23 octubre 2021

El mausoleo de Nicolás Robbio y el frustrado proyecto de la calle principal del nuevo cementerio

Por Héctor José Iaconis.

Ni bien se traspone el acceso principal al cementerio de 9 de Julio, por algunos denominado también “peristilo”, es ineludible observar el majestuoso mausoleo que, sus amigos, dedicaron a Nicolás L. Robbio, el legendario caudillo autonomista que tuvo incuestionable primacía en la política lugareña en el siglo XIX. La bóveda, de un talante arquitectónico muy rico, fue proyectada por el prestigioso arquitecto Aldo A. G. Flándoli y construida por la empresa “Rumi Hermanos” de esta ciudad, cuyo principal referente era Luis Rumi, secundado por su hermano Roque.

La generación de nuestros abuelos, aquellos vecinos bastante más cercanos en el tiempo a los personajes de la segunda década del siglo XX, solían afirmar que, con la construcción del mausoleo de Robbio, se había frustrado el proyecto de una calle principal de acceso al cementerio, por la cual se pudiera transitar con coches y automóviles. No era desacertada esa tesis. Existió la aspiración de construir una calle principal de acceso que lo recorriera desde la entrada hasta el extremo opuesto. Llamativamente, fue planificada por quien, años después, optó por permitir la construcción de la bóveda, interrumpiendo la calle a mitad de camino.

Desde luego, este no será el único proyecto, referido a la necrópolis local, que a lo largo del siglo XX quedará en asperges.

Luis Rumi, de la empresa constructora «Rumi Hermanos». Tuvo a su cargo la construcción del Mausoleo de Nicolás Robbio, proyectado por el arquitecto Aldo Flándoli.

EL PROYECTO Y EL HOMENAJE

El 20 de septiembre de 1910, el intendente municipal Nicolás H. Robbio (hijo de Nicolás L. Robbio), promulgó la ordenanza que , un par de días antes, había sancionado el Concejo Deliberante de 9 de Julio. Por medio de aquella se disponía el ensanche del cementerio, la construcción de nicho perimetrales, de un pórtico de entrada con oratorio y la venta de lotes para la construcción de bóvedas “sobre la calle de entrada”.

El 15 de diciembre del mismo, el intendente Robbio reglamentó la citada ordenanza, decretando se proceda “a la venta en público remate de todas las fracciones de terreno destinadas a bóvedas en el ensanche del cementerio local”. La tarea fue encomendada al martillero Andrés Domenech quien organizó una subasta para el domingo 28 de enero de 1911, en los corredores de la Municipalidad.

Fueron puestos a la venta treinta y seis lotes, de 4,89 por 6 metros. Los mismos se ofrecieron con un precio de venta de 50 pesos, por metro cuadrado, pudiéndose pagar en hasta tres, seis y nueve cuotas mensuales.

Proyecto de ampliación del cementerio de 1910. No estaba previsto que una bóveda obstaculice el trayecto de la calle principal.

Naturalmente, se trataba de una propuesta sugestiva, que enseguida sedujo a las familias adineradas de la comunidad. En definitiva, garantizaba la posibilidad de hacerse, con cierta ventaja, de un espacio de privilegio donde edificar un sepulcro digno.

La calle principal, según el plano original, debía quedar libre, para ser utilizada para la circulación y, al mismo tiempo, para no quitar el equilibrio en el espacio una vez que comenzaran a edificarse las bóvedas. Sin embargo, tras la muerte de Nicolás L. Robbio, ocurrida en 1914, se optó por edificar en el centro de la calle su última morada. En algunos sectores de la comunidad, esa decisión fue vista con desagrado, empero, como se trataba del homenaje a una figura tan eclipsante para su tiempo, cualquier censura fue velada.

Al verse interrumpida la calle originalmente planificada, detrás de la bóveda de Robbio, ya sin una proyección adecuada, sin el cuidado en la selección de estilos, con el correr de los años fueron edificados otros panteones familiares, casi a libre albedrío de sus propietarios, no quedando espacio para dar continuidad a la calle como tampoco a la parquización.

La mirada estética sobre el entorno no siempre es posible enlazarla con las decisiones políticas.

FUENTES
– Archivo de la Secretaría Legal y Técnica de la Municipalidad de 9 de Julio, Libro de Decretos de la Municipalidad de 9 de Julio, n° 1.
– Archivo de la Secretaría Legal y Técnica de la Municipalidad de 9 de Julio, Libro de Ordenanzas del H. Concejo Deliberante de 9 de Julio, n° 4.
– “El Luchador”, año, VIII, n° 890, 9 de Julio, 29 de diciembre de 1910.

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