Por Héctor José Iaconis.

Corría el año 1926 cuando la República Argentina se disponía a conmemorar el centésimo décimo aniversario de la Declaración de la Independencia, las llamadas entonces “fiestas julias” (las “fiestas mayas” eran las conmemorativas de la Revolución de Mayo). En la ciudad de 9 de Julio, cuyo propio nombre remite a la efeméride patria, aquella semana de julio tuvo una fisonomía particular.
A la vacilación inicial sobre la existencia de festejos oficiales sucedió una jornada intensa, en la que se destacaron el ritual religioso, el acto protocolar, la sociabilidad de club y la competencia deportiva, que se prolongó incluso más allá del propio 9 de julio. En efecto, en aquel año la fecha patria cayó en viernes y aprovechando la cercanía del fin de semana, el programa de celebraciones se prolongó.
ENTRE LA INCERTIDUMBRE Y LA ESPERA PATRIÓTICA
La edición del 7 de julio de 1926, el periódico “El Pueblo” abrió sus páginas con una nota de tono solemne y evocador, titulada “1816-9 de Julio-1926”. En la misma se exaltaba la significación de la fecha patria y se convocaba al vecindario a conmemorarla con el mayor fervor posible.
Sin embargo, muy próxima a esa proclama, la misma edición incluyó un suelto de tenor bien distinto, bajo un título bien directo, presentado de manera llana: “¿No hay festejos?”. Con este epígrafe que abría también un interrogante, se manifestaba el desconcierto frente a cierta falta de información sobre los actos oficiales que habría se celebrarse.
El semanario especulaba, no sin cierta ironía, con que el 9 de julio de aquel año pudiera transcurrir casi inadvertido, reducido al baile del Orfeón y al festival del club Atlético. Al mismo tiempo, se preguntaba abiertamente si tal sobriedad respondía a una carencia de fondos municipales o bien a una nueva forma de conmemorar la fecha patria a través del silencio, cuestionando si ese proceder reflejaba fielmente el patriotismo nuevejuliense.
Esta doble impronta, la exaltación retórica de la efeméride y la duda concreta sobre su celebración material, configura el punto de partida de la crónica que las fuentes nos permiten reconstruir.
LA CONVOCATORIA DEL CLUB ATLÉTICO “9 DE JULIO”
Fue precisamente el Club Atlético “9 de Julio” la institución que, oficialmente autorizada por el Intendente Municipal, despejó buena parte de aquella incertidumbre. A través de una invitación, fechada en 9 de Julio el 5 de julio de 1926 y firmada por «La Comisión», el club convocó al vecindario a un baile en homenaje a la efeméride patria.
La reunión danzante debía realizarse en el Salón de Recepciones de la Municipalidad (actual Salón Blanco) el mismo 9 de julio a las 22 horas. La misma invitación convocaba, además, a una matinée bailable que se llevaría a cabo en el mismo salón, ese mismo día, a las 18 horas, en honor a los delegados y jugadores del Club Compañía General Buenos Aires (C.G.B.A.) de la Capital Federal (hoy, Club Atlético Lugano), que por esos días visitaba la ciudad.

EL DESAFÍO DEPORTIVO ANUNCIADO: EL EQUIPO VISITANTE DE C.G.B.A.
La visita del Club C.G.B.A. no era un dato menor. Se trataba de un conjunto de composición marcadamente heterogénea, integrado por jugadores provenientes de distintas instituciones de la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores: Torres, arquero que había actuado por la Federación Obrera Argentina en un encuentro frente a jugadores uruguayos; Arzeni, back de la primera de Sportsman; Capozoli, back de Argentino de Banfield; Cevasco, del propio C.G.B.A.; Zurdo, de Sportsman; Villanueva, de Barracas Central; Bassani, de Barraca Central; Figueroa, de Honor y Patria; Dias, de Sportsman; Bassadone, de Argentino de Banfield y Zetis, de Racing. Completaban la nómina los suplentes López, de Sportivo Atlántida; Butti, de Barracas Central y Acosta, de Liga Independiente.
La sola enumeración de procedencias revela el carácter de selección o combinado que tuvo aquel equipo visitante, reunido especialmente para la gira a 9 de Julio.
EL AMANECER DEL 9 DE JULIO: SALVAS, HIMNO Y TE DEUM
Según el relato retrospectivo que “El Pueblo” publicó en su edición del 14 de julio bajo el título “Festejos realizados”, la jornada patria, aunque careció de la pomposidad de otras épocas, fue festejada por los vecinos de la ciudad y de las poblaciones del partido con el entusiasmo propio de aquellos años.
El amanecer del 9 de julio de 1926 fue saludado con una estruendosa salva de bombas, mientras la banda de música dirigida por el maestro Ubaldino Lafranconi entonaba el Himno Nacional y el campanario de la Parroquia de Santo Domingo (hoy, Iglesia Catedral) hacía sonar sus repiques. Poco después, ante una multitud y con la representación de las autoridades municipales, las sociedades y las instituciones locales, se ofició el Te Deum.
LA TARDE EN EL CAMPO DE ATLÉTICO: C.G.B.A. 1 – ATLÉTICO 0
Por la tarde, el festival deportivo tuvo como escenario el campo de deportes del Club Atlético “9 de Julio”, donde se disputó el encuentro amistoso entre los cuadros titulares de C.G.B.A., de la Capital Federal, y de Atlético “9 de Julio”, ante la presencia de un numeroso público. Según el comentario futbolístico, el partido pudo haber resultado más interesante de no mediar la ausencia de tres titulares locales, Arzuaga, Sanz y Nocetti, cuya falta restó al equipo de Atlético la cohesión y el entusiasmo que solía caracterizarlo.
Los visitantes, tras adjudicarse el único tanto del encuentro, realizaron una exhibición de “dribling y floreo” que el público elogió por su precisión y dominio. La crónica señalaba que la ausencia de sus mejores hombres daba al equipo local la sensación de que el triunfo sería favorable a los visitantes, quienes por ello no necesitaron emplearse a fondo, conscientes de su ascendiente sobre el rival.
El Club Atlético “9 de Julio” había ofrecido un buen partido, destacándose en la defensa Molteni, Reuberling y Prieto, y en el ataque el prestigioso Carlos Izaguirre, quien pese a estar muy marcado logró preparar jugadas que sus compañeros no supieron aprovechar. Del conjunto visitante se apuntó como única falla el “wing izquierdo”, siendo el resto de sus hombres inmejorables en sus puestos.
Como partido preliminar, el encuentro entre Ferroviarios de Tropezón y la intermedia de Atlético dio un triunfo cómodo a los visitantes por 4 goles a 1.
LA FIESTA SE PROLONGA EN LAS LOCALIDADES
La actividad futbolística de la fecha patria no se circunscribió al radio urbano de 9 de Julio. En la localidad de Patricios, el Club Unión de Foot-ball venció por 5 goles a 1 al local Sportivo, extendiendo así el clima festivo a otras localidades del partido.
En Morea, a lo largo de varios días, previos y posteriores al 9 de julio, se celebraron también romerías.
LOS PARTIDOS DEL DOMINGO
Las llamadas “fiestas julias” tuvieron su capítulo final el domingo 11 de julio de 1926. El certamen, a disputarse a las 14.30 horas en las cancha de. Club “Libertad”, ponía en juego un trofeo donado por la conocida y acreditada Casa “Galli” y enfrentaba por primera vez a los equipos de primera división de River Plate de General Viamonte y del Foot-ball Club Libertad de 9 de Julio.
El equipo de Viamonte se presentó integrado por Romera, Segresti, Jerez, Del Bó (en carácter de capitán), Roberti, González, Arias, Vallelanía, De la Plaza, Herland y Lubelli, con Martínez, Salúnez y Jonegione como suplentes. El conjunto de 9 de Julio, por su parte, alineó a Callegaro, Alcorta, Failache (como capitán), Callegaro, Maero, Farías, Hardoy, Plana, Sirio, Podestá y Guerrieri, con Bonardi, Santillán e Iscaro como suplentes.
Como partido preliminar, la intermedia de Libertad y la primera de Misterio disputaron el Trofeo Joyería “Rey”. El encuentro principal resultó deslucido, pues Libertad perdió por 3 goles a 1 en el que fue, según el cronista periodístico que describió el partido, el peor de los disputados hasta la fecha.
Libertad habría carecido de cohesión, entendimiento y decisión tanto en el rechazo como en los remates finales. El equipo vencedor, sin ser un conjunto de superioridad manifiesta, mereció el triunfo por el acierto demostrado en sus remates finales.
En el partido preliminar, la intermedia de Libertad venció por 2 a 1 Al Club Misterio, encuentro en el que este último equipo demostró falta de disciplina y de acatamiento a los fallos del juez. Ese mismo domingo, Unión de Foot-ball empató 1 a 1 con el equipo del Colegio Cavallari en otro partido disputado en el campo de Atlético.

LA NOCHE DE GALA: BAILE, MATINÉE Y CINE
El componente festivo de la sociedad local no se limitó al deporte. En la víspera del día patrio, el Centro Recreativo “Orfeón 9 de Julio”, fiel a su costumbre, ofreció a sus asociados y a las familias de estos un baile en el Teatro Rossini.
La presencia de la orquesta Belli-Castronuovo y el lunch ofrecido en la ocasión merecieron los elogios de los concurrentes. Ya en la propia jornada del 9 de julio, y tras el festival deportivo de la tarde, se llevó a cabo en el Salón de Recepciones de la Municipalidad la matiné danzante en honor a los delegados y jugadores del Club C.G.B.A., prevista según la invitación para las 18 horas, la que prosiguió durante la noche con inusitado entusiasmo y concurrencia.
A ello se sumó la adhesión del Teatro Rossini, que esa misma noche ofreció una función cinematográfica de gala. Durante la misma, la concurrencia, entre la que se contaban las autoridades municipales, representantes de las instituciones locales y referentes del periodismo, se escuchó la ejecución del Himno Nacional.
PALABRAS FINALES
La reconstrucción de aquella semana de julio de 1926 permite advertir cómo, en una ciudad de la magnitud de 9 de Julio, la conmemoración de la Independencia se celebraba a través de acciones diversas y complementarias. Quizá algunas de ellas se mantienen aún en nuestros días, como parte del ceremonial mientras que otras han desaparecido.
La duda planteada públicamente sobre la existencia misma de los festejos, seguida de la profusión de actividades efectivamente realizadas, revela también el papel del periódico local no solo como cronista, sino como agente activo en la vida comunitaria. Al dar visibilidad pública a una carencia, ejercía una suerte de vigilancia cívica sobre las autoridades y las instituciones locales, sin que ello permita afirmar que su reclamo fuera la causa directa de lo que finalmente se organizó.
Ciento diez años después de aquella jornada de julio de 1816 en Tucumán, el pueblo que llevaba su nombre encontraba, entre campanas, goles y orquestas, su propia manera de hacer presente a la Patria.


