14 abril 2021

9 de Julio, corsos y carnavales una centuria atrás

(Segunda  parte)

Por Héctor José Iaconis.

Para 1918 los corsos en la ciudad de 9 de Julio ya se realizaban en la avenida Vedia. Una Comisión del Carnaval, presidida por Miguel Torres, con la anuencia del Departamento Ejecutivo municipal, impuso una serie de tarifas como “derecho de entrada al corso”.

Para ingresar al mismo había dos entradas, con sus respectivas boleterías: una ubicada en la esquina de Alsina y Vedia y otra en la esquina de Vedia y Mitre. Tanto los automóviles que ingresaran al corso como los locales de venta y los jinetes debían abonar su correspondiente arancel.

La Comisión, de igual manera, había dispuesto una serie de premios, de entre cincuenta y cien pesos, para  la “mejor comparsa o estudiantina”,  el  “carruaje mejor adornado”, el “automóvil mejor adornado” y la “máscara más original”(1).

ENTRANDO EN  LA DECADA DEL ‘20

Para 1922 el radio del corso, sobre la avenida Vedia, se prolongaba desde Bartolomé Mitre hasta Avellaneda(2).

La Comisión Oficial de Festejos de Carnaval había organizado también, en la Plaza “General Belgrano”, el simpático “Corso Infantil”, para niños de hasta quince años de edad. Pero, debido a la propagación de la epidemia de escarlatina en la ciudad y para garantizar la salud de los niños, optaron por suspenderlo.

Las empresas y comercios locales colaboraban con la comisión organizadora con premios y obsequios para dar más fulgor al evento. Tan notable fue la concurrencia de público que debió extenderse el recorrido del corso(3).

Como corolario de las carnestolendas de 1922, la prensa celebró que, en su desarrollo, no debieron lamentarse “ninguna nota desagradable”. En su apreciación esto se debía, por un lado, a la “celosa vigilancia” policial y, por otro, a la prohibición de expendio de bebidas alcohólicas”(4).

En 1925, como cada año, los carnavales fueron esperados por la comunidad. En esa oportunidad, la Comisión encargada de organizar los diferentes festejos estuvo integrada por el doctor Rogelio Rivero (presidente), Pedro Alberdi (secretario), Valentín Mázquez (tesorero); los doctores Pedro San Martín, Vicente Del Giudice, Felipe Cantón y Pablo A. Subirá; Loreno Fernández, Ciriaco Mugarza, Tomás Cosentino, José Nuñez, Cataldo Divito, Antonio Bono, Miguel Torres, Pedro Carmody, Ramón N. Poratti y José M. Acuña, entre otros.

Febrero era, desde luego,  un mes esperado por  todos, porque significaba la llegada del carnaval, cuya gravitación en la sociedad de entonces era notable. La prensa, de una manera u otra no estimaba en alentar los ánimos festivos: “Momo llega –dice una crónica de la época-, Momo se acerca a poner una nota más de alegría en nuestros corazones. Sonarán trompetas, batirán tambores y la algazara será la reina de la fiesta. Rostros juveniles se ocultarán tras de grotesca careta; cuerpos sutiles de mujer será aprisionados por el tradicional disfraz… Entonces, en esos momentos de fugaz alegría, serán nada las penas y los llantos”(5).

Corsos de la década de 1920. Este automóvil desfila, con restos de serpentina. En los asientos traseros, las señoras de Puyade y Elissamburu junto a sus hijos y los del doctor Natalio Chanetón. Adelante, los señores Pettinari y Ortiz.

LOS CORSOS DE 1926

En 1926 la Comisión del Carnaval la presidió Ramón N. Poratti. Como era frecuente en esos años, la recaudación que se obtuvo en los diferentes eventos sería a beneficio de la Sociedad Protectora de los Pobres. El corso fue realizado por la avenida Vedia, desde Mitre hasta Río Negro (hoy Cardenal Pironio). Además, fueron realizados bailes, en las noches del 13, 14, 15, 16, 18, 20 y 21 de febrero, en el Teatro Rossini (organizados por el Centro “Orfeón”) y en el Club Español.

Ese año, los realizados en el Rossini fueron amenizados por una orquesta de la ciudad de Buenos Aires que, en esa época, actuaba en la casa “Harrods”. A este conjunto pertenecía Oreste Luppo, un músico de gran talento que había vivido en 9 de Julio(6).

Los corsos y bailes de 1926 cobraron gran brillo y no fueron pocos quienes obtuvieron premios por sus máscaras o por la ornamentación de sus carrozas. Hasta el Ferrocarril del Oeste (más tarde, Ferrocarril Sarmiento) adhirió, ofreciendo una rebaja del 50 por ciento en los pasajes de ida y vuelta a Once, para todos quienes desearan viajar durante el carnaval.

NOTAS

(1) “EL 9 DE JULIO”, año IX, n° 905, 9 de Julio, 16 de febrero de 1918, pág. 6.

(2) “El Orden”, año II, n° 67, 7 de febrero de 1922, pág. 3.

(3) “El Orden”, n° 70, 28 de febrero de 1922, pág. 1 y 2 y  n° 71, 7 de marzo de 1922, pág. 1.

(4) “El Orden”,  7 de marzo de 1922, cit., pág. 1.

(5) “El Orden”, año V, n° 222, 3 de febrero de 1925, pág. 1.

(6) “El Paladín”, año XV, n° 802, 31 de enero de 1926, pág. 1 y “El Pueblo”, año II, n° 174, 23 de enero de 1926, págs. 1 y 3.

 

FOTO: Corsos de la década de 1920. Este automóvil desfila, con restos de serpentina. En los asientos traseros, las señoras de Puyade y Elissamburu junto a sus hijos y los del doctor Natalio Chanetón. Adelante, los señores Pettinari y Ortiz.

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