15 agosto 2020

El día que los vascos se hicieron hinchas de San Lorenzo

 

Por: Carlos Graziolo


En la Argentina, tierra de inmigrantes, crisol de razas como se la ha definido, no hay vuelco tan notorio de una colonia de aquellos hacia un club de fútbol como el de los vascos que masivamente se convirtieron en hinchas de San Lorenzo de Almagro, casi el mismo día que uno de ellos debutara en el club de Boedo, convirtiéndole cuatro goles a River Plate. Fue el 21 de mayo de 1939 cuando debutó el vasco Isidro Lángara, en el viejo “gasómetro”.
¿Cómo fue su llegada? El 19 de junio de 1937, en plena Guerra Civil española, la ciudad vasca de Bilbao cayó en manos de las tropas franquistas, superando el llamado “cinturón de hierro” defensivo de los vascos y toda Vizcaya cayó en poder de los rebeldes.
Lángara se había unido a la selección de Euskadi, formada por jugadores vascos que hacían giras por el mundo para recaudar fondos para las víctimas de la Guerra Civil española, amén de hacer la consiguiente labor propagandística. El Euzkadi realiza una brillante gira por Europa disputando partidos amistosos enfrentándose a equipos y selecciones con grandes resultados. Lángara con Ángel Zubieta y sus otros compañeros hacen luego una gira por América. Cuando llegaron a México decidieron jugar en la Liga Mayor 1938/39, llamándose Club Deportivo Euskadi y se clasificaron segundos.
Tras el fin de la Guerra civil en 1939, comenzó el período franquista y el seleccionado se disolvió. Zubieta llegó a San Lorenzo y poco después lo seguiría Lángara. La figura de esos hombres tenía el componente romántico de aquellos que lucharon por sus ideales. La Guerra Civil Española también tenía su correlato y sus seguidores de uno y otro lado. La Avenida de Mayo en Buenos Aires era escenario de ardorosos debates que muchas veces terminaban a las piñas En esas refriegas fenomenales se daban los enfrentamientos entre los parroquianos del café Iberia, bunker de los partidarios republicanos y los frecuentadores del bar Hotel Español, reducto de los que simpatizaban con el franquismo. Ubicados uno enfrente del otro fueron desde fines del siglo XIX, tradicionales centros de reunión de la intelectualidad local e internacional y el espacio de las discusiones políticas.
Pero la historia de aquel debut de Lángara tiene una singularidad que casi la convierte en única e increíble, casi rozando la leyenda. Esa mañana de otoño del 21 de mayo de 1939 arriba al puerto de Buenos Aires un barco que llega de México y con él un hombre nacido Pasaia (Guipúzcoa), País Vasco, el 15 de mayo de 1912. Se llama Isidro Lángara Galarraga. Viene a la Argentina invitado por su ex compañero Ángel Zubieta para incorporarse a San Lorenzo. En el muelle lo esperan varios dirigentes azulgranas con una invitación: “Señor Lángara ¿Le gustaría jugar esta tarde? Como negarse.
La multitud –como ocurría siempre- de rigurosos trajes y sombreros llena el “gasómetro”, porque juega San Lorenzo, es un clásico y enfrente está River. Un River con Vaghi, Rodolfi, Minella, Peucelle, Moreno y Pedernera entre otros tan buenos como estos. No hay TV, tampoco radio; sólo la revista Alumni (*) que anuncia con letras y números los resultados, pero sólo para los que están en la cancha. Lángara es un absoluto desconocido para todos. Incluso para la zaga millonaria que pagara cara su ignorancia. Esos espectadores, esa multitud son testigos de un acontecimiento formidable del fútbol argentino.
En menos de 30 minutos del primer tiempo el debutante convirtió los cuatro goles de su equipo. Pronto una gran multitud de españoles (constituían en ese momento la mayor cantidad de inmigrantes en el país con 324.650 residentes) se hicieron hinchas y socios de San Lorenzo. Sólo en el mes del debut de Lángara, 2000 españoles se asociaron al “ciclón”. El club recuperó con creces el éxito de su contratación de 20 mil pesos de la época En su primer campeonato convirtió 34 goles y terminó a solo 6 goles del cañonero paraguayo de Independiente Arsenio Erico, aunque con menos partidos que el goleador del rojo.
Su influencia en el equipo como goleador y capitán fue decisiva en el equipo de Boedo. Sus rivales sin embargo no respetaron su figura y en toda su estadía en el país lo golpearon y lo maltrataron de mala forma en los partidos. El vasco que era de “fierro” como jugador y como persona, no respondió a las agresiones nunca, demostrando un respeto y una entereza notable para continuar el juego. Isidro Lángara permaneció en Argentina y en San Lorenzo hasta mayo de 1943. En el club, en el que fue goleador del campeonato de 1940, señaló más de cien goles y dejó un recuerdo imborrable pese a no ser campeón, así como un vacío que no pudo remplazar de forma inmediata la institución de Boedo. Pocos meses antes de su partida, Isidro Lángara recibió el halago junto con Ángel Zubieta, de ser convocados para vestir la camiseta de la selección argentina. Fue un amistoso no oficial ante Uruguay que Argentina ganó 1 a 0.
Su historia tiene también el romanticismo de quienes ingresan al Olimpo de las estrellas deportivas. Ya en 1930 era un goleador fuera de serie por lo que el Atlético de Madrid se interesó por él y envió a un emisario para observarlo y contratar al delantero centro. Y por 20 mil pesetas llegó al Atlético José María Arteche, donde apenas jugó. Es que aquel día Lángara había ocupado la plaza de interior izquierdo y por entonces las camisetas aún no llevaban número. Semanas más tarde Lángara pasó del Tolosa, de la tercera división al Oviedo, en segunda, que en la primera jornada del torneo recibía justamente al descendido Atlético de Madrid. Ganaron 4 a 1 y Lángara marcó dos. Desde un equipo de segunda fue llamado a la selección. Con el mundial de Italia en el horizonte, las discusiones se dividían entre él y Julio Antonio Elicegui (del Atl. de Madrid). ¿Cómo se zanjó el asunto? Al estilo del oeste americano: en septiembre de 1933 antes de comenzar la Liga de Primera se convocó en Oviedo al Atlético de Madrid para celebrar las fiestas locales de San Mateo. Los duelistas fueron los únicos goleadores de la tarde con efectos demoledores: Lángara 7- Elicegui 1. El seleccionador escogió al oviedista para los dos partidos de clasificación para el mundial que debían jugar contra Portugal. En la ida España como local ganó 9 a 0 y Lángara marcó cinco goles. En la vuelta en Lisboa volvieron a ganar los españoles 2 a 1 e Isidro hizo los dos.
En el mundial, que ganó el local, Italia – que será motivo para otra crónica futura por las implicancias y componentes que tuvo- Lángara dejó su sello cuando clasificó a su equipo a cuartos de final con dos goles al derrotar a Brasil 3 a 1.
Cuando Franco se cruzó en su camino, Lángara hizo lo único que sabía hacer: se refugió en el fútbol y en el gol y con un grupo de jugadores vascos voló a Francia a jugar unos cuantos partidos. Era una operación de propaganda. Había estado preso; había fingido que iban a ejecutarlo; lo habían liberado y estuvo oculto unas semanas en un bar al lado de la plaza de toros de Bilbao. Cuando Gall, el francés que pilotaba el aparato que los iba a sacar de Bilbao, les dijo que las tropas franquistas tenían las vías aéreas bloqueadas, para Lángara y sus compañeros de escapada era el fútbol al otro lado de la frontera o las bombas que cercaban Bilbao. Y después siguió toda su historia de éxitos, muchos de ellos en México. Del hombre que fue tres temporadas consecutivas ‘Pichichi’ que así le dicen al máximo goleador en España (1933/34; 1934/35 y 1935/36); máximo goleador de la Primera División de Argentina (1940); en México (1944 y 1946). Sus campañas construyeron una sucesión de registros que lo convirtieron en el único futbolista español que aparece en la clasificación mundial de los mejores goleadores de todos los tiempos en Primera División publicada en octubre de 2017 por la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol. Todo, incluso cuando La Guerra Civil interrumpió su trayectoria. Por eso lo califican el mejor goleador español de todos los tiempos. El único capaz de convertir en hinchas de un equipo a toda una colectividad en una sola tarde.

(*) REVISTA ALUMNI: desde 1932 permitía conocer en tiempo real el resultado de los otros partidos. En su interior se incluía una clave con una letra para cada equipo. En esa época todos los partidos se jugaban el domingo y a la misma hora.

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