22 septiembre 2021

Los periodistas nuevejulienses Ideales vivos y latentes

periodistas14-2* Promediando la década de 1880, comenzó a desarrollarse en la comunidad la profesión periodística.
* Los primeros periódicos surgieron como órganos de difusión de las diferentes corrientes políticas imperantes entonces y, con el correr de los años, también surgieron los periódicos de información, que no pertenecían a aquellos partidos.
* Los primeros periodistas fueron personas con una marcada influencia en la sociedad; tanto así      que muchos de ellos se destacaron en otras profesiones liberales, la docencia o las artes.
* En los orígenes del periodismo nuevejuliense se encuentra reflejada la historia de una comunidad que sueña y recrea su vocación y su destino.

En los últimos días o, más bien, durante la última semana, los periodistas nuevejuliense fueron objeto de agasajos y especiales reconocimientos a su tarea por parte de diferentes sectores de la comunidad. Ciertamente, la labor periodística en 9 de Julio posee una rica historia que, en diferentes ocasiones han sido tema de notas publicadas en EL 9 DE JULIO.
En esta breve semblanza queremos recordar a los periodistas que  dieron origen al periodismo lugareño. No es nuestro objetivo trazar una lista con los nombres de cada uno de ellos; porque corremos el riesgo de confundir, involuntariamente, un hombre. Queremos, más bien, recordarlos en su tarea diaria, en los nobles ideales morales que abrazaron y en la conformación generosa de su tiempo, al servicio de la profesión.
El periodismo local, en el siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX,  nació de la mano de la campaña proselitista que realizaban determinadas corrientes políticas. La mayor parte de los periodistas que pertenecían a esos periódicos se encontraban identificados con esas ideologías y, en muchas ocasiones, no dudaban en plasmarlas en sus columnas.
La jornada cotidiana del periodista en el contexto de la vida pueblerina de entonces, que todavía era lenta y acompasada, le permitiría la posibilidad de ejercer otras profesiones y, en no pocos casos, desarrollar algunas cualidades personales o cultivar alguna manifestación artística. En 9 de Julio hubo periodistas que fueron, al mismo tiempo, procuradores, profesionales del Derecho, profesores o maestros o escribanos públicos, entre otros; algunos de ellos también fueron poetas o escritores de atractiva prosa.
Algunos periodistas, a nivel local, especialmente en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siguiente, fueron propietarios de las imprentas donde se editaban sus periódicos. Esta circunstancia le permitió incursionar en otro oficio cautivantes: fueron tipógrafos, aprendieron el arte de la composicion y hasta se animaron, años después, a sentarse delante de una Linotipo para componer las líneas de plomo.
Entre ellos periodistas, como es lógico suponer, no había profesional en ciencias de la comunicación; pues, esta importante área del saber aún no se concebía en nuestro país como un espacio de formación académica. Los periodistas debían formarse como autodidactas o, directamente, en las redacciones de los mismos periódicos.
Sobre este aspecto, Gabriel García Márquez, en su opúsculo titulado «Periodismo: el mejor oficio del mundo’’, publicado en su libro «Yo no vengo a decir un discurso’’, evoca al periodismo empírico cuando el oficio se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes. El genial escritor califica estos ámbitos como «cátedras ambulantes y apasionadas de veinticuatro horas diarias’’.

«NADIE DEBE ESCRIBIR COMO PERIODISTA LO QUE NO DIRÍA COMO CABALLERO»

Los periodistas que dieron origen a la progresión en la comunidad fueron, salvo excepciones, persona de virtud e integridad moral. Independientemente de la formación intelectual de cada uno de ellos, estuvieron comprometidos de una forma directa con la realidad de su tiempo y no dudaron en defender, a veces con expresiones combativas, el bien común de sus vecinos.
En 1905, Walter Williams, primer decano de la primera escuela de periodismo en los Estados Unidos, publicó El Credo del Periodista (The Journalist’s Creed), una declaración ética de siete párrafos que hoy cuelga en bronce de las paredes del Club de Prensa en Washington D.C. «Creo en la profesión del periodismo» escribió Williams en tono confesional; y, en una parte de su texto subrayó que «nadie debe escribir como periodista lo que no diría como caballero». El concepto se mantuvo muy arraigado en la concepción de los hombres de prensa nuevejulienses de entonces. El periodista no dudaba en responder con su propia persona la opinión escrita en una columna.
Si bien en 9 de Julio no se han registrado duelos que hubieran involucrados a periodistas, como ocurrió en otros lugares del país; hubo algunos de ellos de atropello a la libertad de expresión. Frente a esto, los hombres de prensa, nucleados en el desaparecido Círculo de Periodistas de 9 de Julio, reaccionaron de forma inmediata en defensa de su colegas.

UNA ETICA PERIODISTICA: AYER Y HOY

El genial periodista Bartolomé de Vedia, miembro de una familia con varias generaciones de periodistas y bisnieto del fundador de esta ciudad, afirmó que «la misión de los hombres de prensa, examinada a la luz de las contradicciones y complejidades de la realidad social y cultural, «debe estar orientada, cada vez con más fuerza al objetivo de servir a la verdad informativa sobre la base de una elaboración precisa y clara del contexto en el que cada hecho o cada noticia se recorta».
«Una información descontextualizada -añadía- puede convertirse, aún sin la intención expresa de quien la transmite, en una información falsa o inexacta. En un medio sobresaturado de informaciones que se multiplican por la propia dinámica de la infraestructura tecnológica que le sirve de soporte y que muchas veces colisionan entre sí, el periodista debe ser más que nunca el profesional lúcido capacitado para ordenar, evaluar y dimensionar las informaciones en función de su preciso valor».
En efecto, tal como lo sugiere Vedia, «el trabajo de los trabajadores de la prensa, a la luz de los imperativos éticos que emanan de su vocación profesional, debe servir a la comprensión de una realidad muchas veces esquiva y contradictoria. Y debe proporcionar a los receptores del mensaje periodístico los elementos que lo pongan a resguardo de la deformación, a lA exageración o la confusión, provocadas –a menudo- por la falta de un procedimiento informativo sereno y eficaz».
«Elaborar contextos, darle al público la brújula que le permita poner orden en el escenario informativo cotidiano»: ese fue también el desafío ético del periodista de ayer y lo sigue siendo hoy, en los agitados tiempos que corren.

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