exceso de peso, pero también emocionales, como la falta de autoestima y depresión.
El mínimo que marca la OMS para los mayores de cinco años es una hora de actividad física en la que combine actividades de intensidad de moderada a vigorosa o alta, es decir, que acelere la respiración y el ritmo cardiaco. Además, a medida que los niños van cumpliendo años, el número de minutos empleados en el ejercicio va disminuyendo.
Hay que moverse más y, para ello, no hay que estar mucho tiempo sentado. Cuando llevamos más de 60 minutos sentados, tanto niños como adultos, hay que levantarse y estirar, aunque solo sea para mover las extremidades y activar las masas musculares, la circulación y el metabolismo.En algunos centros escolares existen algunas iniciativas al respecto, con interrupciones dentro del horario escolar para provocar que los niños dentro del aula roten, se cambien de sitio, se levanten y se muevan, evitando que pasen mucho tiempo quietos en el mismo sitio.
Las pantallas tienen mucha culpa de todas estas preocupantes cifras, pero también la pasividad de los progenitores ante el ejercicio. Un estudio elaborado por la Universidad Internacional de Barcelona (UIC Barcelona) y publicado en febrero de 2021, analizó la relación estrecha que existe entre estar sentado delante de una pantalla y la ingesta de los alimentos poco saludables, y concluyó que los niños que pasan más de una hora frente a ellas comen más dulces, bebidas azucaradas, comida rápida y snacks que aquellos que ocupan su tiempo libre practicando deporte.
Una vez más, lo mejor es convertirse en un ejemplo y animar a los hijos a practicar habitualmente algún deporte y organizar actividades físicas en familia, como hacer ejercicio, caminatas, paseos al aire libre, nadar, andar en bicicleta, patines… Los niños necesitan que se los acompañe y tener modelos de referencia, bien sus hermanos, padres u otros familiares, en los que fijarse a la hora de moverse. Solo con el hecho de bajar las escaleras sin usar el ascensor o andar una bicicleta ya se está dando ejemplo.Según investigadores, que un adolescente sea físicamente inactivo es cuatro veces más probable si sus padres nunca han practicado actividades físico-deportivas. Cuando los padres se involucran en actividades o le dan gran importancia al ejercicio físico, el sedentarismo se reduce.

Sofía Villarrica
Lic. en nutrición
M.N.: 7103 M.P.: 2763
Atiende en:
Consultorios Ceinsa – Yrigoyen 1339 – Turnos: 520111
Centro de Diagnóstico IMC – Cnal. Pironio 255 – Turnos: 614299

 

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