La obra de Roquelina Beatriz Hernández Plaza, editada por Dunken, se dará a conocer el 4 de noviembre en Buenos Aires. Más adelante habrá una presentación en 9 de Julio, cuya fecha se confirmará.
El próximo 4 de noviembre, a las 18.30, el salón de conferencias del Círculo Militar de Buenos Aires será escenario de la presentación del libro Cnel. Santos Plaza. Un soldado de garra y sentimiento, novela escrita por su nieta, la escribana Roquelina Beatriz Hernández Plaza, publicada por Editorial Dunken.
La obra recrea la vida de un hombre que, desde muy joven, quedó ligado a la defensa de la frontera bonaerense. Tendrá además una presentación en 9 de Julio, ciudad donde el protagonista vivió sus últimos años y donde descansan sus restos. La fecha se informará oportunamente.

Un soldado del ejército viejo
Santos Plaza se inició en las armas en 1839, como soldado voluntario en el fuerte Mayo de Cruz de Guerra, a las órdenes de su padre adoptivo. Desde entonces su carrera transcurrió en la frontera. Participó en la persecución del coronel Pedro Oroná, en acciones como la de Bayunca (Lincoln) en 1843 y en la expedición del coronel Eugenio del Busto, fundador de Bragado. Ascendió a cabo en 1846 y a sargento en 1854, y combatió en los Catorce Jagüeles y en Blanca Grande. Recibió el grado de alférez en 1855, durante la campaña dirigida por Bartolomé Mitre, y el de teniente de Guardias Nacionales tras la expedición de Emilio Mitre, en 1858.
La fundación de 9 de Julio y la línea de fortines
En 1861 estuvo en la batalla de Pavón. Dos años después acompañó al coronel Julio de Vedia, entonces jefe de la frontera Oeste, en una nueva expedición. En 1865 fue designado jefe de la primera línea de fortines, con asiento en 9 de Julio, y al año siguiente fue ascendido a capitán de línea. Apostado en el Quenehuin mientras se trazaba la nueva línea, fue nombrado comandante del ala izquierda.
Por su actuación en la batalla de San Carlos fue ascendido a sargento mayor, a propuesta del coronel Boerr, y permaneció en el fortín de ese nombre hasta 1876. Antes había participado en la expedición del coronel Lagos, en 1873, y en la batalla de La Verde, en 1874, tras la cual fue promovido a teniente coronel. Ese año pidió la baja alegando el mal estado de su salud. Fue reincorporado en 1885 y, en 1905, se le reconoció el sueldo del grado inmediato superior.

Los años en 9 de Julio
Aunque tenía domicilio en el pueblo desde 1869, Plaza se radicó de manera definitiva al alcanzar el retiro. Aquí vivió con su familia, en su hogar de la calle Libertad, hasta su fallecimiento el 14 de junio de 1910. El periódico El Luchador había publicado poco antes su retrato y lo presentaba como una gloria militar argentina de vida modesta, alejada de toda ostentación.
Sus superiores dejaron juicios elocuentes. El general Julio de Vedia destacó su valor legendario y su conocimiento del campo, que lo hacían un oficial irremplazable. El coronel Hilario Lagos, por su parte, reconoció sus méritos indiscutibles y el ejemplo que dio a otros en una guerra excepcional. El historiador Vicente Osvaldo Cutolo lo describió como el prototipo del soldado argentino, curtido en una vida de peligros y dotado de lealtad y patriotismo; según su retrato, de barba abundante y pelo blanco, imponía respeto hasta en las tolderías más lejanas.
Sus restos descansan desde 1912 en un sepulcro del cementerio local, junto a los de su esposa y su hija Roquelina. En 1998, el Concejo Deliberante lo declaró Monumento Histórico por ordenanza 3614. En Bolívar, además, una calle lleva su nombre.
Dos escenarios para una misma historia
La presentación en el Círculo Militar, institución emblemática para la memoria del Ejército, es la primera de dos citas. La segunda será en 9 de Julio, el lugar donde Santos Plaza dejó de ser solo un soldado de frontera para convertirse en vecino.


