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Nueve de Julio
domingo, febrero 22, 2026

El enigma de Domingo Iraizos. Un temprano emprendedor y el misterio de un crimen impune en los orígenes de 9 de Julio

Por Héctor José Iaconis.

– Parte II –

* Se estableció en 9 de Julio, apenas establecido el campamento militar, instalando uno de los primeros hornos de ladrillos de la localidad, actividad fundamental para el desarrollo urbano de la incipiente comunidad.
* Diversificó sus emprendimientos abriendo una fonda con siete habitaciones, cocina y sala de billar que pronto se convirtió en «el punto de reunión de los pocos vecinos con que contaba la formación del pueblo», incluyendo oficiales de la guarnición militar.
* Apodado el “Cacique”, se fue granjeando enemistades en la pequeña comunidad por supuestas prácticas comerciales desleales y conductas morales reprochables, generando profundos resentimientos entre sus vecinos y competidores.
* Su misteriosa desaparición, en junio de 1870, repercutió en la pequeña comunidad.

Según la memoria de Emilio Carballeda, Domingo Iraizos «pobló y estableció un negocio de fonda, don Domingo Iraizos, siendo en aquel entonces, el punto de reunión de los pocos vecinos con que contaba la formación del pueblo, amén de algunos oficiales de la guarnición que concurrían, fuera de las horas de servicio».
Esta descripción revela la importancia social que adquirió el establecimiento de Iraizos. La fonda no era simplemente un lugar de alojamiento y comida, sino que funcionaba como espacio de socialización y encuentro para una población aún escasa y dispersa. El edificio, compuesto por siete habitaciones y cocina, contaba además con una espaciosa sala de billar, elemento que subraya su carácter de centro de esparcimiento. La concurrencia de oficiales de la guarnición militar sugiere que Iraizos había logrado establecer vínculos con el sector más prestigioso de la comunidad local, lo cual probablemente le confería cierto estatus social.

PERFIL SOCIAL Y REPUTACIÓN
El Censo Nacional de Población de 1869 ofrece una valiosa instantánea de la familia Iraizos. En ese registro, Domingo aparece censado en 9 de Julio, de 38 años de edad (cifra que no coincide exactamente con su fecha de nacimiento de 1830, lo cual puede atribuirse a imprecisiones habituales en los censos de la época), consignándose su profesión como «fondista». También figuran censados su esposa Josefa y sus dos hijos, María y José. Este documento confirma que para 1869 los Iraizos se hallaban plenamente integrados en la comunidad local.
Sin embargo, no todas las fuentes presentan una imagen favorable de Domingo Iraizos, a quien sus contemporáneos apodaban “el Cacique”. El relato de Buenaventura N. Vita, recogido décadas después de los hechos, ofrece una caracterización más compleja y controvertida del personaje.
“Don Domingo Iraizos –segura Vita-, era un hombre joven […], de profesión fabricante de ladrillos, teniendo en una de las quintas de la traza del pueblo un horno y era conocido en el vecindario con el mote de ‘Cacique’ por ser muy afecto a violar el sexto y noveno mandamientos de la Ley de Dios”.
“Tenía –Vita- el defecto de hacer una competencia desleal a sus colegas. Cuando los otros horneros, después de mucho trabajo, lograban conseguir el combustible necesario para encender una hornalla de ladrillos, por la noche, Iraizos se les anticipada y generaba una fogata dantesca, quedando todo reducido a cenizas”.
Esta última acusación resulta particularmente reveladora. Según el mismo testimonio, Iraizos solía apropiarse del combustible que otros ladrilleros habían reunido con esfuerzo para cocer sus hornadas, utilizándolo para su propio horno. Esta práctica, de ser cierta, habría generado profundos resentimientos entre sus competidores y podría haber sido uno de los factores desencadenantes de su trágico final.
Es necesario, sin embargo, aproximarse con cautela a estas caracterizaciones. El testimonio de Vita fue recogido más de tres décadas después de los hechos y puede haber sido influenciado por la tradición oral y la necesidad de justificar retrospectivamente un crimen atroz. No obstante, la persistencia de estos relatos en la memoria colectiva sugiere que Iraizos era, al menos, una figura controvertida en la pequeña comunidad de 9 de Julio.

LA VIDA FAMILIAR EN 9 DE JULIO
Mientras Domingo Iraizos desarrollaba sus actividades económicas, su familia experimentaba tanto alegrías como tragedias. Su hija María, «Mariquita», crecía en el ambiente fronterizo de 9 de Julio, y su hijo José, nacido en Carmen de Areco, compartía la vida en el pueblo. Sin embargo, la familia no escapó a las enfermedades que asolaban a las comunidades rurales del siglo XIX. En 1872, una epidemia de viruela golpeó duramente a los Iraizos. El Juez de Paz de 9 de Julio, Enrique Bouquet, informó el 27 de agosto de ese año que Josefa Galduroz y su familia se encontraban «gravemente enfermos de viruela». La enfermedad cobró la vida del pequeño José, el 6 de julio de 1872.
Esta tragedia familiar ocurrió, significativamente, dos años después de la desaparición de Domingo Iraizos, lo cual implicó que Josefa debió enfrentar sola tanto la enfermedad de sus hijos como la posterior muerte de José. La ausencia del padre de familia, si bien no debió privarlas del todo , a la viuda y a su hija, de un sostén económico, es de suponer que las dejó desprotegidas ante las adversidades sanitarias y sociales que se experimentaban entonces en el pueblo.

LA DESAPARICION
En la noche del 3 de junio de 1870, o en las primeras horas de la madrugada del 4 de junio, Domingo Iraizos salió de su casa y desapareció sin dejar rastro alguno. Las fuentes presentan algunas discrepancias menores respecto a la hora exacta: mientras un documento judicial afirma que «salió de su casa en la madrugada del día 4 de junio”
Según el testimonio del apoderado de la familia, Antonio Martín, Domingo Iraizos tenía «la costumbre que tenía de visitar todas las mañanas la chacra que poseía en las inmediaciones del pueblo de Nueve de Julio». Esta rutina habitual explicaría por qué su ausencia inicial no alarmó de inmediato a su esposa e hija. Sin embargo, conforme transcurrieron las horas y luego los días sin noticias suyas, la preocupación se transformó en angustia y finalmente en la certeza de que algo terrible había ocurrido.

LAS BÚSQUEDAS INFRUCTUOSAS
Las diligencias para localizar a Domingo Iraizos comenzaron de manera informal por parte de familiares y amigos cercanos. Según el relato de Vita, durante los dos primeros días la búsqueda se realizó «sin conocimiento de la autoridad». Solamente cuando resultó evidente que Iraizos no aparecería por sus propios medios, se dio intervención a las autoridades del pueblo.
El Juez de Paz del Partido de 9 de Julio, Enrique Bouquet, emprendió una serie de averiguaciones que, aunque meticulosas, resultaron completamente estériles. En un documento conservado, Bouquet detalló las diligencias practicadas: se buscó a Iraizos en la estancia «Loncagué»; también, se inspeccionaron pozos y casas «en las que se veía que se encontraba vida»; después, se rastrearon los lugares donde se estaba efectuando el exterminio de vizcachas, con la posibilidad de que hubiera caído en alguna madriguera o trampa; inclusive, ante el rumor de que podría haber huido a Montevideo, se requirió información en la capital uruguaya. Todas estas gestiones arrojaron resultados negativos.
El 27 de abril de 1872, casi dos años después de la desaparición, el Juez Bouquet informaba al Juez de Primera Instancia en lo Civil, Emilio Agrelo, que «hacen dos años desapareció de este pueblo el vecino Domingo Iraizos, sin que hasta la fecha se haya podido tener noticias de el…». Esta comunicación formal marcó el inicio de los trámites judiciales para declarar la muerte presunta de Iraizos y resolver la situación sucesoria de sus bienes.

Continuará la próxima semana…

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES PRINCIPALES
– Archivo General de la Nación, Expte. “Iraizos, Domingo. Su testamentaría”, AR-AGN.DE/JCIV, Suc-6411.
– Emilio Carballeda, «Crónica retrospectiva de la fundación de Nueve de Julio», en «El Porvenir», 9 de Julio, 2 de agosto de 1903.
– Buenaventura N. Vita, Crónica Vecinal de Nueve de Julio. 1863-1870, La Plata, Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 1938.
– “El Orden”, edición especial conmemorativa del 75° aniversario de la fundación de 9 de Julio, 9 de Julio, 29 de octubre de 1938.

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