Parte VI: Forjadores de una causa
Toda institución centenaria es, ante todo, la suma de nombres propios que la sostuvieron en sus horas fundacionales, cuando aún no existía la certeza de que la obra emprendida habría de perdurar. La Cámara de Comercio e Industria, Producción y Bienes Raíces de 9 de Julio, nació el 3 de octubre de 1926 con la denominación de Sociedad Unión Comerciantes e Industriales, de la mano de un grupo de comerciantes que, sin proponérselo demasiado, sentaron las bases de una de las entidades gremiales más longevas de la ciudad. Esta sexta parte procura rescatar a quienes protagonizaron aquellos primeros tiempos, presidentes, dirigentes y colaboradores cuyo nombre, muchas veces reducido a una fecha entre paréntesis en una nómina de presidencias, encierra historias personales de esfuerzo, convicción y compromiso con la comunidad nuevejuliense.
LOS FUNDADORES
El 3 de octubre de 1926, veintinueve comerciantes e industriales de 9 de Julio suscribieron el acta fundacional de la Sociedad Unión Comerciantes e Industriales. Los firmantes fueron Marino Amor, Pablo Águila, Juan Buetto, Tito Blanco, Dante Berté, Manuel Castro, Francisco Caldentey, Juan Crosa, Salvador Cantóni, Antonio Conca, Santos De Benedetto, los hermanos Diez, Victorio Di Nesta, Carmelo Elías, Francisco Fernández, Ángel Hidalgo, Santiago Locatto, Francisco López, Luis Montanaro, Fernando Nieto, José Fernández Otero, Vicente Paladino, Blás Rodríguez, Manuel Ruizo, Martín Sanaberry, Raúl Scolari, Bartolomé Salamone, José Viyella, Zacarías Ortelli y Francisco Villalba. Aquella nómina representaba un corte transversal del empresariado local, y el objetivo explícito de la nueva entidad, la ayuda mutua en la concesión de créditos y el cobro de cuentas, revela la naturaleza eminentemente práctica y defensiva de la iniciativa.
No se trataba, en su origen, de una entidad con proyecciones representativas amplias, sino de un instrumento de protección económica frente a la expansión incontrolada del crédito comercial.
La primera comisión directiva quedó integrada, además del presidente Francisco Caldentey, por Juan Crosa como vicepresidente, José Fernández Otero como secretario, José Viyella como prosecretario, Carmelo Elías como tesorero y Marino Amor como protesorero. Completaban el cuerpo directivo, en calidad de vocales, Salvador Cantoni, Francisco Fernández, Francisco López y Vicente Paladino, mientras que Manuel Russo y Juan Ortelli fueron designados revisores de cuentas.
FRANCISCO CALDENTEY, EL PRIMER PRESIDENTE
Francisco Caldentey encabezó aquella primera conducción entre 1926 y 1928, convirtiéndose con el correr de las décadas en la figura simbólica de los orígenes institucionales. Su nombre habría de acompañar, mucho después de dejar el cargo, los grandes hitos conmemorativos de la entidad. En octubre de 1951, ya como comerciante de larga trayectoria, hizo uso de la palabra en el almuerzo de las Bodas de Plata.
Un cuarto de siglo más tarde, en octubre de 1976, siendo ya octogenario, Caldentey se refirió nuevamente al acto de las Bodas de Oro con palabras oportunas, encarnando, según se dijo entonces, la continuidad histórica entre la generación fundadora y la presente. Pocos dirigentes pueden exhibir un arco de presencia institucional tan dilatado como el que unió, en la persona de Francisco Caldentey, la firma del acta de 1926 con los festejos del cincuentenario.

ESTEBAN MURILLO Y LA CONTINUIDAD ORGANIZATIVA
A Caldentey lo sucedió Esteban Murillo, quien presidió la Sociedad entre 1928 y 1930, en los años inmediatamente anteriores al estallido de la Gran Depresión. Además de su gestión en la presidente, tuvo una permanencia activa en la vida institucional que trascendió varios períodos.
De nacionalidad española, había nacido accidentalmente en Cuba, donde su padre se desempeñaba como comandante de administración en el ejército de ocupación, y en España vivió en Baños de Río Tobía, cerca de Logroño. Tras emigrar a la Argentina, se dedicó al comercio y se estableció en 9 de Julio como socio de la firma «Murillo Hermanos y Fernández», propietaria de la Zapatería «El Nuevo Siglo», cuya sucursal tuvo sede en la esquina de Bartolomé Mitre y Robbio. Fue precisamente en 9 de Julio donde conoció a quien sería su esposa, María Laura Bellesi.
Murillo sería, además, uno de los directivos fundadores homenajeados en el cuadragésimo quinto aniversario de la entidad, en noviembre de 1971.
JOSÉ GAIG Y LA REORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD
José Gaig, que presidiría la Cámara entre 1930 y 1934, era ya entonces una de las figuras comerciales más reconocidas de 9 de Julio. Inmigrante español, había ingresado como empleado al Bazar y Cigarrería «El Siglo» el 23 de octubre de 1914, y en 1920 se incorporó como socio de la firma junto a su entonces propietario, José Creixell. Cinco años después, en 1925, quedó constituida la razón social «Gaig y Ferrere», que Gaig integró junto a Ubaldo Ferrere y que se mantuvo vigente durante veinticuatro años.
Por una singular coincidencia cronológica, sus años al frente de la Cámara se superpusieron con su designación como vicecónsul de España en la ciudad, cargo que ejerció entre el 12 de diciembre de 1930 y el 29 de febrero de 1939, con cartas de nombramiento firmadas por el propio rey Alfonso XIII, y para el cual instaló la oficina consular en la casa aledaña al bazar, donde hizo colocar, en el balcón que aún se conserva, las banderas de la Argentina y de España.
Aquel mismo año de 1934, la Sociedad obtuvo su Personería Jurídica. Gaig dejó testimonio de primera mano sobre los años iniciales de la entidad en sus memorias, tituladas «Cincuenta y ocho años en la vida de un inmigrante y sus bodas de oro en el Bazar ‘El Siglo’» y escritas en 1964, donde relató un episodio poco conocido y de notable dramatismo institucional y sobre el cual ya hemos hecho referencia.
SANTIAGO AMERIO Y LA CONSOLIDACIÓN EN AÑOS DE CRISIS
El comienzo de la década de 1930 resultó particularmente duro para la comunidad nuevejuliense. El colapso bursátil de octubre de 1929 en Nueva York había desatado el derrumbe de bancos, industrias, comercios y empresas de servicios en todo el mundo, licuando fortunas y desplomando los precios agrícolas.
En 1932, más de quinientos desocupados se presentaron ante el municipio de 9 de Julio solicitando trabajo. El intendente Eduardo A. Fauzón logró incorporar a tareas municipales a unas trescientas cincuenta de esas personas, medida paliativa que distaba de resolver la magnitud del problema.
Los comercios locales sufrieron de manera directa el impacto de la contracción, viéndose afectados precisamente en aquello que había motivado la fundación de la Sociedad pocos años antes, la venta a crédito y la dificultad de recupero de las deudas.
En ese contexto asumió la presidencia Santiago Amerio, en 1934, iniciando una gestión que se prolongaría hasta 1945, la más extensa de la institución hasta ese momento. Bajo su conducción, la entidad profundizó su inserción en redes empresariales de alcance provincial y nacional.
Hacia 1938 se encontraba adherida a la Cámara de Comercio, Propiedad e Industria de la Provincia y a la Federación Argentina de Entidades Defensoras del Comercio e Industria de la Capital Federal.
La gestión de Amerio se caracterizó por una ampliación conceptual de las funciones de la entidad, que comenzó a intervenir no solamente en asuntos de comercio e industria, sino también en cuestiones de interés general para la población.
Continuará…
.


