21 septiembre 2020

Lugares con historia

panoramica INGRESO
“Los cementerios son entidades dinámicas
cuyos monumentos funerarios tienen
alto contenido simbólico, sujeto a una resignificación permanente…”
(Sempé, María; Rizzo, Antonia y Dubarbier, V.).

Si bien no existen abundantes testimonios documentales acerca de su existencia, se sabe que el primer cementerio ubicado en 9 de Julio, ni bien fundada la Comandancia Militar, estuvo situado a poco más de trescientos metros del denominado «barrio fundacional». En efecto, el coronel Julio de Vedia, escogió un terreno en cercanías de la esquina que forman la calle Arturo Frondizi y la avenida Bartolomé Mitre. Allí, donde actualmente se encuentra el edificio de Correo Argentino, fueron sepultados los primeros pobladores de 9 de Julio, militares en su mayor parte.
EL SEGUNDO CEMENTERIO
En 1864, cuando fue efectuado el delineamiento del pueblo y con la expansión sucesiva, el emplazamiento del primer cementerio resultaba demasiado cercano al centro geográfico. En consecuencia, hacia 1866, el entonces jefe de la Comandancia de la Frontera Oeste, coronel Nicolás Granada, cuya sede todavía tenía asiento en el pueblo, decidió darle una nueva ubicación. Escogió un terreno ubicado en la quinta 40, ubicado donde actualmente se encuentra la manzana delimitada por las calles Hipólito Yrigoyen, Sarmiento, Vedia y Avellanera.
De acuerdo con un artículo publicado en el periódico «La Nación Argentina», del 18 de enero de 1866, el coronel Granada solventó de su propio peculio la construcción del cerco para el segundo cementerio.
El 18 de junio de 1867, el presbítero Luis Leonetti, cura párroco de la Parroquia de Santa Rosa de Bragado asistido por su teniente, Antonio Orzoli, bendijo el nuevo cementerio del pueblo. En el centro del mismo fue colocada una cruz de madera, de considerable tamaño, la cual se constituyó como el primer símbolo religioso de uso público ubicado en 9 de Julio. Delante del mismo, antes de la erección de la parroquia, el maestro de la primera escuela pública, habría de llevar a los alumnos para enseñarles la catequesis, especialmente en los días de Semana Santa.
EL CEMENTERIO ACTUAL
Con el tiempo, y ante la factibilidad del tendido de las líneas férreas hasta 9 de Julio, el asiento el segundo cementerio contrariaba las normas urbanísticas deseables para un pueblo que tenía aspiraciones de progreso.
Por ello, a mediados de 1873, la Corporación Municipal el traslado del cementerio al lugar donde actualmente existe. Las obras de albañilería estuvieron a cargo del constructor Juan Rumi, quien percibió por sus servicios la suma de 9.291 pesos, las cuales le fueron abonadas en tres cuotas (terminándosele de pagar el 1de diciembre de de 1873).
En el nuevo cementerio se construyó una pieza destinada a depósito y un cerco. Las obras iniciales de nuevo cementerio quedaron concluidas en septiembre de 1873.
La Corporación Municipal, a través de su presidente, Juan Esteban Trejo, se apresuró a solicitar al vicario capitular del Arzobispado de Buenos Aires, monseñor León Federico Aneiros la autorización para mandad bendecir el nuevo cementerio. El prelado, el 13 de septiembre de 1873, respondió autorizando al entonces cura párroco, Domingo Podestá, para efectuar su consagración . Cabe destacar que, en la nota remitida por monse- ñor Aneiros, se ponía especial énfasis en que, la autoridad municipal, antes de efectuada la revisión, debía comprometerse por escrito a que, «se guarde el respeto religioso al cementerio, haciendo enterrar aparte lo que, por las leyes de la Iglesia, no tienen sepultura eclesiástica o bendita”.
En el centro del nuevo cementerio, donde actualmente se encuentra el osario, fue colocada una cruz de madera de tamaño similar a la que existiera en el segundo cementerio.
«LOS PAGOS DE RAMIREZ»
El 1873 fue designado encargado del nuevo cementerio Santiago Ramírez, con un sueldo de 350 pesos mensuales. Los integrantes de la familia de don Santiago se sucedieron desde 1873, como encargados del cementerio local, a lo largo de tres generaciones (padre, hijo y nieto) hasta comienzos de la década de 1910.
Tan conocida fue esta familia de «enterradores» nuevejulienses que, en esa época, había quienes le llamaban al cementerio: «Los Pagos de Ramírez»
LOS QUE SE
DEMORABAN
Cabe destacar que el traslado de los cadáveres al nuevo cementerio no se realizó de manera inmediata. Por el contrario, hasta 1879 coexistieron ambos.
Para 1882 el terreno del antiguo cementerio aún contaba con cadáveres que no habían sido exhumados. Al respecto, el historiador Buenaventura Vita, refiere: «Para terminar con el espectáculo macabro, que se veía muy a menudo en las vecindades del antiguo cementerio, donde las vizcachas solían desenterrar restos humanos, que se podían encontrar dispersos en las calles y parajes adyacentes, en la sesión del 27 de Octubre de 1882, la Corporación Municipal resolvió emplazar a los que tuvíeran deudos enterrados en él, a retirarlos en el plazo de y trasladarlos al actual cementerio».
Las parcelas de la manzana donde se ubicó el segundo cementerio, en la avenida Vedia, fue fraccionado en lotes recién de 1886 y los mismos vendidos a particulares.

LA PRIMERA BOVEDA Y LA MENSURA
La primera bóveda edificada en el nuevo cementerio fue la destinada a albergar los restos del teniente coronel Estanislao Heredia y de sus soldados, muertos en combate con los indios en 1872. Esos despojos fueron los primeros en ser trasladados desde el segundo cementerio.
La división en secciones y el amojonamiento de las sepulturas existentes fueron ordenados por la autoridad municipal, en noviembre de 1880. Empero, la disposición no fue cumplida.
Debió transcurrir más de un lustro hasta que, en 1887, el Departamento Ejecutivo municipal, decidió la diagramación que, en el sector más antiguo, aún puede observarse. El agrimensor Alfredo Thamn, confeccionó un plano en el cual dividía el cementerio en cuatro secciones, a partir de dos amplias calles principales, formando un crucero.
Al mismo tiempo, fueron subdivididas “cada una de esas grandes secciones en otras cuatro secciones más pequeñas, divididas entre sí por otras dos calles más angostas en cruz”.
De esta manera, fueron amojonadas 187 fosas comunes, formando el total de las 16 secciones unas 2292 fosas.
LA PRIMERA AMPLIACION
La primera ampliación del cementerio actual fue dispuesta, en 1910, por el Intendente Nicolás H. Robbio. Por encargo fue proyectado el emplazamiento de la entrada principal (donde se encuentra actualmente).
El 28 de enero de 1911, en un remate público realizado en los corredores del antiguo edificio de la Municipalidad, fueron vendidos los lotes donde habrían de contruirse los mausoleos sobresale ni bien se traspone el peristilo.

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