11 abril 2021

Los carnavales de antaño en 9 de Julio

En la historia nuevejuliense existen ricas referencias acerca de los festejos del Carnaval y la realización de los corsos. Hoy, en la víspera de la celebración del Carnaval queremos recordar algunos aspectos de los carnavales y corsos de antaño; quizá, no de las épocas más cercanas, que los nuevejulienses guardan en su memoria, sino aquellos de tiempos más lejanos, cuyo recuerdo va perdiéndose con el paso del tiempo.
En primer lugar, cabe recordar que para los festejos de Carnaval la Municipalidad era el ente regulador y organizador de la festividad, con corsos y bailes. Regulaba el uso de los espacios públicos donde pasaría el corso oficial, autorizaba la instalación de los kioscos de particulares para venta de serpentinas, papel picado, pomos de agua perfumada, etc.
En 1886, el Concejo Deliberante, votó una ordenanza sobre los bailes públicos, en uno de sus artículos, fijaba que solamente podían ingresar al baile los varones mayores de quince años y las chicas mayores de doce años. Un decreto firmado por el Intendente Municipal Francisco Roca, del 18 de febrero de 1897, reconocía “como corso oficial el que recorrerá la calle Montevideo desde Córdoba a Independencia, con la prohibición de juego con baldes de agua durante el trayecto del corso”.

LOS CORSOS EN LA AVENIDA VEDIA
Algunas décadas más tarde, ya entrado el siglo XX, los corsos se realizan en la extensión de la avenida Vedia, desde la Plaza “General Belgrano”. Los automóviles, coches y carrozas se movilizaban en un sentido y otro de la avenida conformando un paseo muy atractivo. Desde un vehículo al otro se lanzaban serpentinas y era costumbre, entre los jóvenes colocar un pimpollo de rosa en la punta de la serpentina al arrojarla hacia una dama.
Por momentos resultaba ser tan intensa la serpentina que se desplegaba (téngase en cuenta que era otra la consistencia de la serpentina de la época) que dificultaba a más de un conductor ver adecuadamente para dirigir su coche.
En diferentes tramos de la avenida Vedia se colocaban glorietas o palcos para aquellos que deseaban observar el paso de las carrozas y coches. Generalmente, en Vedia entre San Luis y La Rioja se emplazaba el escenario desde el cual ejecutaba sus acordes la banda de música municipal.
Aún se conserva, en la fachada de la vivienda que perteneció a la familia Cremona, ubicada en esa calle, el impacto de un proyectil que fue disparado en medio del corso, ante el alboroto de los concurrentes. La policía, en esa ocasión, había sido alertada que en el corso se encontraba un famoso cuatrero (cuyo nombre preferimos reservar por poseer aún descendientes vivos en la comunidad). Al salir en su captura, el delincuente, que estaba armado, respondió con disparos de revólver los que fueron seguidos por los balazos de sus perseguidores. Otra bala perdida, esa noche, dio en uno de los travesaños del palco, salvando milagrosamente su vida uno de los músicos de la banda.

EN LA DECADA DE 1930
Las celebraciones de las fiestas de Carnaval de esos años fueron muy animadas, aunque un poco debilitadas según el concepto de algunos tradicionalistas. Las notas periodísticas conservadas en los archivos de Diario EL 9 DE JULIO, dan cuenta que, a pesar de la crisis los corsos 1930 tuvieron una gran concurrencia de público. La Comisión de Fiestas del Municipio, formada por Liborio Maidana, Juan Ferrari, Victorio Cavallari, Ramón N. Poratti, José M. Infesta, Emilio Adobato, Luis T. Paladino, Andrés Manassero, y Stas. Pérez, Costas, Buviel y Diez, prepararon un programa para la celebración. La juventud, la belleza y la alegría, fueron las soberanas en el corso durante las noches de carnaval.
Recorrieron los corsos más de veinte autos sin capota de conocidas familias, con siete u ocho personas abordo, unidos por serpentinas y se jugaba con agua perfumada. Participó, también, un grupo de los náufragos del Buque “Montes Cervantes”. La mayoría de las damas estaban ataviadas con vestidos largos y sombreros y los hombres con ropas de calle, trajes con camisas blancas con corbatas y moños. Algunos con camisas solamente.
No faltaron en los corsos un grupo del Club Agustín Álvarez y damas del Club Misterio con camisas con los colores de la entidad. Los niños participaron con bonitos disfraces de gauchos, cow-boys y niñas vestidas de damas antiguas. Las jóvenes lucían trajes de Fantasía y Fantasía Pierrots.
Los bailes se realizaron en distintos salones: el Club Libertad organizó el suyo en el Richmond Hotel, el Club Orfeón celebró su fiesta de Carnaval en el Teatro Rossini y el Club Misterio en la Confitería de Parera. En todas las reuniones danzantes, según la prensa, hubo una importante afluencia de público.

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