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domingo, junio 21, 2026

Mabel Basile. Cuatro décadas al servicio del Concejo Deliberante, en el corazón de la democracia local

* Hija de inmigrantes italianos, se formó como maestra y asistente social en los establecimientos públicos de la ciudad.
* Ingresó al Concejo Deliberante mediante concurso de oposición, en los primeros años de la restauración democrática.
* Desempeñó durante casi cuatro décadas las funciones de secretaria técnica, gestionando el ciclo parlamentario completo: expedientes, comisiones, sesiones, digesto y atención al público.
* Fue testigo de muchos asuntos y proyectos vinculados con la vida de la comunidad de 9 de Julio.
* Fue protagonista de la transformación tecnológica institucional, desde las máquinas de escribir sin cinta correctora hasta los sistemas digitales de transcripción automatizada.
* Se retira con el reconocimiento de haber trabajado con imparcialidad bajo todos los gobiernos democráticos municipales, y con una familia de cuatro hijos formada junto a su esposo Miguel Ángel Fernández.

Hay trayectorias que se confunden con las instituciones que las albergan, de tal modo que resulta difícil pensar una sin evocar de inmediato a la otra. La de Mabel Basile es, sin lugar a dudas, una de esos itinerarios profesionales. Durante casi cuatro décadas, su figura estuvo ligada de manera indisoluble al Concejo Deliberante de 9 de Julio, organismo al que ingresó en los albores de la restauración democrática y del que se retiró este año, con la serenidad propia de quien ha cumplido cabalmente una misión.
Su historia personal, sin embargo, no comienza en aquellas escaleras del recinto deliberativo: tiene raíces más profundas, italianas por parte de ambos padres, escolares en los establecimientos de la ciudad, y vocacionalmente diversas antes de que el destino, y un examen, la depositara en el lugar donde habría de construir su vida profesional.
Mabel Basile nació el 13 de febrero de 1963 en 9 de Julio. Sus padres, José Basile y Lucía Belfi, eran de nacionalidad italiana: habían emigrado ya casados, con un hijo de tres años, desde las localidades de Castronuovo de Sant’Andrea, de donde provenía el padre, en la provincia de Potenza, y de Senise, tierra natal de su madre, ambas ubicadas en la región de Basilicata.
Sus estudios primarios los cursó hasta cuarto grado en la Escuela N.º 3 y, al abrirse el Curso de Aplicación donde hoy funciona la Escuela Normal Superior, se trasladó a ese establecimiento a partir de quinto grado. Allí realizó también la educación secundaria y, en el mismo ámbito, obtuvo el título de maestra. Posteriormente amplió su formación en el Instituto Superior de Formación Docente N.º 4, donde se recibió de asistente social.
La etapa de ejercicio de la docencia fue breve pero significativa. Mabel realizó suplencias en distintos puntos del Partido: en las localidades de Carlos María Naón, Dudignac, French y El Provincial, y también en varios establecimientos urbanos, tales como las escuelas N.º 1, 3, 4 y 52. El último desempeño docente registrado tuvo lugar en la Escuela de El Provincial, durante el año 1988, momento en que se encontraba embarazada de su primer hijo. Ante la necesidad de optar por un único empleo, eligió quedarse con su cargo en el Concejo Deliberante, institución en la que ya se desempeñaba desde 1986.

EL INGRESO AL CONCEJO DELIBERANTE
El 12 de mayo de 1986 marcó el inicio formal de una vinculación laboral que, como dijimos precedentemente, se extendería por casi cuatro décadas. La incorporación de Mabel Basile al Concejo Deliberante de 9 de Julio no obedeció a ninguna designación política, fue el resultado directo de una selección mediante examen. Una vacante se había producido porque la empleada que desempeñaba las tareas administrativas partía hacia otra ciudad. Se convocó entonces a concurso, y varios postulantes se presentaron.
Mabel rindió la prueba un jueves o un viernes, los días exactos han quedado algo difusos en su memoria, y el lunes siguiente, durante una reunión nocturna de comisiones, los concejales corrigieron los exámenes. Esa misma noche hubo que llamar por teléfono para conocer el resultado. Al día siguiente, ella comenzó a trabajar.
La secretaria en funciones al momento de su ingreso era Silvia Giacomino. El contexto institucional era el de un organismo que recién retomaba sus actividades plenas tras los años del gobierno de facto. La experiencia democrática era todavía joven, y los procedimientos parlamentarios debían construirse o reconstruirse en tiempo real.
Mabel lo recuerda con precisión. Ella misma había estudiado durante el período de la dictadura, sin haber tenido jamás la oportunidad de visitar la Municipalidad ni el Concejo como parte de ninguna actividad cívica escolar. La institución, para ella, era un territorio desconocido cuando subió por primera vez aquellas escaleras.
El Concejo de esos primeros años presentaba características particulares. Las reuniones de comisiones se realizaban casi en su totalidad durante la noche. Las sesiones eran transmitidas en directo por radio y podían extenderse por varias horas.
Entre los concurrentes asiduos de aquella época, Mabel evoca la figura de don Antonio Aita, director de Diario EL 9 DE JULIO, quien asistía a todas las sesiones y permanecía en el recinto hasta el final. También señala que, al momento de su ingreso, el cuerpo deliberativo estaba integrado exclusivamente por hombres. La única concejal mujer que había ejercido recientemente era Lili Martínez, cuyo mandato había concluido antes de que Mabel comenzara a trabajar.

LAS TAREAS DE LA SECRETARÍA TÉCNICAD
A lo largo de casi cuatro décadas, las funciones de Mabel Basile abarcaron la totalidad del ciclo parlamentario y administrativo del Concejo Deliberante. Su rol implicaba la recepción y registro de toda la documentación institucional. Desde las presentaciones de los vecinos hasta las comunicaciones y proyectos remitidos por el Departamento Ejecutivo Municipal, pasando por los expedientes generados a partir de las iniciativas propias de los concejales.
Una vez recibida la documentación, la Secretaría procedía a la formación de los expedientes y a su ingreso formal al organismo. Este procedimiento técnicamente conocido como la adquisición de «estado parlamentario», significa la instancia a partir de la cual los proyectos son derivados a las comisiones pertinentes para su análisis y dictamen.
El dictamen aprobado por la comisión habilitaba la inclusión del asunto en el orden del día de la sesión plenaria, en la que los concejales lo debatían y votaban. Junto a este circuito ordinario existía entonces y aún existe también el tratamiento «sobre tablas»: mecanismo de urgencia reservado para aquellos asuntos que, por razones de plazo o de naturaleza, requerían resolución inmediata sin pasar por el trámite de comisión. Entre los ejemplos citados por Mabel figuran convenios con organismos como la Dirección Provincial de Hidráulica o el Ministerio de Infraestructura.
Las funciones no se agotaban en la gestión documental. La atención al público constituía una dimensión central del trabajo cotidiano: numerosos vecinos acudían al Concejo con sus inquietudes y problemas, y la Secretaría operaba con frecuencia como primer espacio de escucha institucional.
«A veces la gente lo que necesita es ser escuchada», señala Mabel al rememorar esa faceta de su labor. La Secretaría tenía también a su cargo la elaboración del digesto municipal, el compendio de ordenanzas que la ciudadanía puede consultar y la edición del boletín oficial del Concejo.

DE LA MÁQUINA DE ESCRIBIR A LOS MEDIOS INFORMATICOS
Pocos aspectos de la vida institucional ilustran tan elocuentemente el paso del tiempo como la evolución de los instrumentos de trabajo. Mabel Basile fue testigo y protagonista de una transformación que abarcó varias generaciones tecnológicas, desde los primeros días en que los documentos se producían en máquinas de escribir sin posibilidad de corrección, hasta los sistemas informáticos actuales.
Cuando ingresó en 1986, las máquinas de escribir disponibles no contaban siquiera con cinta borradora. Cualquier error obligaba a rehacer la hoja completa.
En ese contexto, instrumentos tan voluminosos como las ordenanzas fiscales e impositivas, documentos que determinan los tributos municipales, los montos, los contribuyentes y la totalidad de las obligaciones fiscales del partido, debían ser pasados a máquina en su integridad. La llegada posterior de la máquina Olivetti con cinta borradora representó un alivio relativo, pero fue la incorporación de computadoras hacia 1991 la que transformó radicalmente el modo de trabajar.
El primer proyecto de ordenanza elaborado con computadora fue, según recuerda Mabel, el correspondiente a la red de gas natural de la ciudad. La anécdota es significativa: en aquellos primeros tiempos había una sola computadora en la oficina, y la magnitud de la tarea obligó a utilizar también el equipamiento del estudio del concejal Guillermo Labandeyra para avanzar en la redacción.
Con el tiempo, los sistemas se diversificaron y complejizaron. Los expedientes administrativos comenzaron a tramitarse en plataformas digitales, aunque la impresión en papel seguía siendo necesaria para la consulta de los concejales en muchos casos.
Uno de los últimos desafíos tecnológicos fue la modernización del sistema de transcripción de actas. Durante décadas, el procedimiento consistía en escuchar el registro sonoro de la sesión (originalmente en casete, con sus inevitables marchas y retrocesos) y transcribir de forma textual cada intervención.
Más recientemente, la incorporación de un sistema de transcripción automatizada supuso una facilitación importante, aunque la revisión humana continúa siendo indispensable dado que el software no reconoce con precisión todos los términos ni los nombres propios. Al inicio de su carrera, antes de la computadora, las actas se volcaban a mano en libros físicos, registrando el orden del día, los asuntos entrados, los dictámenes, las ordenanzas, las resoluciones y los pedidos de informe. Esos volúmenes, una vez completados, pasaron a integrar el acervo del Concejo.

SU FAMILIA
Paralelamente a su trayectoria institucional, Mabel Basile construyó una vida familiar sólida y entrañable. Desde hace cuarenta y tres años está casada con Miguel Ángel Fernández. El matrimonio tuvo cuatro hijos: Ezequiel, el mayor; Florencia; Emiliano; y Marianela, la menor. Las dos hijas residen actualmente en 9 de Julio; Ezequiel vive en la ciudad de Buenos Aires, y Emiliano se encuentra en Cagliari, la capital de Cerdeña, en Italia.
Esta última circunstancia no dejó de evocar, durante la entrevista mantenida con EL 9 DE JULIO, un paralelismo simbólico con la historia familiar de origen: los abuelos paternos de Mabel habían cruzado el Atlántico desde la misma Italia que ahora acoge a uno de sus hijos.
La familia fue un sostén activo durante los largos años de trabajo. Las sesiones nocturnas, las reuniones de comisiones que se extendían hasta altas horas y la dedicación que exige una función de esa naturaleza implicaron sacrificios cotidianos que los hijos comprendieron desde pequeños.
Mabel recuerda, con afecto visible, que cuando eran muy chicos la acompañaban a las sesiones y permanecían en el recinto durante toda la duración de las mismas. Ninguno de ellos incursionó en la vida política, pero todos, según su madre, pudieron percibir el amor que ella ponía en su trabajo.

BALANCE DE UNA CARRERA
Al reflexionar sobre casi cuatro décadas de trabajo ininterrumpido, Mabel Basile no duda en calificar su experiencia como profundamente positiva. El rasgo más notable de su testimonio es la ausencia de cualquier atisbo de rutina resignada: su relato está atravesado por una pasión genuina que se percibe incluso en la descripción de los aspectos más técnicos y repetitivos de la función.
Un elemento que ella misma destaca con orgullo es la imparcialidad que mantuvo a lo largo de toda su trayectoria. En casi cuatro décadas, atravesó prácticamente todos los gobiernos democráticos municipales, trabajando bajo la conducción de funcionarios de distintos partidos políticos.
«Puedo decir que trabajé con todos muy bien, tanto con la parte del Concejo como el Departamento Ejecutivo», afirma. Esta ecuanimidad, sostenida durante décadas y en contextos políticos diversos, constituye quizás el rasgo más distintivo de su perfil profesional.
También destacó la relación con los medios de comunicación, a quienes reconoció como interlocutores permanentes y comprometidos con el seguimiento de la actividad deliberativa.

PALABRAS FINALES
La trayectoria de Mabel Basile no es únicamente la historia de una funcionaria que cumplió con eficiencia su cometido durante casi cuatro décadas. Es, antes que nada, la historia de una mujer que eligió acompañar el renacimiento democrático de su comunidad desde el interior de una institución que, en 1986, apenas comenzaba a reconstituirse.
Es la historia de alguien que aprendió a leer el reglamento cuando todavía no había quién lo enseñara, que transcribió a mano las primeras actas en libros físicos y que luego supo incorporar cada nueva tecnología sin perder de vista el sentido esencial del servicio público.
Mabel ha sido, en efecto, la memoria viva del Concejo Deliberante: la persona que sabía dónde estaba cada expediente, cómo se tramitaba cada asunto, cuándo una ordenanza había tomado estado parlamentario. Ese saber, construido con paciencia y entrega a lo largo de casi cuatro décadas, no tiene reemplazo fácil. No obstante, sí deja una lección perdurable: que las instituciones se sostienen, en última instancia, en la dedicación silenciosa y constante de quienes eligen desempeñarlas con amor.

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