
Mientras el joven Thiago Vera (19 años) lucha por su vida, después del accidente sufrido en Mar del Plata (arrollado por un colectivo), su padre Diego Vera reconocido ex futbolista de Atlético 9 de Julio y Rivadavia de Lincoln escribió una carta abierta que invita a reflexionar:
Quiero contarles quién es mi hijo Thiago.
No quiero que sea un nombre más en un expediente o en un titular. Quiero que conozcan a la persona que hay detrás de esta tragedia.
Thiago es un chico de bien. Terminó el secundario y era muy querido por sus compañeros y profesores. Nunca fue un chico conflictivo. Al contrario, siempre fue respetuoso, solidario. De esos que dejan una buena huella en cada lugar por donde pasan.
Aprendió el oficio de carnicero con orgullo. Gracias a ese esfuerzo consiguió ingresar a trabajar en Coto. Allí no solo encontró un empleo; encontró compañeros que lo respetaron, lo cuidaron y lo hicieron sentir parte de un equipo. Hoy eso se refleja en cada mensaje, en cada llamado y en cada persona que pregunta por su estado de salud y espera verlo recuperarse.
Pero Thiago no se conformaba con eso. Tenía sueños. Quería estudiar Sistemas. Con el fruto de su trabajo se compró su propia notebook porque quería estudiar mientras seguía trabajando. No esperaba que le regalaran un futuro. Estaba decidido a construirlo con esfuerzo, paso a paso.
También era un apasionado del boxeo. Le gustaba entrenar, exigirse y superarse cada día. Tenía proyectos, ilusiones y toda una vida por delante.
Y de un momento a otro, todo cambió.
En segundos, nuestra familia quedó atravesada por un dolor imposible de describir. Mientras otra familia llora la pérdida irreparable de Guadalupe, nosotros vemos a nuestro hijo peleando por su vida. Desde ese día vivimos entre hospitales, incertidumbre, lágrimas y esperanza.
Y hay algo que, además del accidente, duele profundamente.
Como familia sentimos que, más allá de las investigaciones que deban hacerse, faltó un gesto humano hacia quienes quedamos atravesados por esta tragedia. Una llamada, una visita, una palabra de acompañamiento. Alguien que preguntara cómo estábamos o qué necesitábamos.
Vivimos con dolor la sensación de que hubo una rápida respuesta para tapar el pozo donde ocurrió el accidente, mientras las familias que quedamos destruidas seguíamos esperando que alguien del municipio se acercara a preguntar cómo estábamos o si necesitábamos algo. Esa fue nuestra vivencia, y nos dejó una profunda sensación de abandono.
No digo esto porque no haya que reparar una calle o corregir los problemas que existan. Claro que hay que hacerlo. Ojalá esos problemas se solucionen antes de que ocurra otra tragedia. Lo que pido es que, cuando una familia queda destrozada y un joven pelea por su vida, también exista una respuesta humana. Porque una llamada, una presencia o una palabra sincera pueden significar muchísimo.
Sin embargo, en medio de tanto dolor, descubrimos algo que jamás vamos a olvidar: el abrazo de la gente.
Los compañeros de Thiago, sus profesores, sus amigos, sus compañeros de trabajo en Coto, los vecinos y muchísimas personas que ni siquiera nos conocen nos escriben, preguntan por él y rezan por su recuperación.
Ese cariño nos sostiene cuando sentimos que las fuerzas ya no alcanzan.
No quiero que esta historia despierte lástima.
Quiero que despierte conciencia.
Porque detrás de cada accidente hay familias enteras que cambian para siempre. Hay sueños que quedan suspendidos, proyectos que se frenan y vidas que nunca vuelven a ser las mismas.
Yo sigo creyendo en mi hijo.
Sigo creyendo que va a salir adelante porque siempre fue un luchador.
Y mientras él pelea por su vida, nosotros vamos a seguir peleando por la verdad, por justicia y por la memoria de todas las víctimas.
No buscamos venganza.
Buscamos respuestas.
Buscamos que cada responsable responda por lo que le corresponde.
Buscamos que las cosas cambien para que ninguna otra familia tenga que pasar por este infierno.
Si algún día Thiago vuelve a leer estas palabras, quiero que sepa que nunca dejamos de luchar por él.
Y si estas palabras llegan a quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones, ojalá recuerden que detrás de cada expediente hay personas, familias y sueños.
Porque nuestros hijos no son estadísticas.
Son personas.
Son vidas.
Son sueños.
Y son la razón por la que, aun con el corazón hecho pedazos, seguimos de pie».
COMO COLABORAR
Para colaborar con la familia Vera, en este difícil momento se puede colaborar al alias DIEGOOSCARVERA1977, cuyo titular es Diego Oscar Vera – Naranja Digital Compañía Financiera SA.


